martes, 8 de abril de 2014

Devocionario para Cuaresma y Semana Santa (cont).

12.-LAS SIETE PALABRAS.


La meditación de las Siete últimas frases que Nuestro Señor Jesucristo pronunció en la Cruz, ha sido, desde los primeros días del Cristianismo, un venero inagotable de recia espiritualidad.

Desde tiempo inmemorial el pueblo católico se reúne en los templos el Viernes Santo para escuchar la viva transmisión que en la Cátedra Sagrada hacen de ellas los Predicadores, desde las doce del día hasta las tres de la tarde, horas en que Jesús fue crucificado y murió. Sin embargo, cuando no se tiene esta oportunidad, pueden meditarse en este folleto en que presentamos las Siete Palabras en forma de consideraciones breves para ayudar a las almas piadosas a meditar este precioso testamento de Nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA PALABRA.

"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Luc. XXIII-34).

Contempla a Jesús agonizante, víctima del escarnio, la maldad y la crueldad inaudita de sus enemigos y de los aliados y cooperadores del infierno. Cabe en todos ellos grave responsabilidad, sobre todo en los promotores, que proceden contra las luces del Espíritu, Santo.

Le han atormentado con azotes y coronación de espinas, le han cargado con la cruz y le han clavado en ella con esquinados clavos. Pero el Dios de los Ejércitos, que puede deshacerlos con sólo su mirada, se convierte en mansísimo Cordero que se ofrece voluntariamente para borrar los Pecados del mundo ...

Jesús, Juez de vivos y muertos, perdona... perdona y excusa... ofrece sus tormentos por la conversión de sus verdugos y derrama su sangre para redimir al mundo entero y a sus generaciones deidicas ...

Señor, no pueden compararse las molestias que yo sufro de mi prójimo, con las traiciones y tormentos que Tú sufriste de los hombres, pues aunque las que me infieren fuesen gravísimas, jamás podrían compararse al deicidio.

Dame un corazón generoso encendido en caridad para brindar el perdón incondicional a los que me ofenden; pero sobre todo, y a la medida del perdón que yo brindo a mi prójimo, perdóname Tú a mí, que soy también causa de tus horribles tormentos.


SEGUNDA PALABRA.

"En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Luc. XXIII-43).


Considera la generosa correspondencia que el buen ladrón hace a la gracia: confiesa humildemente sus faltas y reconoce públicamente la eterna realeza de Cristo diciéndole conmovido: "Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino".

Saborea las regaladas palabras con que Jesús promete el premio eterno a este afortunado penitente; no sólo le concede un recuerdo sino que le asegura el Reino de los Cielos.

¡Cuán regiamente cumple Jesús la promesa que posteriormente escribiría el Espíritu Santo por ministerio de San Pablo: "Coherederos de Cristo si es que juntamente padecemos para ser juntamente glorificados".

Por lo contrario, qué triste fue la muerte del mal ladrón: no se convierte y muere desesperado rechazando la asistencia de Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote.

Jesús, mis pecados no me permiten acercarme a Tí ni merecer tu perdón, pero la largueza que usaste para con el ladrón me anima a suplicarte que te compadezcas de mi alma. No permitas desprecie yo la gracia de tu Pasión y de tu muerte.



TERCERA PALABRA.

"Mujer, ahí tienes a tu hijo... Ahi tienes a tu madre" (Jn. XIX-26-27.


Contempla a la Madre de Dios traspasada de dolor, pero revestida de gran fortaleza, de pie, junto a la cruz donde agoniza su divino Hijo.

Considera el generoso ofrecimiento que para redención nuestra hace del fruto de sus purísimas entrañas ante la divina justicia.

Oye cómo Jesús, olvidado de sí mismo, entrega a la humanidad una Madre la más amorosa de todas, y a Esa Madre le da, a cambio de su propia persona, las almas de todos los hombres para que los cuide como a hijos de sus lágrimas y de sus dolores.

Oh Jesús, el más hermoso entre los hijos de los hombres: después de la dádiva divina de tu Cuerpo y Sangre en el Santísimo Sacramento y del beneficio inestimable de la Redención y de la Gracia, no pudiste hacer a la humanidad un don tan preciado como este de tu Madre Inmaculada con cuya creación te recreabas desde la eternidad y cuya alma preparaste con gracias singulares por obra del Espíritu Santo ...

Oh María, Virgen Purísima que sin dejar de ser Virgen eres Madre de Dios, y ahora sin dejar de ser Madre de Dios eres también mi Madre, acógeme por misericordia como a hijo tuyo pobre y pequeñuelo, pero hijo de tus lágrimas y de tus dolores. En tu regazo encontraré el calor de la gracia, y en tus divinos ojos encontraré la vida.



CUARTA PALABRA.

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"· (Mth. XXVII-43).


Así penetraras las negras profundidades de los abismos o captaras la inmensa soledad de los espacios, no alcanzarías a comprender la angustia y la desolación del alma de Jesús al sentirse abandonado de su Padre.

Has de entender que el Padre aparta la vista de su Hijo encarnado, por cuanto El se presenta ante la divina justicia revestido con la fealdad de nuestros pecados; que el abandono del Padre y los dolores de la cruz causan a Nuestro Señor los tormentos mismos del infierno, que consisten en el dolor físico y el apartamiento de Dios, y que éste infierno lo padece Jesús para que tú no seas sepultado en la muerte eterna.

