viernes, 4 de julio de 2014

Sobre las sectas protestantes (cont.).

LOS "TESTIGOS DE JEHOVÁ"

De todas las sectas protestantes, la peor y más furibunda es la super - herética secta de los "Testigos de Jehová". Y digo la peor, porque a todas las negaciones y herejías de sus antecesores protestantes, añaden otras peores. Por ejemplo:

a) que no existe el Misterio de la Santísima Trinidad;

b) que Jesucristo no es Dios;

c) que el hombre no tiene alma,

d) otras monstruosidades y ridiculeces.

La férrea organización de la Secta, controlada por zonas y distritos con métodos de espionaje y claves, por los ocultos dirigentes que dominan desde la Watchtower en Brooklyn, N. Y., hace esclavos de la organización a quienes han tenido la desgracia de aceptar su propaganda.

Jamás encontraremos, entre los que abrazan el Protestantismo, a personas instruidas en su Fe Católica, ni a personas que han practicado fervorosamente todos los medios de salvación que Dios ha depositado en nuestra Santa Religión (Sacramentos, Misa, Gracia Santificante, Oración, buenas obras), ni a personas que ajustaron su conducta a los Mandamientos de la Ley de Dios.

Siempre han sido tomadas por sorpresa en momentos de crisis, de presión, abandono, despecho, ignorancia, deseo de ser tomadas en cuenta, vacío de cariño y otras muchas situaciones psicológicas que debilitan a quien no está bien cimentado en la Fe. Ya lo decía un mecánico usando de perfecta lógica popular: "Ustedes son como el sarampión: siempre atacan y vencen a los organismos más débiles".

Estas personas, alejadas del Sacerdote, incapaces por su ignorancia religiosa de comparar la Divina Religión que ya tienen, con la falsificación que les ofrecen, no consultan, no acuden a los Ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios" (1 Cor. IV - 1), para preguntar, para consultar, o si ustedes quieren, hasta para reclamar lo que les han dicho que es un engaño; sino que por sí mismas dan un paso tan trascendental y peligroso como es el cambio de religión, sin pensar que en eso se juegan la salvación de sus almas.

Y una vez absorbidos por la Secta, sufren un verdadero lavado de cerebro con sus juntas, instrucciones, lecturas de libros que tergiversan las auténticas Escrituras, de revistas "Atalaya", "Despertad", camufladas ahora con apariencias científicas, pero con una puya constante de penetración psicológica: el pernicioso "mensaje subliminal" que cambia mentalidades de modo irreversible.

Los dirigentes van más allá del abuso que permitió Lutero sobre la interpretación individual de la Sagrada Escritura: los de la Watchtower se monopolizan la interpretación y la imponen a su capricho, orientando y dirigiendo conforme las conveniencias actuales de la Secta. Investigadores muy serios e imparciales han comprobado que cada subsiguiente edición de artículos o de libros, no coincide con las anteriores en puntos fundamentales, y que frecuentemente hacen recoger los libros ya obsoletos, como si la verdad pasara de moda.

Y para colmo, al no poder probar sus fantasías heréticas con la Biblia , ni siquiera con la que usan los demás protestantes, los "Testigos" se hicieron su propia Biblia, editando una plagada de errores tendenciosos, gracias a la traducción mal-intencionada de muchas palabras clave para los dogmas; v. gr.: llamando "fuerza activa de Dios" y "expresión inspirada" al Espíritu Santo, llamando "un dios" con minúscula al Verbo Divino, con lo cual pretenden destruir el Dogma de la Santísima Trinidad, y así en todos los dogmas católicos.

Los dirigentes norteamericanos (o tal vez judíos materialistas, de las altas esferas racistas y anticristianas) se han constituido en magisterio infalible, y con este tipo de traducciones y consecuentes interpretaciones conducen a sus adeptos a un fanatismo rabioso en contra de la Iglesia Católica.

Obligados a recorrer las calles, bajo la férrea disciplina de un "precursor" o de un instructor en jefe, se reafirman cada vez más en su herejía al escuchar y tener que secundar las introducciones y capciosas objeciones que aquellos hacen a los entrevistados.

A cada uno le dan grados e importancia en la secta conforme las horas de trabajo gratuito que realizan en favor de la Watchtower, resultando que los van introduciendo cada vez más y colmando de honores y de cargos, que los envanecen y ensoberbecen, al mismo tiempo que los espían y los constituyen espías de los demás. Ninguno conoce que, mientras más adentro y alto estén en la secta, más esclavos quedan de la mente, voluntad y actividades, más almas pierden con su propaganda y contribuyen más al fabuloso enriquecimiento de los ocultos y ultrasecretos dirigentes, encastillados en su Torre de Brooklyn.

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REFUTACiÓN:


Unos breves y sencillos razonamientos bastarán para sacar a esas personas de tan funesto enajenamiento:

I.- La Unidad de Dios debe reflejarse en la Unidad de su Religión. Entre todas las Religiones existentes, aquella será la verdadera religión del Dios Uno y Veraz, que sea Una, Santa, Universal y Apostólica.

Una.- Porque Dios es Uno, una sola es la verdad y no se contradice ni es subjetiva. Los Testigos de Jehová son una de tantas sectas protestantes, que por sus contradicciones y variaciones no pueden ser la Religión verdadera: la verdad no es múltiple, ni está fraccionada ni sujeta a veleidades.

Santa.- Porque es Santo el Señor Dios con quien se relaciona, y porque debe conducir las almas a Dios Santo por el camino de la santidad. Los Testigos de Jehová tienen fundadores de conducta muy censurable, que a su vez entroncan con el Protestantismo, ya de suyo deficiente y fundado por hombres corrompidos. Habilísimos en el comercio editorial y en la venta de literatura pseudo-religiosa, desconocen la santificación por la Gracia que Cristo nos compró, no con oro ni con plata, sino con su preciosa Sangre. Y al negar la existencia del alma, no les queda a ellos más que su animalidad, imposible de ser digno receptáculo de la Gracia Santificante. Un rigorismo de prohibiciones ridículas aparenta ser una moral inviolable, pero no pasa de ser una disciplina natural sin trascendencia sobrenatural, como la observancia de los fariseos, que colaban un mosquito y se tragaban un camello: no se deben cantar himnos patrios, pero sí se puede blasfemar de los Misterios de la Revelación. (Cf. Mth. XXIII-24).

Universal.- Porque debe llegar a todo entendimiento humano en todas las generaciones, ya que Dios "quiere que todos los hombres sean salvos" (1 Tim. 11- 4). Pero los Testigos limitan a 144,000 el número de los que irán al cielo (nuevo cielo), en tanto que otros que creyeron a su propaganda vivirán por un milenio en la tierra (nueva tierra) gobernados por esos 144,000, embargados de una felicidad natural. Estos y los demás errores no tienen derecho de universalidad porque distorsionan la mente humana, creada para la verdad.

Apostólica.- Porque de los Apóstoles partió para todo hombre, tiempo y lugar, el genuino mensaje de Cristo y sus medios de salvación. - Los Testigos de Jehová no demuestran su filiación apostólica ni recibieron misión alguna que los acredite como sucesores de los Apóstoles o por lo menos como fieles transmisores de su doctrina. Al contrario, se oponen tenazmente a los Sucesores de los Apóstoles y pretenden destruir la Iglesia que Cristo edificó sobre San Pedro.

Sin embargo, podemos probar suficientemente que la Iglesia Católica Romana sí es Una, Santa, Católica (auténtica y universal), y Apostólica, como recitamos constantemente en el Credo.


II.- Se dicen "Testigos" de Dios Eterno y toman el nombre de "Jehová" aludiendo a las relaciones de Dios con su pueblo escogido en el Antiguo Testamento. Debemos razonar: Si Dios creó al hombre y nunca lo ha abandonado en el curso de su historia, manteniendo siempre viva la llama de la fe y la esperanza del Redentor, ¿dónde estaba la Secta de los Testigos de Jehová antes de 1870 en que fue fundada por el protestante Carlos Taze Russell?

