lunes, 21 de abril de 2014

Via crucis y via matris (cont).

VIII ESTACIÓN.

(Treinta y cinco metros adelante, frente al campo abierto).

JESÚS CONSUELA A LAS PIADOSAS MUJERES.

(Besando tierra. - Adorámoste ...)



"Nolite flere super me, sed super vos ipsas flete, et super filios vestros".
"No lloréis sobre mí, sino llorad más bien sobre vosotras mismas y sobre vuestros hijos" (Luc. XXIII-28).



Agradece, alma mía, la generosidad de tu Salvador. Al ver la fidelidad y las lágrimas de un grupo de mujeres piadosas que lloraban desconsoladas la humillante condición a que ha quedado reducido el Varón de Dolores y su inminente muerte, no pondera sus tormentos ni se refugia en la condolencia; antes olvidando generosamente su propio dolor, se duele de la amargura del pecado que le ha valido esta sentencia.

Pondera que, mientras llores los efectos y no detestes las Causas, en vano te lamentas. Llorar la Pasión de Cristo y hacer paz con el pecado es gran contradicción, pues el pecado es la causa de tan acervos dolores, y tantas veces crucificas a Cristo en tu corazón cuantas son las que te entregas a pecar (Cf. Hebr. VI-6).

Pero el dolor de Cristo va más al fondo cuando señala que es más de lamentarse la eterna condenación de aquellos que, desperdiciando o tal vez rechazando su divino victimato, prefieren precipitarse a la condenación eterna.

¡Oh misterio profundo el de la libertad humana! ¡Y el mundo entero se encamina a la condenación! Es tiempo aún de detenerlo. Danos, Señor, lágrimas de penitencia. Que caiga sobre el mundo tu Sangre Redentora.

(Meditación... "Señor, pequé ... etc. ").



IX ESTACIÓN.

( Al subir la colina )

JESÚS, CAE POR TERCERA VEZ.

(Besando tierra. - Adorámoste ...)


"Et positis genibus, orabat". 
"Y puestas en tierra las rodillas, oraba" (Luc. XXII-41).

Por tercera vez, la Omnipotencia que sostiene y rige al Universo, cae en su Humanidad, rendido por el dolor, la carga y la debilidad de sus agotados miembros. Sus santas rodillas, su pecho amoroso, su rostro divino, tocan el polvo con estrépito que alegra y alarma a sus enemigos: los alegra diabólicamente porque le ven derrotado; los alarma porque recelan que no podrán darse el placer satánico de crucificarle.

Pero esta tercera caída encierra un misterio tres veces revelado en este viacrucis. Que el Hijo de Dios bajó de los cielos a la tierra y la tocó con su Cuerpo divino; que el Verbo Eterno se hizo hombre tomando nuestra humana y terrena naturaleza, y que la humillación de Jesucristo hasta besar el polvo es una expiación meritoria ante el Padre.

Así lo hizo en el huerto con la misma intención, como nos lo refiere San Lucas: "e hincando en tierra las rodillas, oraba". Aquí también la postración de Cristo es oración meritoria y satisfactoria por nuestra salud. Allá, con angustia de agonía; acá, con dolores de muerte. Pero aquí y allá en fuerza de un victimato redentor.

De tierra formaste al hombre, Señor: (Cf. Gén. II-7); con la tierra y tu saliva le abriste los ojos a tu luz (Cf. Jn. IX-6), y besando a la tierra de que fuimos formados y curados, ahora lo redimes. Da a mi cuerpo volver al seno de la tierra habiendo gozado los frutos de tu redención.

(Meditación... "Señor, pequé ... etc. ").



X ESTACIÓN.

( En la cima del Calvario. Hoy, dentro de la Basílica).

DESPOJAN A JESÚS DE SUS VESTIDURAS.


(Besando tierra.- Adorámoste ...)


"Et dabant ei bibere myrrhatum vinum, et non accepit". 
"Y le daban vino mirrado; mas El no lo aceptó". (Mc. XV-23).



Mira, alma mía, al Buen Jesús que con ánimo esforzado y venciendo todos los dolores ha llegado finalmente a la cima del Monte Calvario.

Mientras los verdugos aprestan los instrumentos de la ejecución, unas piadosas matronas le ofrecen una mixtura de vino y mirra para que su efecto enervante, adormeciendo los nervios, enajenara la conciencia y disminuyera al dolor de la crucifixión. Pero El lo rehúsa porque está dispuesto a enseñar a la juventud la sobriedad, y a beber hasta las heces el cáliz de dolor que le da su Padre.

Contempla cómo con desprecio y brusquedad, los soldados le despojan de sus vestiduras y, con ellas, del coágulo que detenía la sangre de las heridas de la flagelación. ¡Qué dolor!