Jesús, mi Redentor y mi Dios, que siendo el resplandor de la Eterna Luz, has preferido ser sumergido en las tinieblas para librarme de la condenación. Si yo pudiera consolarte, lo haría aun a costa de mi propia vida... Mas tu único consuelo es la eficacia de tu Pasión en beneficio de mi ingrata alma ...

Quiero corresponder, Jesús amado. Dame la luz y la fortaleza necesarias para seguirte ...



QUINTA PALABRA.

"Tengo sed" (Jn. XIX-28).


Si consideras la sed de Jesús, la encontrarás muy comprensible cuando repases todos los tormentos, ayunos y vigilias que ha sufrido antes de ser crucificado, y más aún al considerarle traspasado por manos y pies, de cuyas heridas brota la sangre a raudales. De El había escrito David en espíritu profético: "Seca está como teja mi garganta: se adhiere mi lengua al paladar".

Pero si profundizas a través de la naturaleza física del Salvador y penetras más a fondo sus palabras, entenderás que existe una sed que no es de agua temporal y un ardor que no es el fuego de la fiebre.

Esta sed y este ardor es el celo de la gloria de Dios y de la salvación de las almas, que abrasa el corazón de Cristo; por el cual clama a los hombres como en otro tiempo a la samaritana: "Dame de beber".

Oh Señor, mi alma pecadora no puede ser un dulce refrigerio para tu corazón sediento de mi salvación: es amarga por ingrata. Pero Tú aceptaste el vinagre que te ofreció la soldadesca a fin de que se cumpliese la profecía. Recíbeme ahora en tu sed a fin, de que se cumpla en mí tu redención.



SEXTA PALABRA.

"Todo está consumado" (Jn. XIX-30).


Considera que, al fin de su existencia, Jesús repasa su vida como para compararla con los vaticinios que de El hicieron los Profetas, y encuentra que su libre voluntad, actuando en perfecto acuerdo con la voluntad de su Padre, ha dado cumplimiento cabal en todos sus pasajes a las Sagradas Escrituras.

El Señor da por concluida su obra creadora con la doble finalidad de servir y amar a Dios en este mundo y después verle y gozarle en el otro, Si se cumple lo primero, se seguirá como consecuencia lo segundo; pero si la actividad de este mundo no ha sido para servicio y gloria de Dios perseverando como Jesús hasta el último instante, no recibirá el alma su glorificación en la eternidad.

Ten presente que todo esto se logra mediante el amoroso cumplimiento de la divina voluntad en todas las circunstancias de la vida.

Jesús Mío, enséñame a cumplir tu voluntad en todos los pasos de mi vida y dame tu gracia para perseverar en mi cruz hasta morir. Que me preste cual dúctil instrumento de tu gloria y que tu Pasión y tu Muerte consumen, en mí, tu obra de santificación.



SEPTIMA PALABRA.

"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". (Luc. XXIII-46).

Contempla el momento supremo de nuestra redención cuando el sacrificio del Redentor culmina con su propia muerte. Con voz poderosa que resuena en todos los ámbitos del monte Calvario, sale de este mundo diciendo a su Padre: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".

No le han muerto los tormentos ni la crucifixión como si le obligasen a cortar el hilo de su existencia, sino que El ha entregado su espíritu al Padre cuando llegó la hora, fijada desde la eternidad por las Tres Divinas Personas, de reparar el pecado de Adán y de borrar los pecados de todas las generaciones con el sacrificio de mérito infinito que ofrece un Dios hombre.

Contempla cómo, por propia voluntad anunciada como triunfo por la voz poderosa que emite, el Alma de Jesús abandona su Cuerpo Santísimo; y este, Cuerpo, unido hipostáticamente al Verbo Eterno, afloja los músculos e inclina suavemente la cabeza sobre el pecho exánime.

Jesús, no me abandones. Siento que no soy digno de tu presencia, pero Tú no me consideraste indigno de tu dolor... Caminaré por este mundo humillado por mi culpa, avergonzado por tu muerte y quebrantado el corazón como lo fueron las rocas del Calvario, hasta que llegue el momento de presentarme a juicio y pueda repetir confiado tus palabras: "Pádre, en tus manos encomiendo mi espíritu....


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... "Había, en el lugar donde fue crucificado, un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde hasta entonces ninguno había sido sepultado. Como era la víspera del sábado de lós judíos, y este sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús ... " (Jn. XIX-41-42).


viernes, 4 de abril de 2014

Devocionario para Cuaresma y Semana Santa (cont).


TERCERA VISITA. (Ante el tercer Monumento).
Los Apóstoles huyen y abandonan a Jesús.


Consideraciones.

¡Triste condición de la flaqueza humana! Apenas ven los discípulos que ha sido aprehendido su Maestro, huyen acobardados y le abandonan. Lo había profetizado en el Cenáculo: "Todos vosotros padeceréis escándalo en mí esta noche, porque escrito está: Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño" (Mth.XXVI-31; Zac. XIII-7). Y se cumplió a la letra, como lo atestigua uno que también huyó: "entonces los discípulos todos, abandonándole, huyeron" (Mth. XXVI-56/b).

Pero Jesús está cada vez más cerca de quienes le abandonan, pues por amor suyo se entrega a los enemigos, por amor suyo comienza a padecer vejaciones, por amor suyo camina hacia la Cruz.

Así sigue y te cuida cuando tú te alejas. Si tratas de olvidarlo, El te recordará su presencia rodeándote de beneficios.

Acompaña a Jesús frente a la Urna del Monumento en estos momentos de abandono. Si el mundo entero huye y lo abandona por la apostasía, tú permanece fiel y firme en tu fe.