Porque antes de que Russell naciera, transcurrieron tres períodos larguísimos: la Religión Patriarcal desde Adán y sus hijos hasta Abraham; la misma Religión puntualizada y definida por las revelaciones hechas por Dios a Moisés y a los Profetas hasta Jesucristo, y la perfección y culmen de esta Religión Revelada, perfeccionada por Nuestro Señor Jesucristo, de quien parte este Nuevo Testamento que pacta Dios con el hombre por Cristo Nuestro Señor.

En estas tres largas etapas no vemos contradicción, sino unidad, coherencia, continuidad y perfeccionamiento.

Preguntamos: ¿Porqué Dios abandonó a la humanidad en toda su historia privándola de la presencia y palabrería de "sus testigos"?

Seguramente porque no son testioos Suyos, sino enemigos, de aquellos que diría San Pedro: "Hubo también falsos profetas en el pueblo, como también entre vosotros habrá falsos maestros, que disimuladamente introducirán sectas de perdición, y negando al Señor que los redimió, atraerán sobre sí una pronta perdición." (II Petr. II - 1).

Lo que hoy se nos presenta en esta secta, no es un testimonio en favor de Dios, sino un ataque férreo y persistente contra la obra divina, que son el hombre y la Redención, más aún ¡contra el mísmo Dios!



martes, 1 de julio de 2014

Sobre las sectas protestantes (cont.).

En el curso de la historia se han levantado muchos hombres que, conservando el nombre de cristianos, falsean la genuina doctrina de Cristo. Desde los tiempos en que aún vivían los Apóstoles, "surgieron anticristos" (1 Jn. II- 18); es decir, contrarios a Cristo, porque todo aquel que adultere el mensaje de Cristo está contra Cristo: "El que no está conmigo está contra Mí; y el que no recoge conmigo, desparrama" (Mth. XII - 30).

Fue necesario hacer una distinción entre el cristianismo falso y el verdadero, llamando "herejes" y "herejía" a los falsarios y a su falsa religión, y "cristianismo católico" y "católicos" a la verdadera religión y a sus seguidores fieles.

Así apareció la palabra "Católico", como se prueba con documentos que se remontan al siglo segundo, y muy probablemente este nombre se remonte a los tiempos apostólicos.

Porque Católico significa auténtico, con la autenticidad de la verdad y con los derechos de universalidad que tiene la verdad.

Los falsarios o herejes han sido muchos en la historia, y todos han combatido encarnizadamente a la Verdadera Iglesia Cristiana, que es la Católica. Y se da un fenómeno curioso: todos los herejes siempre han estado divididos y peleados entre sí, pero cuando se trata de atacar a la Iglesia Católica, se unen.

A pesar de todo esto, la Iglesia ha prevalecido: mientras las sectas desaparecen por sí mismas. Cristo dijo: "las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella" (Mth. XVI - 18), Y al enviar a sus Apóstoles al mundo, les prometió: 

"Y sabed que Yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos". (Mth. XXVIII - 20).


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La más persistente de las herejías ha sido el Protestantismo.

Por Protestantismo entendemos el conjunto de sectas derivadas de la rebelión de un Sacerdote y Fraile apóstata: Martín Lutero, quien en el siglo XVI protestó contra la Autoridad Eclesiástica y contra muchos Dogmas.

Hombre de gran inteligencia y voluntad de hierro, pero de mala entraña, de pasiones indómitas, soberbio y empeñado en contradecir, hizo alianza con los príncipes más traidores y corrompidos, prometiéndoles los bienes eclesiásticos a cambio de permitirle establecer una religión distinta a la Católica, sujeta a ellos e independiente del Papado.

Se apoderó de la Biblia, que la Iglesia había conservado pura e íntegra a través de los siglos. A esta Biblia la mutiló, la tradujo tendenciosamente conforme a su sistema teológico preconcebido, y la erigió como única regla de fe y costumbres, rechazando en su interpretación toda otra autoridad que no fuera la privada de cada lector, y en última instancia, debía acatar la interpretación que Lutero quisiera imponer.

Los principios fundamentales de Martín Lutero son estos:

a) La Biblia es la única regla de fe y costumbres. Se rechaza la Tradición Apostólica y la Autoridad del Romano Pontífice. (Falso).

b) Cada creyente tiene derecho de interpretar la Biblia, bajo la inspiración del Espíritu Santo. (Falso).

c) El hombre es radical e irreversiblemente pecador. (Falso).

d) Sin perder su condición innata de pecador, puede el hombre justificarse por la fe en Jesucristo - justo y pecador a la vez - . (Falso) . - Esta fe luterana es un acto de esperanza y de confianza a la vez, con el que, quien cree, se autosugestiona convenciéndose a sí mismo de haber sido justificado y salvado por Jesucristo. Lutero la llamaba "fe fiducial". - (Falso).

e) La justificación nos viene gratuitamente de Cristo sin que nosotros pongamos algo de nuestra parte y sin que hagamos buenas obras. Basta la fe sola.- (Falso). Pero esa justificación no nos quita los pecados; sólo nos cubre con los méritos de Cristo para que el Padre Celestial, no viendo estos pecados, nos admita en el cielo en atención a los méritos de Cristo. - Algo así como sepulcros blanqueados: blancos por fuera y podridos por dentro. (Falso).

f) El hombre así justificado, hace buenas todas sus obras, así fueran criminales. Pero el que no cree y no está justificado, todo lo que hace es pecado, aunque sean virtudes. - (Falso).

g) Pero al fin de cuentas, la fe no cuenta para su salvación, pues el hombre no se justifica por sus obras, sino por su fe. El hombre no tiene libertad de voluntad (libre albedrío), y por lo mismo, no tiene méritos ante Dios. (Falso).

Todas estas herejías y otras más las divulgó en discursos y folletos entre blasfemas expresiones y palabrotas de carretonero, cargadas de ira y de sarcasmo. Quiso probarlas con la Biblia tendenciosamente traducida a tenor de su sistema teológico preconcebido, obligándola a decir lo que se le antojó, mediante interpretaciones arbitrarias, como hacen ahora sus hijos protestantes.

De todo esto se siguieron gravísimas consecuencias:

- rechazo de toda autoridad eclesiástica y hasta civil.

- convertirse cada uno en maestro de sí mismo.

- inflarse todos de soberbia queriendo enseñar y ser maestro de los demás, como sucede ahora con los protestantes que dicen llevar la luz y la verdad a todo el que encuentran o buscan afanosamente.

- división en sectas subsiguientes, conforme las distintas interpretaciones subjetivas de la Biblia, añadiendo algo más a los errores de Lutero o corrigiéndole unos errores para reafirmar otros, o sacando las últimas consecuencias de los principios luteranos.

- negación sobre negación de muchos Dogmas Católicos.

Y así, discutiendo, peleándose, distinguiendo, separándose, juntándose, adelantándose, inventando, concluyendo,... la inestable y fraccionaría secta luterana, ha engendrado y abortado otras sectas, y éstas otras más, hasta el momento presente en que aparecen más de mil. Algunos protestantes dicen que son veintiún mil, sin darse cuenta de que mientras más se dividan, más débiles son en número y verdad.

Todas estas sectas sobreviven peleándose y contradiciéndose entre sí; pero cuando se trata de atacar a la Iglesia Católica, se unen y disimulan diferencias, como sucede con la cantidad de sectas que aparecen bajo el común denominador de "Evangélicos". En América trabajan con capital extranjero quinientas diez sectas, empeñadas en desestabilizar a la Iglesia para dividir a las Naciones.

jueves, 26 de junio de 2014

Sobre las sectas protestantes.

Alerta a los católicos sobre las Sectas Protestantes, en especial sobre los "Testigos de  Jehová".


Por el P. Manuel Robledo. E. D.




-- I --

PRESENTACIÓN.

Esta publicación es una somera síntesis de lo que el Católico debe saber sobre el Protestantismo y su última fatal modalidad de los "Testigos de Jehová".

Su redacción es brevísima, sencilla y popular en cuanto es posible; pues nace de objeciones, resolver dudas o solicitar aclaraciones.

Atentamente
P. Manuel Robledo, E. D.





... Comenzaré mi intervención con una catequesis sobre la verdadera Fe, dentro de la cual tocaremos otros puntos capitales.