Pero el dolor se añade la confusión del purísimo Jesús al verse descubierto ante la multitud, y sólo por una disposición de la Providencia se le conceden los lienzos indispensables del pudor.

Esta afrenta permitióla el Señor para expiar los pecados de impureza, la desvergüenza de tantos cristianos sin pudor.

Y así, enseñando prácticamente la expiación en sobriedad y en pureza, enseña a la juventud los medios que la librarán de la disipación, del enajenamiento, de la lujuria tan fomentada por Satanás.

¿Osarás levantar tus ojos ante la Víctima Inocente?

(Meditación... "Señor, pequé ... etc. ").



XI ESTACIÓN.

( Del punto anterior, a dos metros hacia el Este.)


JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ.


(Besando tierra. - Adorámoste ...)


"Crucifixerunt eum". 
"Lo crucificaron" (Jn.XIX-18).



Ha llegado el momento terrible por tantos años esperado y deseado por el Redentor.

Lo esperó desde su entrada al mundo, pues para eso había venido: "Héme aquí" (Ps. XXXIX-8); lo deseó en fuerza del celo con que buscaba tu redención por el derramamiento de su Sangré, según sus propias palabras: "Con bautismo tengo de ser bautizado, ¡y qué angustias las mías hasta que se cumpla" (Luc. XII-50). Mas no por su espera y deseo pierde su horror: los Evangelistas sólo consignan esta palabra: "lo crucificaron", porque ella sola encierra todo el dolor, toda la angustia, todo el tormento que un ser humano puede recibir en esta vida.

Considera, alma mía afligidísima, el sacrificio del Cordero de Dios para borrar tus pecados y los de todo el mundo (Cf. Jn. I-29), y piensa que de este sacrificio dependió la redención de todas las generaciones. Bien hubiera podido redimirte sin abandonar el seno del Padre, con sólo pedirlo; pero lo que bastó a su omnipotencia no satisfizo a su amor. Y aquí le tienes: después de sufrir crueles tormentos se entrega humildemente a la muerte poniéndose calladamente en manos de los verdugos, como un corderillo que no bala frente a quienes lo esquilan (Cf. Is. LIII-7).

¡Oh Rostro doliente de mi Señor, oh Cabeza atormentada, oh Espaldas desgarradas que yacéis sobre el tosco leño sosteniendo el Cuerpo entero mientras los verdugos clavan Pies y Manos a golpe de martillo! Ojos divinos que, a través de los grumos de sangre, contempláis el Cielo como para penetrar hasta el Trono del Altísimo, ¿qué miráis ante el Acatamiento divino? ¿qué misterios de justicia eterna y de amor infinito se entrelazan en este momento supremo de mi Redención?

(Meditación... "Señor, pequé ...)


XII ESTACIÓN.

( Cuatro metros al Norte - Este del punto anterior. )


JESÚS MUERE EN LA CRUZ.


(Besando tierra. - Adorámoste ...)


"Et,inclinato capite, tradidit spiritum". 
"E inclinando la cabeza, entregó el espíritu" (Jn. XIX-30).



Durante tres horas, desde sexta hasta nona, Jesús se debate en agonía. Densas tinieblas milagrosamente aparecidas en el Calvario, en la ciudad deicida y en todo el mundo, han mostrado el dolor de la naturaleza ante la agonía de Su Creador. Son las tres horas del Sacrificio en que, por una parte, el infierno vuelca sobre El su odio, su furia y sus horrores, y por otra el cielo se conmueve, los Ángeles lloran, por primera y única vez; el Padre Celestial, contemplando el rostro agonizante de su Cristo (Cf Ps. LXXXIII-10), rasga, conmovido, la sentencia condenatoria lanzada en el paraíso contra la raza de Adán. Jesús ha dado satisfacción plena a la justicia divina desde la encarnación hasta la cruz: "todo está 
consumado" (Jn. XIX-30), "e, inclinando la cabeza, entregó el espíritu".

La muerte de todo un Dios ha sido el precio del pecado, oh alma cristiana; la muerte infinitamente atormentada de Jesús, la condición de tu rescate.

Si ha muerto el Sol de tu vida, ¿podrás nuevamente ver la luz? Si ha muerto la alegría de los Ángeles, la razón de tu esperanza, ¿no cubrirás tu rostro con el crespón de la tristeza? Si ha caído al golpe de la justicia la Inocencia misma, ¿no ocultarás tu ser entero en las oscuras grietas de las peñas?

¡Conmuévase Natura en sus entrañas, rásguese el Velo del Templo! ¡La Sangre del Redentor ha penetrado el Calvario, el Hijo de Dios yace pendiente entre el Cielo y la tierra!