Oración.

Gracias, Jesús Bondadosísimo, por haberos dignado quedar realmente presente en la Santísima Eucaristía, como perpetua memoria de Vuestra Pasión. A pesar Dios mío, de que frecuentemente he huído del dolor y te he abandonado, comprendo que mi deber es estar a tu lado. Aunque sea un pecador, quiero seguirte como un perro fiel sigue las huellas de su Amo.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre.




CUARTA VISITA. (Ante el cuarto Monumento).
Jesús ante Anás. La bofetada. Juicio previo frente a Caifás.



Consideraciones.

Como si fuera un ladrón, un asesino o un vil animal a empellones han conducido a Jesús a la presenció del repugnante Anás, hombre de alta investidura espiritual pero "envejecido en años de maldad" (Dan. XIII-52).

"El Pontífice, pues, interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y su doctrina" (Jn. XVIII-19). Y, como Jesús hablara la verdad y cubriera con digno silencio la deserción de sus discípulos, "uno de los satélites allí presente le dió una, bofetada" (Ib. 22). El atrevimiento del cobarde esclavo que golpea a un hombre atado y custodiado, se convierte en rastrera vileza cuando es el bondadoso Taumaturgo quien sufre el ultraje. Es lo mismo que tú has hecho cuando has pecado.

Y a esas horas de la noche le hacen comparecer ante Caifás, que compartía sacrílegamente el Sumo Pontificado con su suegro Anás. Ante la audacia de sus interrogatorios, "Jesús callaba" (Mth. XXVI-63). Humildad profunda pero también sentencia terrible. A los empedernidos como Caifás y Herodes, Jesús no les habla (Cf. Luc. XXIII-9).


Oración.

Gracias, Jesús Bondadosísimo, por haberos dignado quedar realmente presente en la Santísima Eucaristía como perpetua memoria de Vuestra pasión. Que mi ingratitud no vuelva a golpear Vuestro rostro divino ni mi arrogancia a juzgar Vuestra verdad; antes, humillado y arrepentido, implore Vuestro perdón postrándome con mi rostro en el polvo.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre.




QUINTA VISITA. (Ante el quinto Monumento).
Las tres negaciones de San Pedro.


Consideraciones.

Y mientras Jesús era humillado con el doloso interrogatorio de sus más viles criaturas, recibe por la espalda tres puñaladas del Discípulo preferido.

Pedro, el fogoso Pedro, la Piedra fundamental de la Iglesia, se expone a la tentación y cae cobardemente ante una criada: "El negó diciendo: Ni sé ni entiendo qué es lo que tú dices" (Mc. XIV-68a). Y "otra vez negó con juramento diciendo: No conzco tal hombre" (Mth. XXVI-72a). Y como preseverara entre los enemigos de Cristo y se acobardara más y más, para salvarse "comenzó a echar imprecaciones y a jurar: "no conozco a ese hombre que decís" (Mc. XIV-71).

Y el corazón herido de Cristo envió un rayo de arrepentimiento al de Pedro (Cf. Luc. XXII-61), el cual "saliendo, lloró amargamente" (Ib. 62).

¿Cuántas veces has negado a Cristo frente al pecado? Hoy, Jueves Santo, desde la Urna del Monumento, Jesús te mira: Ojalá que, traspasado de contrición, llores tus traiciones, como San Pedro, el resto de tus días.


Oración.

Gracias, Jesús Bondadosísimo, por haberos dignado quedar realmente presente en la Santísima Eucaristía como perpetua memoria de Vuestra Pasión. Señor, aunque mi ánimo es el de no traicionaros, y Vos conocéis mi flaqueza, pero también conocéis el fondo de mi alma. ¡Señor, bien sabéis que os amo!


Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre.




SEXTA VISITA. (Ante el sexto Monumento).
Jesús en la prisión del Aposentillo. Vejaciones de los judíos.



Consideraciones.

Esta noche del Jueves Santo la pasó Jesús en un estrecho calabozo que la tradición llama "aposentillo". Fué noche de tormentos y de humillaciones, pues "los hombres que le tenían aprisionado le escarnecían hiriéndole, y habiéndole envuelto con un velo, le preguntaban diciendo: ¡Profetiza! ¿Quién es el que te hirió? Y blasfemando decían muchas otras cosas contra El" (Luc. XXII-63-65).

Mira a cuánta humillación se ha rebajado el Rey del Cielo por tu amor, pero también considera la execrable conducta de los siervos del Pontífice, los cuales, si obraran así con un hombre indefenso, merecerían infamia ante la humanidad. ¿Cuál será su precio, pues actúan tan vilmente con el Hijo de Dios?

Te parece que, alojado en las tinieblas, Jesús no mira tus pecados, y cuando esto recuerdas desearías vendar sus ojos para golpearle con la saña de tu vida disipada. "El que fraguó el ojo, ¿no verá?" (Ps. XCIII-9), y desde el encierro de esta Urna, ¿no escudriñará el fondo de tu conciencia?


Oración.

Gracias, Jesús Bondadosísimo, por haberos dignado quedar realmente presente en la Santísima Eucaristía como perpetua memoria de Vuestra Pasión. En esta Urna de Jueves Santo os considero preso en el Aposentillo en espera de la Pasión del Viernes. Permitidme velar esta noche a un lado de la reja que os aprisiona, no para ofenderos, sino para desagraviaros.


Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre.




SEPTIMA VISITA. (Ante el séptimo Monumento).
Segundo juicio ante el Sanhedrín. Desesperación de Judas.