Por Fe entendemos la aceptación de una verdad, atendida la autoridad de quien la afirma. Así, el creer que Dios existe y es Creador, es una verdad que podemos colegir con la luz natural del entendimiento al contemplar la naturaleza que nos rodea; pero conocerlo a ciencia cierta y en su íntima naturaleza, sólo podemos por medio de la Fe, que nos suministra el argumento más profundo (cf. Hebr. XI-1): aceptamos que Dios existe y es Creador, su concepto y definición como infinito y Perfectísimo, su revelación consignada en la Biblia y conservada en la Tradición Apostólica, mediante una garantía de verdad presente entre los hombres: la autoridad y testimonio de la Iglesia.

Esta aceptación intelectual deja de ser puramente natural porque ya trasciende a las realidades sobrenaturales; y éstas habrán de aceptarse sólo mediante una dádiva divina: el don sobrenatural de la Fe, que rompe nuestras limitaciones intelectuales.

La Fe es, pues, un don sobrenatural que Dios infunde en el alma. No se opone al razonamiento ni está fuera de la verdadera ciencia; antes los sobrepasa, complementa y suple en aquel orden que no alcanza la naturaleza humana: el orden sobrenatural.

Atendida ahora la correspondencia y respuesta del hombre a ese Don, se entiende por Fe el conjunto de verdades que creemos y practicamos con relación a Dios.

Es decir, la relación que el hombre tiene para con Dios, tanto de entendimiento para creer, como de voluntad para actuar, y esto, el hombre integral, o sea: alma substancialmente unida al cuerpo, de modo interno y externo, personal y social.

Todo esto responde a la Ley Natural, que es la base fundamental en que el mismo Dios Creador ha cimentado a su creatura racional, y es su dependencia como creatura para con su Creador, su comunicación con El, la vocación que El le ha asignado hacia la Bienaventuranza eterna y los medios sobrenaturales que le proporciona para lograr ese destino eterno.

A esta reciprocidad de relaciones entre Dios y la creatura, le damos el nombre de "Religión".

Ahora bien; después de que el hombre, por su pecado, fue desterrado del Paraíso, perdió gradualmente el sentido de estas relaciones y se fue tras las creaturas corrompiendo sus costumbres y adulterando su Fe. Muchos pueblos se entregaron a la idolatría adorando la materia, ídolos o animales; otros al animismo imaginando que en al agua o en las plantas o animales residía un espíritu superior: otros inventaron la reencarnación, otros el espiritismo para comunicarse con el más allá de la ultratumba, algunos la magia y hasta la hechicería y adivinación.

Mientras el hombre erraba y se precipitaba por la sensualidad, el odio y la guerra, Dios seguía fiel a su promesa de redimir a la humanidad. Para esto eligió una serie de personas que, en línea recta, conservaran por tradición la promesa de la Redención. Y quiso formarse en Abraham una familia, un clan, una tribu, un pueblo, una nación, en la cual depositó la Revelación por medio de Moisés, a quien mandó escribir cuanto le revelaba. Así nació la Sagrada Escritura que, a través de los Profetas, reafirmaría el pacto de Dios con los hombres, de darles un Redentor.

El Redentor nació de Madre Virgen por obra del Espíritu Santo.

El mismo Redentor demostró, con obras y palabras, ser el mismo Hijo de Dios, Consubstancial al Padre.

Al decir "Hijo de Dios", decimos que es la misma naturaleza divina que el Padre. Pues así como un ser vivo y orgánico engendra a otro ser de la misma condición y naturaleza, así el Hijo, que no es creado sino engendrado, es igualmente de la misma naturaleza divina que el Padre.

Y al decir que es Consubstancial, proclamamos su identidad en la Esencia divina, esto es, uno en la substancia (= aquello por lo que Dios es Dios: "el Ser Divino), pues Dios es Uno y Único: hay un solo Dios.

Un ejemplo práctico: Yo, persona humana; Tú, persona humana; Él, persona humana, somos tres personas humanas, tenemos la misma naturaleza humana. Pero yo tengo mi propia esencia, mi ser, mi substancia; tú tienes la tuya y él la suya: tres personas de la misma naturaleza, pero cada una con su propia substancia individual e incomunicable; tres personas, tres substancias.

No así en ese divino Misterio: El Padre, persona Divina; el Hijo, Persona Divina; el Espíritu Santo, Persona Divina: tres Personas que tienen la misma Naturaleza Divina. - Pero también Tres Personas Divinas que tienen la misma única esencia Divina, la misma Substancia, porque al haber únicamente Un solo Dios, son Consubstanciales por tener el mismo Ser. Uno en esencia, Trino en personas: Tres personas distintas, Un solo Dios verdadero.

Volviendo al hijo de Dios Redentor, diremos que por obra del Espíritu Santo asumió la naturaleza humana en el seno de la Virgen; afirmamos que, mediante esa Encarnación, Dios se manifestó al hombre y convivió con el hombre sin dejar su naturaleza divina y conservando su propia esencia divina.: "Emmanuel": Dios con nosotros. (Is. VII - 14).

Esta manifestación divina la hizo mediante su encarnación en el seno de María Virgen, y el Ser que nace en el tiempo es la persona Divina que en la eternidad engendra el Padre: el mismo Dios que, sin dejar de ser Dios en su Esencia, Naturaleza y Persona, es al mismo tiempo Hombre le llamamos Jesucristo: Jesús, por ser el Salvador, y Cristo por ser el Ungido, el Mesías o Enviado. El es verdadero Dios y verdadero Hombre.

A este Misterio, la Teología le llama el Misterio de la unión Hipostática. Humanamente, se explica así:

En un instante determinado, el Espíritu Santo formó en el seno de María un cuerpo humano. En el mismo Instante creó una alma humana, que unió substancialmente a ese Cuerpo. Y en el mismo instante, el Verbo Divino asumió o fundió en Sí este Cuerpo y esta Alma, de modo que de la unión de Cuerpo y Alma no resultó persona humana, sino que prevaleció únicamente la Persona Divina que los asumió o unió consigo substancialmente. Y así, Cristo es verdadero Dios y verdadero Hombre, por la unión indisoluble de la naturaleza Humana con la Naturaleza Divina, sin que resultase persona creada. Así se explica el que San Juan nos revele que "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria, gloria cual del, Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad." (Jn. I - 14).

Todo esto se confirma con las palabras del mismo Cristo: "Tanto, amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo Unigénito, a fin de que, cuantos crean en Él, no perezcan, sino que tengan vida eterna" (Jn. III-16). Y estas otras: "Quien me ha visto a Mí, ha visto al Padre" ... "creedme, que yo estoy en el Padre y el Padre en Mí". (Jn. XIV - 9 - 11). Con las que confirma lo anteriormente dicho: "El Padre y Yo somos Uno mismo" (Jn. X - 30): distinción de Personas por el plural "somos", unidad de esencia por el singular "Uno".

Y cuando el mismo Cristo se manifiesta sujeto y obediente al Padre, no muestra su igualdad de naturaleza ni su identidad de substancia, sino que muestra la distinción de Personas Divinas y la inferior condición de la naturaleza humana que asumió para realizar la misión encomendada por su Padre: la Redención: "(Cristo), subsistiendo en la forma de Dios, no consideró usurpación el ser igual a Dios; antes se anonadó a Sí mismo tomando forma de esclavo, hecho a semejanza de los hombres y en su condición exterior presentándose como hombre" (Filip. II-6-7).

Pues bien, Tal es nuestro Redentor, "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn. I-29), y hemos sido "redimidos no con cosas corruptibles, con plata o con oro ... sino con la preciosa  Sangre de Cristo, como de cordero sin tacha ni mancilla..." (1 Petr. I-18...19).

Este Jesús, el Cristo, el Mesías, al consumar la Redención por su Resurrección, fundó su Iglesia (Jn. XXI - 15 - 17.- Consultar Mth. XVI - 16 - 19); y los mismos paganos dieron en llamar "cristianos" a quienes seguían y predicaban a Cristo organizados jerárquicamente bajo Pedro, dentro de esta Iglesia: (Hechos, XI - 26) De aquí que la Iglesia 'de Cristo sea y se llame "Cristiana", "Iglesia Cristiana".