(Meditación... "Señor, pequé ... ").



XIII ESTACIÓN.

( Entre los dos puntos inmediatamente anteriores. )

DESCIENDEN EL CUERPO DE JESÚS Y LO DEPOSITAN EN BRAZOS DE SU SANTÍSIMA MADRE.


(Besando tierra. - Adorámoste ...)


"Acceperunt ergo Corpus Jesu".
"Tomaron, pues, el Cuerpo de Jesús" (Jn. XIX-40).



Al dolor espiritual y físico del Salvador, se une el dolor espiritual de su Madre. Infinito el de Cristo, finito pero proporcionalmente infinito el de María; redentor el de Jesús, corredentor el de la Virgen; de eficacia infalible el del Crucificado de intercesión poderosa el de la Reina delos mártires.

Contémplala ahora, cómo prolonga su dolor después de que la muerte ha puesto fin al tormento de su Hijo ... cómo sigue los afanes de los piadosos varones que desclavan y hacen descender, reverentes, el Cuerpo Sagrado ... cómo lo recibe en sus brazos y con sus lágrimas lo baña ...

Madre mía, no hay dolor que pueda compararse a tu dolor (Cf. Thren. I-12), pues, sosteniendo el cadáver del Hijo de tus entrañas, te encuentras madre del "hijo de la ira" (Eph. II-3) a quien debes proteger como hijo de tus lágrimas.

Un hijo mató a otro Hijo (Cf. II Sam. XIV-6). El criminal soy yo; perdóname por el Cuerpo de tu Hijo muerto que sostienes en tus brazos, pues en prenda del perdón que El me otorgó te entregó a mí por Madre mía.

(Meditación... "Señor, pequé ... ").



XIV ESTACIÓN.

(En el Santo Sepulcro.- Centro de la Rotonda de la Basílica).


JESÚS ES SEPULTADO.


(Besando tierra. - Adorámoste ...)


"Et, depositum, involvit sindone et posuit eum in monumento excisso, in quo nondum quisquam positus fuerat".

"Y habíéndolo descolgado lo envolvió en una sábana y le deposité en un monumento excavado en la peña, en donde nadie todavía había sido puesto". (Luc. XXIII-53).



El Cuerpo exánime de Jesús, amorosamente acariciado y besado por su Madre, reverentemente enjugado por la Magdalena y las, otras santas Matronas, sobriamente ungido de ungüentos y espolvoreado de mirra por San Juan y los santos Varones, es trasladado al sepulcro cuando caen las primeras sombras de la noche.

Contempla en espíritu esa triste y silenciosa procesión... mira el sepulcro abierto en una peña y como penetran en él, iluminándose con la rojiza llama de una tea...

En ese sepulcro nuevo de piedra, amortajado con sabana y sudario recibidos de limosna es colocado con reverencia el Cuerpo de Jesús, Cuerpo humano que permanece hipostáticamente unido a la divinidad del Verbo...

...y salen todos lentamente... y cierran con la piedra rodante la boca de la cueva...

Así se cierra el drama de la Pasión.

Recibe, oh Señor, mi corazón como sepulcro, y permanece en él. Permite a mi alma velar ante tu Cuerpo como lámpara frente al Sagrario. Que en esa santa ocupación se consuma mi vida, y muera por amor a Tí, que me amaste y por mi amor te entregaste a la muerte.

(Meditación... "Señor, pequé ...).

lunes, 14 de abril de 2014

Via crucis y via matris (cont).

I ESTACIÓN.

(En el Pretorio).
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE.


(Besando tierra. - Adorámoste, oh Cristo, y bendecímoste, pues por tu Cruz redimiste al mundo.)


"Jesum autem, flagellatum, tradidit eis ut crucifigeretur" (Mth. XXVII-26).
"Y habiendo mandado flagelar a Jesús se lo entregó para que fuera crucificado".



Alma mía, contempla a la Inocencia misma condenado como un criminal mientras es puesto en libertad un notable malhechor.

Pero esta injusticia encierra un misterio profundo: Jesús, purísimo Cordero de Dios, vino al mundo para quitar los pecados (Jn. I-29). El carga sobre sus espaldas la iniquidad de todas las generaciones (Is. LIII-4) ... Carga tus pecados horrendos y se apresta a servir de víctima para que todos los hombres, para que tú, seáis perdonados.

¡Profundos abismos de la voluntad salvífica de Dios expresados en el plan de la redención! ¡Y es Jesús la víctima voluntaria que por amor a todos los hombres, por amor a tí, recibe con vergüenza esa ignominiosa sentencia.