Consideraciones.

Judas, en tanto, va comprobando el efecto funesto de su traición. Jesús ha sido ya condenado a muerte por el Sanhedrín en los momentos en que solemnemente El proclama Su Divina Filiación.

Angustiado, Judas acude a sus cómplices con esperanza de hallar un paliativo que cohonestara su delito: "He pecado entregando la sangre inocente" (Mth. XXVII-9). Pero ellos le desprecian y, siendo reos del mismo delito, no escuchan ese aviso a su conciencia; abandonan al traidor a la suerte que él mismo se ha labrado y siguen, empedernidos, la obra comenzada.

Entonces él, "arrojando en el Templo las monedas de plata, se marchó de ahí y retirándose se ahorcó" (Ib. 5).

San Mateo advierte que el primer movimiento del traidor fué de penitencia. ¡La gracia que dió Jesús a Pedro no la negó a Judas! Pero él no acudió a Jesús ni a María, ni siquiera a sus compañeros de apostolado; acudió a los enemigos de Cristo, que acabaron por precipitarlo en los infiernos. ¡Así paga el diablo!

Jesús mío, si tu amor es infinito, infinita es también tu misericordia. ¡Si todos los pecadores acudiéramos "con confianza al trono de la gracia para alcanzar misericordia en tiempo oportuno"! (Hebr. IV-16).


Oración.

Gracias, Jesús Bondadosísimo, por haberos dignado quedar realmente presente en la Santísima Eucaristía como perpetua memoria de Vuestra Pasión. Concededme el equilibrio espiritual que da la sinceridad y la sencillez en el arrepentimiento: que no me ahoguen ni la presunción creyendo que no castigaréis, ni la desesperación suponiendo que no perdonaréis.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre.

lunes, 31 de marzo de 2014

Devocionario para Cuaresma y Semana Santa (cont).

11.- VISITAS A LOS MONUMENTOS. (Las siete casas).



Es laudable la costumbre de hacer siete visitas al Santísimo Sacramento reservado el Jueves Santo en la Urna del Monumento, que es la reserva ordenada por la Liturgia de la Institución.

Esta costumbre antiquísima encontró aprobación y aliento en la Santa Sede, la cual por medio de la Sagrada Penitenciaría Apostólica, decreta:

"A los fieles que, durante los días Jueves y Viernes Santo, visitan el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, mientras está en el monumento y rezan cinco veces el Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri, para dar las debidas gracias por la Institución de la Santísima Eucaristía, y después rezan una vez las mismas oraciones por las intenciones del Sumo Pontífice, se les concede: Indulgencia de quince años. Indulgencia plenaria, una vez cada uno de los días, si además se confiesan y participan del convite Eucarístico, (S.C. de Indulg. 7 mar. 1815; S. Peno Ap., 20 mayo 1935), Nota: Las mismas indulgencias se pueden ganar en aquellas regiones donde, en virtud de una costumbre aprobada por la Iglesia Romana, el Santísimo Sacramento es expuesto a la adoración de los fieles por espacio de más de dos días, durante la Semana Santa". (S. Pen. Ap. 20 mar. 1936) (Enq. Indulg. 145).

Presentamos en este devocionario la siguiente forma de cumplir con los deseos de la Sagrada Penitenciaría Apostólica y de llenar sus requisitos. Al mismo tiempo, es un modo de continuar la tradición popular que considera los acontecimientos de la noche del Jueves Santo, distribuyéndolos por visitas.

Como una orientación que cada quien tomará según sus posibilidades, sugerimos que se pueden rezar:

a) o frente a siete monumentos levantados donde se está celebrando el Triduo Sacro, haciendo peregrinación de uno a otro y rezando una visita en cada uno,

b) o en uno solo saliendo y entrando del Templo las siete veces, rezando cada vez una visita, 

c) o en uno rezando solamente una visita (la que se elija), con la estación completa de seis (o siete) Padrenuestros, Avemarías y Glorias.





PRIMERA VISITA: (Ante el primer Monumento).

Institución de la Eucaristía y traición de Judas.


Consideraciones.

Contempla el Cenáculo en esa noche del Jueves Santo, cuando Jesús, transido de dolor, decía a sus Apóstoles: "En verdad os digo que uno de vosotros me entregará" (Mth. XXVI-21). Hablaba de Judas, el traidor, como hoy pudiera repetirlo de muchos cristianos.

No obstante la previsión de las ingratitudes, "tomando Jesús un pan y habiendo pronunciado la bendición, lo partió y, dándolo a los discípulos, dijo: Tomad, comed, esto es mi Cuerpo" (Ib. 26). Con estas omnipotentes palabras realizó el milagro de la transubstanciación y se quedó para siempre con nosotros en la Sagrada Eucaristía.

¡Y pensar que actualmente muchos seguidores de Judas pretenden negar la presencia real de Jesús en los Sagrarios!

Desagravia a tu Señor en esta noche de Jueves Santo frente al Monumento de la Institución. Haz actos de fe en su real presencia para desmentir a los apóstatas. Repite las genuflexiones y adoraciones para refutar a los sacrílegos que se atreven a profanar los templos.


Oración.

Gracias, Jesús bondadosísimo, por haberos dignado quedar realmente presente en la Santísima Eucaristía, como perpetua memoria de Vuestra Pasión. En este Jueves Santo concededme la gracia de apreciar este divino don. No permitáis que os traicione como Judas, pues de esto y de más soy capaz. Sostenedme con este angélico alimento y perdonad todos mis pecados.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre.