Esta es la plenitud de la Revelación, continuación y consumación de cuanto el hombre creyó y practicó en el Antiguo Testamento a través de Moisés, pues "la Ley nos fue transmitida por medio de Moisés; mas la gracia y la verdad nos vino por Jesucristo". (Jn. 1- 17).

miércoles, 28 de mayo de 2014

¿La Biblia sola? (final)

El Primado de San Pedro.


"Cristo es Cabeza de la Iglesia" (Ef.V-23), pues todo tiene "a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra" (Ef.I-10). Mas al subir a los cielos dió a San Pedro el Primado de Jurisdicción aun sobre los Apóstoles, dejándolo por Representante suyo, para que su presencia sensible unificara a la Iglesia visible. No quiso entenderse directamente con cada uno de los hombres, sino que estableció su Representante invistiéndole de poderes sobrenaturales, y de esta manera los mantiene en unidad visible y estable.

Es, pues, patente, que Cristo constituyó su Iglesia: no bajo un Régimen Democrático, ni tampoco bajo una autoridad colegiada, sino que la colocó bajo una Autoridad Monárquica. (Tomamos la palabra "monárquico" en su acepción etimológica: MONOS = un solo; ARXE = principio, autoridad, poder, Jefe).

No bajo el Régimen Democrático, pues aunque el nombre EKKLESIA significa "asamblea" o "reunión de muchos" , éstos no podrían reunirse permanentemente sin unificarse en un solo; éste es el Jefe.- La Misión Apostólica implica necesariamente sujetos en quiénes ejercerla, y esto envuelve el concepto binario de "Superior-Súbdito".

No bajo una autoridad colegiada, esto es, bajo la docencia y mandato de todos los Apóstoles en conjunto y de común acuerdo, porque debían dispersarse por toda la tierra, y porque una Sociedad Perfecta no se diversifica en el ejercicio del poder. El mismo Cristo, expresa y claramente constituyó a San Pedro Superior de todos los Apóstoles, cuando le distinguió prometiéndole sólo a él hacerlo piedra fundamental de la Iglesia: Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mth. XVI-18).

Luego fundó su Iglesia bajo el régimen de un solo Jefe o Cabeza visible, es decir, bajo el régimen monárquico. Y se prueba en varios pasajes del Santo Evangelio: Sólo a San Pedro constituye encargado) portador de las llaves del Reino de los Cielos; es decir, poseedor de una potestad suprema en el orden sobrenatural, administrada sobre la tierra en favor de los hombres: "A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos" (Mth.XVI-19).

Sólo a San Pedro establece como Pastor Supremo de su rebaño (la Iglesia compuesta de Jerarquía y fieles), confiriéndole con esto el Primado Universal de Jurisdicción: "Apacienta mis corderos ... Pastorea mis ovejas ... Apacienta mis ovejas". (Jn.xXI-15...16...17).

Sólo por San Pedro ruega para reafirmarlo en la fe en beneficio de los otros: todos serán zarandeados por Satanás, mas los ruegos de Cristo serán exclusivamente por el Jefe, y éste salvará a los demás: "Simón, Simón, mira, Satanás os reclamó para zarandearos como el trigo; pero Yo rogué por ti para que tu fe no desfallezca". (Luc.XXII-31-32).

Sólo a San Pedro le encarga confirmar a los demás Apóstoles de modo contrario a la triste apostasía en que caería desconociendo a Cristo; esto es: confirmarlos en el testimonio de la fe que ya antes había proclamado en Cesarea: " ... y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos" (Luc.XXII-32).

Esta confirmación, como lo indica el vocablo, no puede ser vacilante, dudosa, aproximada, cambiante, intermitente, tímida, cobarde, penumbrosa, latente, débil, insegura, probable, opinable, relativa, evolutiva, esclavizada, forzada ... Sino: firme, roborante, cierta, exacta, estable, continua, entera, clara, patente, fuerte, segura, absoluta, definitiva, evidente, libre, espontánea ... cual conviene a la Verdad.

Pues bien, quien así ha de declarar la verdad para confirmación de las mentes y las conciencias que, incorporadas a una Institución Sobrenatural, caminan hacia Dios; quien ha de hacer patentes las particularidades latentes en la Revelación y declararlas Dogmas de fe, debe gozar del Carisma de la Infalibilidad.

Y como el Primado de San Pedro mortal es inmortal, firme como la roca e indeficiente hasta la consumación de los siglos, el mismo San Pedro debe tener Sucesores, y éstos deben heredar el Primado con todas sus prerrogativas, para que la Iglesia no se mude, sino que permanezca substancialmente la misma, tal como Cristo la fundó.

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Esta es la demostración de la constitución esencial de la Iglesia, con su triple potestad de Orden, Magisterio y Régimen. Esta es la mejor refutación a los devaneos de Martín Lutero, quien, al rechazar el verdadero concepto de Iglesia, al evaporarlo con su falacia en que la presenta como espiritual e invisible y hasta incógnita, al independizarla de la presencia y ministerio de un hombre que posee poderes sobrenaturales recibidos de Cristo a través del Apóstol San Pedro:

a) echó por tierra la constitución jerárquica y monárquica de la Iglesia (Potestad de Régimen);

b) desconoció toda potestad de Orden o Santificación por la administración de la Gracia;

c) rechazó la potestad de Magisterio negándose a reconocer sus enseñanzas;

d) apostató del Espíritu Santo, que opera en el seno de la Iglesia a manera de Alma que 
vivifica al Cuerpo Místico de Cristo.

Con toda razón el Doctor Juan Eck, Sacerdote Católico que disputó personal y directamente con Lutero en la Universidad de Leipzig, puso broche de oro a su triunfal exposición refutando el último subterfugio del Heresiarca con estas palabras de Cristo: " ... si tampoco oye a la Iglesia, ténlo por gentil y publicano". (Cf.Mth.XVIII-17).


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Por todo esto, el Protestantismo recurrió a la Biblia y únicamente a la Biblia, y la convirtió en única regla suprema de fe, visible y tangible, pues sus fundamentos filosóficos son nominalistas y degeneran hoy en un crudo existencialismo.


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Mira, pues, Lector Católico, cuál es la raíz de muchos de los errores que propalan los protestantes: su desconocimiento total acerca de lo que es en realidad la Iglesia de Cristo.

a) De este desconocimiento surge su odio al Papa, a los Obispos y Sacerdotes, y el que motejen a la Iglesia Católica con los más ignominiosos epítetos.

b) Así se explica su rechazo del Magisterio Eclesiástico.

c) Esta es la raíz de su fanático apego a la letra de la Biblia, con desconocimiento de la Tradición Apostólica.

d) Esta es la causa de que cada secta protestante viva independiente y que cada adepto que albergan las sectas se sienta absoluto para la interpretación de la Biblia.

e) De aquí la proliferación incontenible de nuevas sectas y la divagación de las llamadas "teologías" protestantes, que deambulan desorientadas por caminos novedosos hasta caer en los extremos irreconciliables del Protestantismo Racionalista o del Pietista; del Protestantismo Dialéctico o del Neo-Protestantismo, de su retorno al Protestantismo Luterano-ortodoxo o al Reformado-Calvinista ... o de que muchos se hayan recrudecido en el Protestantismo Liberal o en el Racionalista destrozando con crítica despiadada la Inspiración y hasta los textos de la Biblia.

En cada tendencia se hallan soluciones nuevas, antiguas, recalcitrantes, indiferentes, aproximadas, ajenas, que cada quien aporta a los problemas doctrinal es que entre ellos permanecen indefinidos. Unos tienden al existencialismo fundamentándose en lo tangible trascendente, convirtiendo la Cristología en pura Soteriología; otros van al angelismo aislándose en su Iglesia Invisible y desentendiéndose de la problemática social; aquellos especulan con los dogmas y se pierden en embotadas sutilezas, achatadas a fuerza de terquedad; éstos se enfrascan en costumbres rigidísimas sin importarles las verdades fundamentales de la Religión; los vemos que practican ciertas liturgias y hasta algunas simulaciones de Sacramentos, y los vemos abandonar toda práctica ritual hasta el grado de excluir al Bautismo, que es, de por sí, indispensable.

En fin, que las contradicciones del mundo protestante se revuelven con su terjiversado concepto de Iglesia y se alborotan por falta de una Autoridad Doctrinal. La Biblia sola no los ha sacado de enredos, ni los sacará, pues aunque ciertamente es la Palabra de Dios, Dios mismo estableció un Magisterio que, conforme a la Tradición Apostólica, la cuidara de adulteraciones y la interpretara infaliblemente. Y este Magisterio se encuentra sólo en la Iglesia Católica Apostólica Romana.

Y ya hemos demostrado en el anterior inciso que, sin la Iglesia Católica, sin el Divino Depósito de la Revelación que Ella guarda, sin su Potestad de Orden, sin su Régimen y sin el Magisterio infalible del Romano Pontífice, los Protestantes de buena fe no conocerían la Biblia, ni tendrían la Biblia, ni leerían la Biblia, ni podrían morir en la Gracia de Dios.

martes, 27 de mayo de 2014

¿La Biblia sola? (cont.)


Posición Católica.

La realidad de la verdadera Iglesia fundada por Nuestro Señor y Redentor Jesucristo, es muy distinta de los parches mal remendados por ambos heresiarcas. Porque es lógico pensar -y así lo dice la Escritura que en asunto tan delicado cual es la salvación de todo el género humano, el Redentor de los hombres les daría un medio seguro y patente para que aprovecharan la Redención y se salvaran. Así pues, CRISTO FUNDÓ SU IGLESIA COMO SOCIEDAD SOBRENATURAL, PERFECTA, ÚNICA, VISIBLE, INDEFECTIBLE Y NECESARIA, VIVIFICADA POR EL MISMO ESPÍRITU SANTO.

Probemos nuestro aserto:

Cristo fundó su Iglesia: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mth. XVI-18), es decir, fundaré mi Iglesia.

Como Sociedad.- Porque es una unión moral y estable de muchos, que persiguen en común un fin honesto mediante los medios en esa comunidad propuestos.

Sobrenatural.- Porque sus fines son espirituales y sobrenaturales aunque se auxilie accidentalmente de medios naturales; le han sido dadas por Cristo potestades sobrenaturales: magisterio, régimen y administración de la Gracia por los Sacramentos, de suerte que nadie puede ser miembro suyo sin haber renacido a la vida sobrenatural por el Bautismo, con lo cual queda unido a la Iglesia por vínculos sobrenaturales de fe y comunión (= común unión).

Es Sociedad Perfecta.- Porque en su orden (el sobrenatural) no depende de otra sociedad y es suficiente para lograr sus fines: Sólo depende de Dios, que respalda plenamente lo que dentro de sus fines sobrenaturales haga para salvación de las almas. En otras palabras, puede actuar y alcanzar sus fines sobrenaturales sin dependencia ni intermedio de nadie.

La actuación de los Apóstoles no deja lugar a duda. San Pedro y San Juan proponen un dilema a los Sanhedritas que trataban de interferir el cumplimiento de su misión sobrenatural pero visible y palpable con los hombres: "Si es razón delante de Dios eschucharos a vosotros antes que a Dios, juzgadlo vosotros mismos" (Act.IV-19). "Menester es obedecer a Dios antes que a los hombres" (Ib. V-29). En el Concilio de Jerusalén los Apóstoles obran bajo la sola dirección del Espíritu Santo y declaran: "Pareció al Espíritu Santo y a nosotros ... " (Act. XV-28). San Pablo se presenta como "Apóstol, no de parte de hombres ni por mediación de ningún hombre, sino por Jesucristo y por Dios Padre" (Gál.I-1); y enseña a los Efesios que la selección de la Jerarquía Eclesiástica y la repartición de Carismas para edificación de la Iglesia, vienen sólo de Dios. (IV-11-sgs.; Cf.I Cor.XII-4-11).

Es Única.- Porque Cristo dijo que fundaría su Iglesia, hablando en singular, caracterizándola por la unidad de los Apóstoles y discípulos entre sí (Cf.Jn.XVII-21) y representándola como un solo rebaño bajo un solo Pastor. (Cf.Jn.X-16).

Y aunque el Apóstol San Pablo nos comenta su "solicitud por todas las Iglesias" (II Cor. XI-28), no se refiere a muchas distintas, sino a la misma Única, repartida por todo el mundo entonces conocido, que constituía, como hoy, una sola por su hermética unidad de credo, de culto y de régimen.

Además, si la Iglesia de Cristo es Perfecta, sólo puede ser Única, pues la perfección en la misma línea sólo se halla en un solo ente; si fueran varios o por lo menos dos perfectos, cesaría toda perfección, porque el uno se distinguiría del otro por algo, y ese algo lo tendría uno y no el otro; de donde uno solo sería el perfecto.

Es Visible: 

a) de jure, porque ha sido instituida entre los hombres y en favor de los hombres, los cuales no pueden asociarse sino visible y palpablemente.

b) de facto, porque sólo podría ejercer visiblemente sobre hombres visibles y tangibles, su triple potestad de enseñar, gobernar y santificar; y sólo visiblemente pueden los hombres corresponder con su profesión de fe, su obediencia y su comunicación con lo Sagrado.

Y así, los Apóstoles fueron congregados e instruidos visiblemente por un Cristo visible; sobre un Pedro visible se propone fundar su Iglesia. Y los Apóstoles, a su vez, reunieron discípulos visibles que visiblemente recibieron y practicaron sus enseñanzas, ¿No habéis contemplado a los fieles llevando sus bienes a los pies de los Apóstoles para que fueran utilizados en beneficio de una Iglesia visible? ¿Y no os estremecéis cuando el Espíritu Santo impone un castigo corporal a Ananías y Safira porque pretendían engañar a su Representante visible en la tierra? (Cf.Act.V-1-11).

Lo que se ve en la tierra (comunidad, organización, Jerarquía, medios naturales, etc), es lo visible. Lo que de ella se cree (su divina institución, potestad de santificar, etc), lo que en ella se contiene y entrega (Gracia) es lo invisible, que a través de lo visible (Jerarquía, Sacramentos) se entrega a los hombres por su cuerpo y sociedad invisibles por su alma, por su fe; mas con base en lo visible (cuerpo, reunión, actitud y obras conducentes y testificantes de fe viva). Porque para ser fácilmente hallada y discernida por quienes la necesitan para ser salvos debe ser notoria y visible con una visibilidad y notoriedad que sean a la vez argumento de credibilidad.

Es Indefectible.- Urge declarar la indefectibilidad de la Iglesia porque los protestantes, sabiendo que sus sectas no existían antes del S. XVI, propugnan la defectibilidad de la Iglesia, por lo menos en su forma visible, permaneciendo oculta la invisible. Tratan con esto de justificar la ausencia total del Protestantismo desde la muerte de los Apóstoles hasta la rebelión de Lutero. Otros, para justificar la falsa Reforma Protestante, la quisieran evolucionable de tal modo que cada vez se apartara más y más de su ser primitivo y auténtico.

Mas la Iglesia verdadera no ha dejado jamás de existir: permanece la misma desde los Apóstoles hasta nuestros días y permanecerá la misma hasta el fin de los tiempos. "De otra suerte, o no hubiera sido eficaz el propósito de Cristo, o hubiera errado al declarar solemnemente que las puertas del infierno no prevalecerían contra ella" (Pío XL-Enc. Mortalium Animos).

En efecto consta históricamente que la Iglesia es indefectible por la permanencia inalterable de sus elementos constitutivos: su Jerarquía en ininterrumpida sucesión, el constante ejercicio de su Magisterio, la perenne aplicación a la salvación de las almas mediante la administración de la Gracia divina ... Y pues ha sido Instituida para los hombres, durará sobre la tierra mientras dure el género humano: " ... y será predicado este Evangelio del Reino en todo el orbe, para que sirva de testimonio a todas las gentes; y entonces vendrá el fin" (Mth.XXIV-14).

Mas no sólo es indefectible, sino también Necesaria; por cuanto la verdad, que es necesaria para conocer a Dios, se encuentra en Ella, y la Gracia, que es indispensable para salvarse, sólo se obtiene en el seno de la verdadera Iglesia.