SEGUNDA VISITA. (Ante el Segundo Monumento).

Oración del Huerto. La aprehensión.


Consideraciones.

Mira con los ojos espirituales cómo Jesús, saliendo con sus Discípulos del Cenáculo, se interna en el Huerto de los Olivos llamado Getsemaní. Allí ora a su Padre con tal fervor y angustiosa espera de la pasión, que, "venido en agonía ... se le hizo un sudor como de grumos de sangre que caían hasta el suelo" (Luc. XXII-44).¡Tan pavoroso era lo que había de sobrevenirle!

Escucha los pasos del traidor ... ya se acerca; su torva figura aparece más tétrica iluminada por las teas con que se alumbran los esbirros. "Y acercándose a Jesús, le dijo: Salve, Maestro, y le dió un fuerte beso. Mas Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué has venido?" (Mth. XXVI-49-50). Y sin conmoverse por la mansedumbre del Redentor, los soldados "le echaron las manos y le sujetaron" (Mc. XIV-46).

Todas estas humillaciones padece Jesús esta noche por tu amor. ¿Estarás dispuesto, no digo a padecer por Cristo, sino siquiera a cumplir religiosamente tus deberes por amor a Cristo?

Jesús mío, recibe esta visita al Monumento como compañía espiritual en tu agonía del Huerto.


Oración.

Gracias, Jesús Bondadosísimo, por haberos dignado quedar realmente presente en la Santísima Eucaristía, como perpetua memoria de Vuestra Pasión. Permitidme acompañaros en esa prolongada agonía del Huerto; pero sabiendo que, aunque mi espíritu esté presto, me vence la flaqueza de mis miserias, infundidme fortaleza con el Pan de los Mártires y que arrostre por Vos todas las adversidades, así como Vos las habéis enfrentado por salvarme.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre.


miércoles, 26 de marzo de 2014

Devocionario para Cuaresma y Semana Santa (cont).

9.- COMUNIÓN PASCUAL.


Todas las prácticas de piedad de este tiempo de Cuaresma te encaminan a una digna celebración de la Pascua, es decir, a la inmolación del Cordero Divino en la Cruz y su triunfo por la Resurrección, místicamente revivida por la Liturgia.

Este Misterio Pascual quiso Cristo resumirlo y mantenerlo vivo y con efectos vivificantes, en el Misterio del Sacrificio Eucarístico, el cual, ofrecido al Padre en el Cenáculo, fué alimento espiritual para los Apóstoles. Misterio de fe que sella la Nueva Alianza y se perpetúa en todo tiempo y lugar hasta la consumación de los siglos, con el mismo milagro de, la Transubstanciación y la misma virtud, de participación santificadora, conforme el mandato omnipotente de Cristo a los Apóstoles y sus Sucesores: "Haced esto en memoria mía" (Luc. XIII-19; I Cor. XI-24-25).

Sabemos por la fe sobrenatural que Cristo está, verdadera, real y substancialmente en la Hostia Consagrada, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad, tal como está en el cielo. Por otra parte, el mismo Cristo afirma: "Mi Carne es verdadera comida y mi Sangre es verdadera bebida" ... "Si no comiéreis la Carne del Hijo del hombre y no bebiéreis su Sangre, no tendréis vida en vosotros" (Jn. VI-56; 54).

La Iglesia, inspirada del Espíritu Santo, interpreta este mandato de Cristo como la urgencia de comulgar por lo ménos uno vez dentro del año, y señala como tiempo apto la Pascua de Resurrección (Cn. 859-1). Entre nosotros puede cumplirse desde que comienza el "Tiempo Ordinario" hasta el 16 de Julio (Cf. Ib. 2).

Sería muy provechoso que escogieras para tu Comunión Pascual el Jueves Santo por ser el día de la Institución de este Divino Sacramento; o la Vigilia Pascual, para regocijarte santamente en la Resurrección de Cristo.

Si hace tiempo que no comulgas o sólo comulgas con cierta frecuencia, prepara esta Comunión con fino esmero. Si comulgas diariamente, prepárala también con delicadeza y amor.

Se supone que antes has purificado tu alma en el Sacramento de la Confesión, como te lo indiqué en el No 5, haciendo la intención de que esa fuera tu Confesión Cuaresmal.

Si después de esta Pascua te propones comulgar diariamente, guarda tu alma de todo pecado mortal y evita los veniales; mas no por esto dejarás la Confesión; sin interrumpir tus comuniones te acercarás cada diez o doce días para confesar tus faltas aunque a juicio tuyo parezca que no has ofendido a Dios. En esto el Confesor es el único juez.

Así mantendrás tu alma en gracia y aumentarás este don divino; cobrarás fortaleza contra los asaltos del enemigo, recibirás luces y dirección para tu reforma y perfección, y presentarás a Jesús Sacramentado una alma cada vez menos indigna de ser morada Suya.

El, en tanto, al hallar menos obstáculos, realizará su obra santificadora.


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10.- HORA SANTA.



("A los fieles que, por espacio de una hora, en cualquier iglesia, oratorio público o semipúblico (para los que usan de éste legítimamente) toman parte en el piadoso ejercicio vulgarmente llamado "Hora Santa", públicamente practicado para recordar la Pasión y muerte de Jesucristo y para meditar y reverenciar el ardentísimo amor, movido del cual instituyó la divina Eucaristía, se les concede: indulgencia plenaria, si expían debidamente sus pecados mediante la penitencia sacramental, se acercan a la Mesa eucarística y rezan por las intenciones del Sumo Pontífice.- A los que, a lo menos con corazón contrito, practican este piadoso ejercicio pública o privadamente, se les concede: Indulgencia de diez años. (Secr. Mem. 14 febr. 1815 y 6 abr. 1816; S.C. de Indulg, 18 Jun. 1876; S. Pen. Ap. 21 Mar. 1933). (Enq. Indulg. 168).

Estas Indulgencias son aplicables al Sermón de la Institución, que se predica en todas las Iglesias en que se está celebrando el Triduo Sacro.

Si por algún motivo no se predica, acude ante el Monumento y lee devota y pausadamente en el Evangelio de San Juan, el Sermón de la Cena, que comprende:

XIII  - 31-38;
XIV  - 1-31;
XV   - 1-27;
XVI  - 1-33;
XVII - 1-26.

Cualquiera de los pasajes comprendidos en estos capítulos, meditados, o todo el texto leído con unción, te servirá de Hora Santa.

Convendría invitaras a otros a este Ejercicio. Si estás gravemente impedido para acudir al Templo, haz lo que puedas en la soledad de tu aposento, trasladándote en espíritu al pie del Monumento.

viernes, 21 de marzo de 2014

Devocionario para Cuaresma y Semana Santa (cont).

7.- ADORACIÓN DE LAS CINCO LLAGAS DE JESÚS CRUCIFICADO.


"Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba" (Jn. VII-37).

Míradme, Buen Jesús Dulcísimo, arrodillado ante vuestra presencia, y con el mayor fervor de mi alma, os pido y os ruego que os dignéis imprimir en mi corazón, vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero arrepentimiento de mis pecados y firmísima voluntad de enmendarme; mientras yo con gran afecto y dolor del alma, voy considerando y meditando vuestras cinco llagas, teniendo ante mis ojos, oh buen Jesús, aquello que el profeta David ya ponía en vuestros labios: "Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos" (Ps. XXI-17-18).


A la llaga de la Mano Izquierda.

"¿Qué significan esas heridas en tus manos? -Porque fuí herido en casa de mis amigos" (Zac. XIII-6).

(Meditación, Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre.).



A la llaga de la Mano Derecha.

"Les mostró las manos y el costado" (Jn. XX-20).



A la Llaga del Pie Izquierdo.

"Ved mis manos y mis pies" (Luc. XXIV-39).



A la Llaga del Pie Derecho.

"Han taladrado mis manos y mis pies" (Ps. XXI-17).



A la Llaga del Costado.

"Uno de los soldados, con lanza, le abrió el costado e inmediatamente salió sangre y agua" 
(Jn. XIX-34).



Responsorio: (Is. XII-13).

V/- "Sacaréis aguas con gozo
R/- de las fuentes del Salvador".


Oración:

Oh Dios, que por la Pasión de tu Hijo Unigénito y mediante sus cinco llagas, con efusión de Sanqre reparaste la naturaleza humana perdida por el pecado concédenos, te rogamos, que, quienes veneramos en la tierra las heridas por El recibidas, merezcamos en los cielos alcanzar el fruto de su Preciosísima Sangre. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.

(Oración tomada del Misal Romano: P.A.L. Fer. VI post Dom. III Quadr.)


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8.-PARA PARTICIPAR EN LAS PROCESIONES.


Las procesiones tienen su origen en el Antiguo Testamento, cuando los Israelitas se dirigían al Templo, por Tribus, en las tres fiestas solemnes del año, cantando ciertos Salmos que por eso se llaman GRADUALES (Ps. CXX al CXXXIV).

Actualmente se hacen devotas peregrinaciones a los Santuarios. Dentro de la Liturgia hay procesiones como la de la Entreda y las Ofrendas en la Misa, y la del Santísimo, la Candelaria, Rogaciones, etc. En Semana Santa se acostumbran estas procesiones.

* En el Domingo de Ramos, la Procesión de las Palmas.

* En el Jueves Santo, al Traslado del Sentisimo Sacramento al Monumento.

* En el Viernes Santo la Adoración de la Santa Cruz y el traslado del Santísimo Sacramento del
 Monumento al Altar.

* En la Vigilia Pascual, al encender el Cirio y hacia el Bautisterio.


Fuera de la Liturgia, tenemos:

- La procesión del Viacrucis el Viernes Santo.

- La de las Tres Caídas.

- La del Santo Entierro o "Procesión del Silencio".

- Otras, conforme las costumbres regionales aprobadas.

Procura participar en las procesiones litúrgicas. Guarda especial cariño a las extra-litúrgicas y asiste, si puedes.

En unas y en otras guardarás una actitud grave y devota, procurando la limpieza del pavimento si llevas candela, evitando todo aquello que pueda introducir el desorden y obedeciendo fielmente las indicaciones del Maestro de Ceremonias y las de los Celadores.

Sean tus rezos claros y pausados; tu cantar, sencillo y piadoso. Ni en tus rezos ni en tus cantos ni en tu actitud te permitas sobresalir o distinguirte. Aun en estos, actos debes ceñirte a la humildad y mantenerte en comunicación con Dios.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Devocionario para Cuaresma y Semana Santa (cont).

XI ESTACIÓN.

Jesús es clavado en la Cruz.


"Crucifixerunt eum". 
"Lo crucificaron" (Jn.XIX-18).



Ha llegado el momento terrible por tantos años esperado y deseado por el Redentor.