Esta es la lógica conclusión de las palabras de Cristo que en el Evangelio de San Marcos (XVI-16) manda el Bautismo bajo pena de condenación: el Bautismo por El instituido y como El lo instituyó. El cual Bautismo infunde la Gracia Santificante, incorpora a Cristo en su Cuerpo Místico que es la Iglesia. A ésta debe incorporarse quien a Cristo quiera incorporarse, puesto que una incorporación invisible a Cristo no constaría y quedaría expuesta a las ilusiones del subjetivismo; ni cumpliría los deseos de Cristo que instituyó su Iglesia para hombres formados de cuerpo y alma.

Esta pertenencia debe ser real cuando nada impide la incorporación; o deseada (in voto), cuando algún impedimento invencible impide agregarse visiblemente, o bien, cuando una ignorancia invencible e inculpable impida un claro discernimiento.

De tal modo que si alguien, habiendo recibido la evangelización, sin impedimento alguno y en pleno uso de sus facultades, perfectamente libre y lúcido para discernir y escoger, capta con la ayuda de la Gracia la evidencia de la veracidad y necesidad de la Iglesia, y sin embargo rehúsa incorporarse a Ella, y muere en su rechazo, no tendrá salvación.

Y paralelamente, si alguien, cristiano separado, impedido externa e internamente, jamás oyó nada de la Iglesia o lo oyó deformado y adulterado, no es capaz de discernir pero sigue a Cristo sinceramente y persevera en su buena fe hasta la muerte, alcanzará la Gracia, y esta Gracia le incorpora al alma de la Iglesia. La cual se extiende a donde se extiende la Gracia Santificante y morirá en la Iglesia y se salvará.

Dígase lo mismo de los paganos que guardan la ley natural. (Cf.Rom.II-14-15).

Así se entiende el antiguo axioma: "Fuera de la Iglesia no hay salvación".

Ahora bien, la Iglesia no es un cuerpo muerto ni una fría institución, ni algo material por ser visible, sino que está vivificada por el Espíritu Santo, que obra en Ella como si fuera su alma. La Iglesia no podría cumplir su función específica de vivificar las almas ni administrar la Gracia, si el Espíritu Santo, Autor de la Gracia, no obrara en Ella. (Cf. I Cor.XII-13).

Sin el Espíritu Santo vivificador, la Iglesia no sería Iglesia. Pues así como el Espíritu Santo llena a Cristo Redentor (Cf. Luc.IV-18;21 Is.LXI-1;Jn.I-32-34) y Cristo es Cabeza de la Iglesia, ésta, que es el Cuerpo Místico de Cristo, vive de la misma vida de Cristo, informada del Espíritu Santo como el alma informa al cuerpo para que viva. (Ef.IV-4).

No se quiera inferir de aquí que haya dos Iglesias, la una visible y la otra invisible; la primera terrena y la otra espiritual; sino que es una sola con doble esencialidad, por ser esencialmente visible y al mismo tiempo esencialmente sobrenatural, siendo así una sola Institución Divina.: "... porque en un mismo Espíritu todos nosotros fuimos bautizados, ya judíos, ya griegos, ya esclavos, ya libres, en razón de formar un solo cuerpo. Y a todos se nos dió a beber un mismo Espíritu". (I Cor.XII-13).

Es este el Espíritu Divino "que habló por boca de los Profetas", y como allí donde opera, calienta y resplandece, no sólo depositó en la Iglesia el fuego de la Gracia, sino también la luz de la Verdad. Ha confiado a la Iglesia verdadera el Depósito de la Revelación, para que lo preserve de todo error y lo manifieste a los hombres en ejercicio de su potestad de Magisterio; es decir, conforme al sentido auténtico y a la intención del Espíritu Santo. Una sola tenía que ser la Autoridad, uno solo el Magisterio, para evitar que cada cerebro elaborara su propio sistema, como ocurrió desgraciadamente en la Protesta, dada la libertad con que cada quién interpreta por su cuenta la Palabra de Dios.

"¡Oh Timoteo! -increpa el Apóstol San Pablo a su discípulo preferido- Guarda el depósito dando de mano a las profanas palabrerías y contradicciones de la mal llamada ciencia, de la cual algunos, haciendo alarde, erraron en la fe". (I Tim.VI-20).


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Después de haber probado punto por punto la aserción principal, centraremos nuestra atención en el aspecto visible y perfecto de la Sociedad sobrenatural que el mismo Cristo llamó "Iglesia".

Por ser sociedad perfecta de institución divina, necesariamente debe tener una Autoridad. Así fue provista por el mismo Cristo, quien puso al Colegio Apostólico para enseñar, administrar la Gracia y gobernar; y sobre los Apóstoles puso a San Pedro como Vicario suyo y responsable de los fieles y de los mismos Apóstoles.

Es esta una autoridad plena en orden al tipo de Sociedad por la que son investidos, porque abarcan el ejercicio de una triple potestad: la de Orden (Ministerio), la de Magisterio (Enseñanza) y la de Régimen (Gobierno).

Las características de esta triple potestad se hallan sintetizadas en el mandato final de Cristo:

"DIOSEME TODA POTESTAD EN EL CIELO Y SOBRE LA TIERRA. ID, PUES, Y ADOCTRINAD A TODAS LAS GENTES, BAUTIZÁNDOLAS EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO, ENSEÑÁNDOLES A GUARDAR TODAS CUANTAS COSAS OS ORDENE. Y SABED QUE YO ESTOY CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS HASTA LA CONSUMACIÓN DE LOS SIGLOS". (Mth. XXVIII- 19-20).

Cuya explicación es la siguiente:

Dióseme toda potestad en el cielo y sobre la tierra.- (Cf. Act.II-33-36; Ef.I-20-23).- Preámbulo solemne, marco de majestad y poderío para un mandato esencial e indispensable que pone en juego toda la economía de la Redención.

Id, pues, - "pues", ilación derivativa que indica de dónde y con qué base viene el mandato Imperativo y solemne: "Id".- Misión divina: "Como mi Padre me envió, también Yo os envío (Jn.XX-21) (Potestad de Régimen).

y adoctrinad.- "y" une el mandato con el oficio: "id y enseñad".- Ir: traslado personal para enseñar personalmente con comunicación de persona a persona, con enseñanza oral que constituiría la Tradición Apostólica; enseñanza inspirada a la que se juntarían los escritos inspirados del Nuevo Testamento.- Se confiere aquí la potestad de Magisterio: la docencia queda en posesión de la doctrina, el mensaje ha de ser administrado por el Mensajero: capacidad de la Iglesia para interpretar la Tradición y la Biblia.

a todas las gentes.- A todas las razas de todos los tiempos y en todos los lugares.- Universalidad local y temporal de la misión.- Catolicidad de la Iglesia, universalidad de la potestad apostólica.

bautizándolas.- Facultad para administrar los Sacramentos: Potestad de Orden.- Esta potestad ya les había sido conferida por Cristo en el Cenáculo cuando les dió poder y mandato de celebrar el Sacrificio Eucarístico, y días después, ya resucitado, cuando les dió con el poder del Espíritu Santo, potestad de perdonar los pecados. (Cf.I Cor. XI-24-25; Jn. XX-22-23).- De aquí que, constituidos Ellos y sus legítimos Sucesores como "Ministros de Cristo y Dispensadores de los Misterios de Dios" (I Cor. IV-1), sean administradores de la Gracia en favor del pueblo fiel. El pueblo, por razón de su Bautismo, ha sido constituido en orden al culto divino con un Sacerdocio común a todo bautizado; pero los Ministros han recibido en el Sacramento del Orden el Sacerdocio Ministerial, esencialmente distinto del Sacerdocio común de los fieles. (Cf.Vat. II,L.G.-10).

en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.- Entrega del Misterio básico de nuestra Fe Cristiana: suma de las relaciones de Dios con el hombre y del hombre con Dios: Creación, Redención, Santificación.- De la Augusta Trinidad deriva la potestad Apostólica, pues la ejercen en Su Nombre.

enseñándoles a guardar todas cuantas cosas os ordené.- No sólo deben enseñar los dogmas de la fe sino también los de la moral. Deben, además, establecer las bases visibles de la Iglesia, fundamentándola en prácticas que, por ser indispensables para su establecimiento y desarrollo, se llaman "Constitutivas", tales como las ceremonias del Culto Divino.- Así queda especificada la potestad de Orden y la de Régimen.