Lo esperó desde su entrada al mundo, pues para eso había venido: "Héme aquí" (Ps. XXXIX-8); lo deseó en fuerza del celo con que buscaba tu redención por el derramamiento de su Sangré, según sus propias palabras: "Con bautismo tengo de ser bautizado, ¡y qué angustias las mías hasta que se cumpla" (Luc. XII-50). Mas no por su espera y deseo pierde su horror: los Evangelistas sólo consignan esta palabra: "lo crucificaron", porque ella sola encierra todo el dolor, toda la angustia, todo el tormento que un ser humano puede recibir en esta vida.

Considera, alma mía afligidísima, el sacrificio del Cordero de Dios para borrar tus pecados y los de todo el mundo (Cf. Jn. I-29), y piensa que de este sacrificio dependió la redención de todas las generaciones. Bien hubiera podido redimirte sin abandonar el seno del Padre, con sólo pedirlo; pero lo que bastó a su omnipotencia no satisfizo a su amor. Y aquí le tienes: después de sufrir crueles tormentos se entrega humildemente a la muerte poniéndose calladamente en manos de los verdugos, como un corderillo que no bala frente a quienes lo esquilan (Cf. Is. LIII-7).

El dolor me ahoga, Jesús, y no oso pronunciar palabra... mi corazón llora lágrimas de sangre al sentirse responsable de este deicidio.

(Meditación ... etc.).

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XII ESTACIÓN.


Jesús muere en la cruz.


"Et,inclinato capite, tradidit spiritum". 
"E inclinando la cabeza, entregó el espíritu" (Jn. XIX-30).



Durante tres horas, desde sexta hasta nona, Jesús se debate en agonía. Densas tinieblas milagrosamente aparecidas en el Calvario, en la ciudad deicida y en todo el mundo, han mostrado el dolor de la naturaleza ante la agonía de Su Creador. Son las tres horas del Sacrificio en que, por una parte, el infierno vuelca sobre El su odio, su furia y sus horrores, y por otra el cielo se conmueve, los Ángeles lloran, por primera y única vez; el Padre Celestial, contemplando el rostro agonizante de su Cristo (Cf Ps. LXXXIII-10), rasga, conmovido, la sentencia condenatoria lanzada en el paraíso contra la raza de Adán. Jesús ha dado satisfacción plena a la justicia divina desde la encarnación hasta la cruz: "todo está 
consumado" (Jn. XIX-30), "e, inclinando la cabeza, entregó el espíritu".

Alma mía, la muerte de todo un Dios ha sido el precio del pecado; la muerte infinitamente atormentada de Jesús, la condición de tu rescate. ¿Podrás nuevamente ver la luz, cuando ha muerto el sol de tu vida? Cubre tu rostro de tristeza, pues ha muerto tu Señor.


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XIII ESTACIÓN.


Descienden el Cuerpo de Jesús y lo depositan en brazos de su Santísima Madre.


"Acceperunt ergo Corpus Jesu".
"Tomaron, pues, el Cuerpo de Jesús" (Jn. XIX-40).



Al dolor espiritual y físico del Salvador, se une el dolor espiritual de su Madre. Infinito el de Cristo, finito pero proporcionalmente infinito el de María; redentor el de Jesús, corredentor el de la Virgen; de eficacia infalible el del Crucificado de intercesión poderosa el de la Reina delos mártires.

Contémplala ahora cómo prolonga su dolor después de que la muerte ha puesto fin al tormento de su Hijo. Ha sido constituida Madre de la humanidad, y sostiene en brazos el cadáver de su Divino Hijo que la misma humanidad deicida le ha entregado.

Madre mía, no hay dolor que pueda compararse a tu dolor (Cf. Thren. I-12), pues, sosteniendo el cadáver del Hijo de tus entrañas, te encuentras madre del "hijo de la ira" (Eph. II-3) a quien debes proteger como hijo de tus lágrimas.

Un hijo mató a otro Hijo (Cf. II Sam. XIV-6). El criminal soy yo; perdóname por el Cuerpo de tu Hijo muerto que sostienes en tus brazos, pues en prenda del perdón que El me otorgó te entregó a mí por Madre mía.

(Meditación...etc.).

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XIV ESTACIÓN.

Jesús es sepultado.

"Et, depositum, involvit sindone et posuit eum in monumento excisso, in quo nondum quisquam positus fuerat".

"Y habiéndolo descolgado lo envolvió en una sábana y le deposité en un monumento excavado en la peña, en donde nadie todavía había sido puesto". (Luc. XXIII-53).



El Cuerpo exánime de Jesús, amorosamente acariciado y besado por su Madre, reverentemente enjugado por la Magdalena y las, otras santas Matronas, sobriamente ungido de ungüentos y espolvoreado de mirra por San Juan y los santos Varones, es trasladado al sepulcro cuando caen las primeras sombras de la noche.

Contempla en espíritu esa triste y silenciosa procesión... mira el sepulcro abierto en una peña y como penetran en él, iluminándose con la rojiza llama de una tea...

En ese sepulcro nuevo de piedra, amortajado con sabana y sudario recibidos de limosna es colocado con reverencia el Cuerpo de Jesús, Cuerpo humano que permanece hipostáticamente unido a la divinidad del Verbo...

...y salen todos lentamente... y cierran con la piedra rodante la boca de la cueva...

Así se cierra el drama de la Pasión.

Jesús mío, quisiera presentarte mi corazón para que en él permanecieras. Permíteme velar en tu sepulcro como la lámpara frente al Sagrario... que en esta santa ocupación se consuma mi vida y muera por amor a Tí, que me amaste y por mi amor te entregaste a la muerte. (Cf. Gal. II-20).

(Meditación... etc.).

Devocionario para Cuaresma y Semana Santa (cont).

VII ESTACIÓN.


"Procidit super terram".

"Cayó sobre la tierra". Mc. XIV-35).


Llora, alma mía, al ver que tu Divino Salvador cae nuevamente, agobiado por el peso de la cruz; pero admira la caridad de esta segunda caída.

Porque al caer, expía ante su Padre Celestial tus frecuentes caídas en el pecado, cuando sucumbes voluntariamente bajo el peso ignominioso de tus pasiones.

Observa también que con fortaleza sobrenatural Jesús se levanta. No le obligan a levantarse los gritos y blasfemias de sus enemigos ni el látigo inhumano de los sayones, sino un doble intento de su caridad: el de enseñarte cómo te has de levantar del pecado y el de llegar cuanto antes a la cima del Calvario para ser crucificado por tu amor.

Jesús humillado, víctima inocente por mis pecados, ¡desde el fondo del abismo de mis miserias clamo a tu misericordia! Extiende tu mano poderosa y sálvame, pues quiero levantarme de mi postración espiritual y no puedo por mí mismo. Pero tu gracia lo hará: es gracia que con tantos dolores me granjeaste y que me das magnánimo en ésta tu segunda caída.

(Meditación ... etc.).

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VIII ESTACIÓN


Jesús consuela a las piadosas mujeres.


"Nolite flere super me, sed super vos ipsas flete, et super filios vestros".

"No lloréis sobre mí, sino llorad más bien sobre vosotras mismas y sobre vuestros hijos" 
(Luc. XXIII-28).



Agradece, alma mía, la generosidad de tu Salvador. Al ver la fidelidad y las lágrimas de un grupo de mujeres piadosas que lloraban desconsoladas la humillante condición a que ha quedado reducido el Varón de Dolores y su inminente muerte, no pondera sus tormentos ni se refugia en la condolencia; antes olvidando generosamente su propio dolor, se duele de la amargura del pecado que le ha valido esta sentencia.

Pondera que, mientras llores los efectos y no detestes las Causas, en vano te lamentas. Llorar la Pasión de Cristo y hacer paz con el pecado es gran contradicción, pues el pecado es la causa de tan acervos dolores, y tantas veces crucificas a Cristo en tu corazón cuantas son las que te entregas a pecar (Cf. Hebr. VI-6).

Pero el dolor de Cristo va más al fondo cuando señala que es más de lamentarse la eterna condenación de aquellos que, desperdiciando o tal vez rechazando su divino victimato, prefieren precipitarse a la condenación eterna.

Oh, Jesús, dame lágrimas para llorar mis culpas. Que caiga sobre mí tu sangre redentora.

(Meditación ... etc.).


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IX ESTACIÓN.



Jesús cae por tercera vez.


"Et positis genibus, orabat". 

"Y puestas en tierra las rodillas, oraba" (Luc. XXII-41).



Tercera vez la fortaleza de los cielos cae por el dolor, la carga y la debilidad de sus agotados miembros. Sus santas rodillas, su pecho amoroso, su rostro divino, tocan el polvo con estrépito que alegra y alarma a sus enemigos: los alegra diabólicamente porque le ven derrotado; los alarma porque recelan que no podrán darse el placer satánico de crucificarle.

Pero esta tercera caída encierra un misterio tres veces revelado en este viacrucis. Que el Hijo de Dios bajó de los cielos a la tierra y la tocó con su Cuerpo divino; que el Verbo Eterno se hizo hombre tomando nuestra humana y terrena naturaleza, y que la humillación de Jesucristo hasta besar el polvo es una expiación meritoria ante el Padre.

Así lo hizo en el huerto con la misma intención, como nos lo refiere San Lucas: "e hincando en tierra las rodillas, oraba". Aquí también la postración de Cristo es oración meritoria y satisfactoria por nuestra salud. Allá, con angustia de agonía; acá, con dolores de muerte. Pero aquí y allá en fuerza de un victimato redentor.

¡Jesús mío, perdona y levanta a mi alma caída.

(Meditación ... etc.)


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X ESTACIÓN.


Despojan a Jesús de sus vestiduras.


"Et dabant ei bibere myrrhatum vinum, et non accepit". 

"Y le daban vino mirrado; mas El no lo aceptó". (Mc. XV-23).



Mira, alma mía, al Buen Jesús que con ánimo esforzado y venciendo todos los dolores ha llegado finalmente a la cima del Monte Calvario.

Mientras los verdugos aprestan los instrumentos de la ejecución, unas piadosas matronas le ofrecen una mixtura de vino y mirra para que su efecto enervante, adormeciendo los nervios, enajenara la conciencia y disminuyera al dolor de la crucifixión. Pero El lo rehúsa porque está dispuesto a enseñar a la juventud la sobriedad, y a beber hasta las heces el cáliz de dolor que le da su Padre.

Contempla cómo con desprecio y brusquedad, los soldados le despojan de sus vestiduras y, con ellas, del coágulo que detenía la sangre de las heridas de la flagelación. ¡Qué dolor!

Pero el dolor se añade la confusión del purísimo Jesús al verse descubierto ante la multitud, y sólo por una disposición de la Providencia se le conceden los lienzos indispensables del pudor.

¿Sabes por qué permitió el Señor esta afrenta? Para expiar los pecados de impureza, las desnudeces de tantos cristianos sin pudor, tus pecados contra la Santa Virtud.

¿Osarás levantar la vista ante esta Víctima inocente?

(Meditación ... etc.)