Y sabed que Yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos.- Presencia y asistencia perpetua de Cristo sobre la Iglesia.- Representación personal de los Apóstoles por la Persona de Cristo.- Respaldo de Cristo en el cielo a cuanto los Apóstoles ejerzan en la tierra para bien de la Iglesia y de las almas.- Perpetuidad de la Misión Apostólica.- Indefectibilidad de la Iglesia.

¿La Biblia sola? (cont.)

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Y para que no haya confusiones en la mente de los Protestantes ni tomen pretexto para interponer sus interminables objeciones, transcribiremos un texto claro y luminoso del Concilio Vaticano II, en que se proclama la fe y la práctica bi-milenaria de la Iglesia Católica:

"La Tradición y la Escritura están estrechamente unidas y compenetradas; manan de la misma fuente, se unen en un mismo caudal, corren hacia el mismo fin. La Sagrada Escritura es la palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo. La Tradición recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los Apóstoles, y la transmite íntegra a los sucesores, para que ellos la difundan fielmente en su predicación. Por eso la Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado. Y así, ambas se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción.

La Tradición y la Escritura constituyen el depósito sagrado de la palabra de Dios confiado a la Iglesia ...

El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado únicamente al Magisterio de la Iglesia, la cual lo ejercita en nombre de Jesucristo. Pero el Magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido; pues por mandato divino y con asistencia del Espíritu Santo, lo escucha devotamente, lo custodia celosamente y lo explica fielmente ...

Así pues, la Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el plan prudente de Dios, están unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros ... " (Dei Verbum, 9 - 10).


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b) LA IGLESIA.

Este último texto del Concilio Vaticano II, su análisis y la clara exposición de los oficios de la Iglesia, nos guía, como por la mano, al segundo gran error de los Protestantes, raíz de otros muchos errores, y es la concepción que ellos se han forjado acerca de lo que es la Iglesia.


Posición Protestante.


Según Lutero -y otros muchos que le siguieron - la Iglesia verdadera es la que forman las almas de quienes creen en Cristo y a quienes, por su fe, les ha sido  ya imputada la justicia de Cristo (Lutero) y son predestinadas a la Gloria (Calvino).

De dónde (según ellos), la Iglesia es invisible, consta de miembros justos por la imputación de los méritos de Cristo (Lutero) o predestinados (Calvino). No es visible porque dicha imputación y dicha predestinación sólo son conocidas por Dios, no por los hombres. A esta Iglesia la llaman "Iglesia de las Promesas" y dicen que fue instituida por Cristo. (Aquí encuentran muchos protestantes a sus ascendientes de herejías, desde Huss y Wiclef, hasta Montano y Marción).

Sin embargo, (añaden) esta Iglesia invisible adquiere forma visible por la predicación de la Palabra y la administración de los Sacramentos. Mas como Cristo la instituyó invisible, la visible no es indispensable.

No obstante, y por conveniencia de orden y utilidad, se reconoce a un correligionario para que encabece y presida a los demás.

Este correligionario no es Sacerdote, porque no ejerce ningún Ministerio ni es distinto de los demás, sino uno igual a todos. Ya que todos participan del Sacerdocio de Cristo y cada uno lo ejerce en sí mismo por la fe.

La potestad radica en todos, y todos delegan esa potestad en el que ha sido elegido para presidir a la Comunidad. De la misma manera Que se la han dado, la pueden revocar, y volverá, el que antes presidía, a su lugar de simple fiel para obedecer a otro.

Mas su elección y presidencia no han añadido nada al elegido que preside. No existe el Sacramento del Orden, ni Sacerdocio, ni Carácter Sacerdotal. Todos los fieles son iguales con el sacerdocio común participado de Cristo. El único Pontífice Eterno, la única potestad suprema es Cristo.

Lutero puso su secta bajo la potestad de los Príncipes regionales. Del concepto igualitario que la Iglesia luterana tenia de sí misma, y bajo la presión de la infiltración Calvinista, derivarían el derrocamiento de los Reyes y la institución de la moderna democracia republicana; pues, como afirma Louis Blanc al hablar de la transformación de las estructuras sociales hasta degenerar en el Comunismo: "todo Lutero religioso llama inevitablemente tras sí a un Lutero político".

Aquello de la "Iglesia Invisible y espiritual", ya lo habían inventado antes los Donatistas, herejes del S. IV; lo repitieron los Pelagianos en el S. V; lo reprodujeron los Valdenses a partir del S. XIII, y en el S. XIV lo enseñó Juan Wiclef, hereje inglés, quien lo heredó a Juan de Huss, del S. XV, propagador del Wiclefismo en Bohemia y Moravia. De este modo llegó a Lutero, el cual, a pesar de las repetidas condenaciones que de esta herejía hizo el Magisterio Eclesiástico por Papas y Concilios, la resucitó y la hizo suya (como a muchas otras) y le dio cuerpo en la práctica para apoyar y justificar su enfrentamiento con el Papa.

Al abandonar a la Iglesia visible, Lutero recurrió al apoyo existencial de la Sagrada Escritura, como hemos visto en el inciso anterior, y en último término se constituyó a sí mismo en su propia autoridad y magisterio, negando y afirmando a capricho y dando por sí mismo inspiración e interpretación arbitraria a la Palabra de Dios.

Por eso hemos afirmado que de la exclusiva dependencia de la Escritura como única Regla de Fe, y de la libre interpretación del Texto Sagrado, que son características patentes e inmutables del Protestantismo, llegamos a la causa de esta herejía: el rechazo de todo dogmatismo transmitido por un hombre que Lutero consideró igual y hasta peor que los demás hombres, por erigirse en autoridad, pontífice y oráculo frente al mismo Cristo. (Así argumentaba Lutero).

La evolución doctrinal, propiciada por la libre interpretación de la Biblia, diversificaría esa idea de Iglesia. Y así, unas sectas conservarían la idea primitiva, (luteranos ortodoxos), otras la reconocerían visible en cada congregación protestante (Congregacionalistas); otras más instituirían encomiendas (diaconías), senados (prestiberios) e inspectorías (obispados); esta secta distribuiría estos oficios conforme el significado etimológico de las palabras, aquella resucitando el esplendor litúrgico, resabios del Catolicismo, pero negando el Ministerio y la sobrenatural potestad que a cada Orden corresponde; o bien, reconociéndolos en vano, como los Anglicanos, pues por no depender de Roma ni confesar sus inicios cismáticos ni la invalidez de sus ordenaciones, se autoproclaman Iglesia Paralela a la Romana y a la Ortodoxa de Oriente, recurriendo a la mentira de haber sido fundados y ordenados directamente por el Apóstol San Pablo (se entiende que por piratería y a espaldas del Apóstol San Pedro).

Pero todas las sectas, en el fondo, siguen los lineamientos generales dictados por Lutero y sagazmente reglamentados por Calvino, los cuales ya han sido expuestos en los párrafos iniciales.


domingo, 25 de mayo de 2014

¿La Biblia sola? (cont.)

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Tomemos ahora un recurso práctico para enseñar a los Protestantes el valor y la necesidad de la Tradición Apostólica y del Magisterio Eclesiástico. Si no saben responder a estas tres preguntas, o por lo menos a una sola, caerá por tierra el fundamento de todo su sistema teológico:

Primera pregunta: Sobre la Divina Inspiración de la Biblia.- ¿De dónde sabéis que ese Libro tan venerado por vosotros es la Palabra de Dios?

Si traéis a colación palabras en que la Escritura diga de sí misma ser Palabra de Dios, pecáis contra la lógica, pues no puede probarse con aquello mismo que debe ser probado. En sana filosofía este argumento se llama "petición de principio" y es rechazado como falso.

Mas si a pesar de no poder probar con la Escritura seguís defendiendo la Biblia como Palabra de Dios es que Alguien divinamente autorizado -que no era la Escritura- os dijo y enseñó que esa es Palabra de Dios. Ese Alguien fue la Tradición Apostólica conservada por la Iglesia Católica, a la que tanto odiáis.

Porque Martín Lutero y Compañía nunca entraron en discusiones sobre si la Biblia era o no era la Divina Palabra; sino que, dándolo por sentado, se apoyaron en Ella: de los labios de la Iglesia habían aprendido su divina inspiración, y no dudaron, porque la reconocieron como administradora del Mensaje de Cristo. Y con esta actitud reconocieron de hecho la Tradición Apostólica y el Magisterio Eclesiástico, aunque de palabra los negaran.

De vuestros Fundadores recibísteis la Escritura y éstos la sustrajeron fraudulentamente de la Iglesia Católica, que la había conservado íntegra y pura. Luego con el hecho de apoyaros en la Biblia, con la certeza de que es Palabra de Dios, hacéis honor a la Tradición Apostólica ya la Iglesia que os la conservó. ¡Y sin Ellas vuestro sistema teológico no subsistiría!

Segunda pregunta: Sobre el Cánon de la Biblia.- Vosotros habéis cercenado de la Biblia los Libros especulativamente llamados "Deuterocanónicos" y afirmáis que son falsos (apócrifos) porque contradicen vuestras herejías. Así Lutero llamaba "Epístola de hojarasca" a la del Apóstol Santiago sólo porque desmentía su falaz interpretación de la Epístola a los Romanos. Por cuenta propia negó la inspiración de Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis.

Poco a poco habéis corregido a vuestro Maestro incorporando nuevamente al Nuevo Testamento los Libros que él había reprobado, hasta restaurarlo en su integridad. Y esto, ¿sobre qué pauta o por enseñanza de quién? (Porque la Biblia no nos presenta una lista de los LIbros Santos) ¿No fue acaso sobre la pauta de la Tradición Apostólica, que nos transmite la lista íntegra de los Libros, y por enseñanza de la Iglesia, que nos entrega dicha Tradición, de esa Iglesia que a pesar de vuestros ataques los conservó tal como Ella los había recibido?

Al mostrar, pues, vuestras Biblias con un Nuevo Testamento íntegro, hacéis nuevo honor a la Tradición Apostólica y al Magisterio de la Iglesia que os lo conservo, y así os lo enseñó desde vuestros inicios.

Pero la pregunta subsiste para los Deuterocanónicos del Antiguo Testamento. La respuesta oficial de las sectas es que nunca fueron admitidos por los judíos, y que, siguiendo el ejemplo de los judíos, los han cercenado.

En este punto se nos presenta un caso curioso: los protestantes, que rechazan con furia el Magisterio Eclesiástico, aceptan dócilmente las falacias de los enemigos Jurados de Jesucristo. Porque al negar sin pruebas que tales Libros son inspirados, al calumniar a la Iglesia de haberlos añadido arbitrariamente, caen en el peor de los engaños sugerido por su recelo y desprecio al Magisterio Ecleslástico: acudir a los judíos y preguntarles qué Libros deben recibir por inspirados.

Sépanse los Protestantes:

1º.- Que los libros Deuterocanónicos siempre fueron recibidos por inspirados entre los judíos de Palestina, así como lo fueron siempre entre los judíos Alejandrinos, Sin que jamás hubiera habido reclamo del Sanhedrín contra sus correligionarios radicados en Alejandría.

2º.- Que después de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo, al saber los judíos de Palestina que los Cristianos habían tomado como oficial la colección que usaban los Alejandrinos y hacían entre éstos numerosas conversiones, se propusieron rechazar esta Colección con el pretexto de que se había alterado la traducción de los LXX por adulteraciones cristianas y que se habían introducido Libros y Pasajes no reconocidos.

3º.- Que después de la destrucción de Jerusalén, concibiendo un odio encarnizado contra Jesucristo, que la había profetizado, los Escribas y Fariseos y los mismos Saduceos se reunieron en Sínodo el año 90, llamado "Sínodo de Jamnia", para restaurar su nación y evitar las conversiones al Cristianismo. Y allí, con falacias y fútiles pretextos, proscribieron como no inspirados los Libros que hoy llamamos Deuterocanónicos, y esto por odio a Nuestro Señor Jesucristo y a su Iglesia.

Pues bien, al segregar de sus ediciones bíblicas los llamados Libros Deuterocanónicos, los protestantes se convierten en instrumentos ciegos del judaísmo, creando divisiones y disputas interminables, y esto como consecuencia de haberse dado el gusto satánico de rechazar al Magisterio Católico, que sin dolo y sin engaño expone con verdad infalible lo que la Tradición Apostólica le enseñó sobre el Cánon de la Biblia.

Así se pierden de gran parte de la Revelación, se encastillan en un círculo estrechísimo (sólo los Protocanónicos) y ponen un abismo entre sus sectas y la verdad depositada por Jesucristo en Su Iglesia Católica.

Tercera pregunta: Sobre el "Libre Examen".- Por lo que hace a la libre interpretación de la Biblia, os pregunto: ¿Os parece honrado abandonar la Palabra de Dios a la interpretación particular de cada lector exponiéndolo a quedarse en la sola materialidad del sentido literal, a no entender los pasajes difíciles y a errar en materia tan delicada?

Para la interpretación de la Biblia Dios instituyó un Magisterio infalible cuando dijo a San Pedro: "Confirma a tus hermanos" (Luc. XXII-32); a todos los Apóstoles: "El que a vosotros oye, a mí me oye" (Luc. X-16), y definitivamente: "Id, pues, y haced discípulas a todas las naciones" (Mth. XXVIII-19).

Si todos se convierten en maestros de sí mismos ¿cómo podrá ejercerse este magisterio que radica en San Pedro y los Apóstoles, y después en sus legítimos Sucesores? 

Diréis con desplante luterano que todos somos hijos de Dios con los mismos derechos a ser iluminados para entender su palabra.- Os respondo -y lo probaré en el siguiente inciso- que Cristo no instituyó una democracia ni menos un comunismo espiritual, sino una sociedad Jerárquica y que ha depositado sus poderes en sus Ministros y Representantes, de modo tal que, quien acuda a ellos, tendrá la garantía de que son respaldados con asistencia y sanción divinas: "Cuanto atáreis sobre la tierra, atado será en el cielo, y lo que desatáreis sobre la tierra, desatado será en el cielo" (Mth. XVIII-18), sujeta esta potestad al Primado de jurisdicción que antes había depositado en San Pedro. (Cf.XVI-19).

¿Que la Biblia es clara y quien la lee no necesita asesores? -Leed en los Hechos de los Apóstoles el pasaje del Eunuco de Candace: interrogado por San Felipe si entendía lo que leía, respondió: ¿y cómo podré entenderlo si no hay uno que me guíe?" (Act. VIII-31).- y como regla general oíd lo que escribió San Pedro: "... sabiendo esto ante todo: que toda profecía de la Escritura no es obra de la propia iniciativa; que no por voluntad de hombre fue traída la profecía, sino que, llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios" (II Petr.I-20.21). Luego no puede ser interpretada por iniciativa privada.- Y en cuanto a los pasajes obscuros nos advierte del peligro cuando trata sobre las Epístolas de San Pablo: "... en las cuales hay algunas cosas difíciles de entender, las cuales los indoctos y poco asentados tuercen, lo mismo que las demás Escrituras, para su propia perdición" (II Petr.III-16).

El testimonio interno de la fe luterana se hace tan impersonal, que aisla a sus sectarios. Al rechazar las decisiones del Magisterio Eclesiástico se convierte en abstracta y subjetiva, y se torna tan fanática, que recusa hasta el ejercicio del raciocinio. Por eso el "teólogo" protestante Rudolf Bultmann ha llegado a desligar de su "Cristo-Mensaje" los milagros y hasta la misma Resurrección de su "Cristo-histórico", por ser argumentos probativos y bases para la fe; pues según su sistema, la profundidad de la fe se mide por su falta de pruebas, ya que toda prueba debilita la fuerza de la fe. Así habla el Protestantismo.

Mas el Catolicismo oye la voz del Verbo Encarnado y le agradece humildemente los muchos argumentos de sus milagros (Cf.Act.I-3) y el Oráculo que, en la Infalibilidad Pontificia, instituyó para inteligencia de la Revelación. Escucha atento sus decisiones por ser la voz de Cristo (Cf. Luc. X-16), quien por ese medio le abre el sentido de las Escrituras mientras va por el camino de esta vida. (Cf. Luc.XXIV -32).


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