Jesús sentenciado a muerte para que yo, gran malhechor de la Gracia, sea premiado con la gloria eterna! Sé que padeces la sentencia de muero te que yo merecía, y mientras Tú marchas al cadalso; yo soy puesto en libertad...

(Meditación - basta medio minuto de silencio -. Luego, todos en voz alta: "Señor peque, tened misericordia de mí; pecamos y nos pesa, habed misericordia de nosotros".- "Bendita y alabada sea la Sagrada Vida Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias que sufrió su Santísima Madre al pie de la Cruz".- Mientras se trasladan a la siguiente Estación, rezan Pater, Ave y Gloria.- Si se desea se puede cantar un Canto Penitencial).


II ESTACIÓN.

(A la salida del Pretorio).
Jesús se encamina al Calvario llevando a cuestas su Cruz.



"Et bajulans sibi crucem, exivit in eum qui dicitur Calvariae locum" (Jn XIX-17).
"Y cargando El mismo su cruz, salió al lugar llamado Calvario".



Así, Jesús amado, así lo anunciabas proféticamente en el Patriarca Isaac, cuando éste subió el monte cargando por sí mismo el instrumento de su propio sacrificio. Pero. ¡ay! qué enorme distancia entre el hombre concebido en pecado, necesitado de reconciliación, y Tú, Hijo de Dios que redimes al mundo pecador...

¿Puede darse, alma mía, mayor demostración de amor y mansedumbre que ser El mismo quien se apresure a transportar su patíbulo?

Es la misma cruz que tus pecados te prepararon, cruz que te quita: para tomarla y hacerla suya, cruz que va a atormentarle pero que El abraza, cruz que debería hundirte en el abismo, pero que El, por su sangre, purifica y convierte en llave del Cielo.

A cambio de la cruz de tus pecados, te da la cruz de la penitencia y te invita a que le sigas fielmente y te muestres su discípulo en la virtud y el dolor.

A vista de la prontitud con que Jesús se abraza a la Cruz, avergüénzate de tu cobardía y pide fortaleza de ánimo para emprender el camino de la reparación.

(Meditación... "Señor, pequé ... etc. ").



III ESTACIÓN

(A doscientos metros del Pretorio.)
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ.

(Besando tierra.- Adorámoste ...)

"Procidit in faciem suam ... " (Mth. XXVI-39).
"Cayó sobre su rostro".



Así como en el Huerto, así también frente a la "Puerta Judiciaria" ha caído Jesús. En el huerto, por el peso de tus pecados; en el camino del dolor por el peso de la cruz que tus pecados fabricaron.

Y cayó sobre su rostro, el más hermoso entre los hijos de los hombres (Cf Ps. XLIV-3), no sólo por lo largo y pesado de la cruz, sino sobre todo por la pena de llevar sobre sus hombros divinos el cúmulo de maldades que enlodaron la gloria de su Padre.

¡Cuánto pesan los pecados!

El pecado mortal es de gravedad que alcanza proporciones de infinito, porque infinita es la majestad de Dios a quien ultraja.

Su peso, al gravitar sobre la responsabilidad del Redentor, que ha salido fiador ante su Padre, es capaz de rendirlo.

Mas no por eso desiste del propósito de redimirte; se levanta y sigue voluntariamente hacia la muerte.

Y tú, agobiado de tus propios, pecados, ¿seguirás pecando? ¿Tu propósito de apartarte de la salvación, será más poderoso que el de Cristo en conseguírtela?

(Meditación... "Señor, pequé ... etc. ").



IV ESTACIÓN.

(Cuarenta metros adelante, en el cruce de una calle).
JESÚS ENCUENTRA A SU SANTÍSIMA MADRE.



(Besando tierra.- Adorámoste ...)

"Juxta crucem Jesu, Mater ejus" (Jn. XIX-25).
"Junto al tormento de Jesús, su Madre".



No solamente al pie de la cruz, como reza el Texto Sagrado a la letra, sino "junto al tormento de Jesús" -como podemos lícitamente traducir en sentido acomodaticio- se hallaba su Bendita Madre.

El tormento comenzó en las entrañas de María, tanto por la humillación de la encarnación, como por las contingencias del desarrollo somático, y María era una sola cosa con El. El tormento continuó en su vida privada y en su ministerio público y María allí estaba. El tormento culminó en el juicio, en el camino al Calvario y en la Cruz y allí se encontraba María.

Contempla, alma mía, a la Madre que, fijando su mirada en los ojos de su Hijo, le entrega el corazón dolorido. Contempla a la vez los ojos del Hijo que beben sedientos de consuelo, esa figura bendita y, con ella, el alma inmaculada para guardarla en el fondo de su ser... ¡Diálogo mudo pero elocuente!

Y el Hijo, que permitió ser confortado por un ángel en el huerto (Luc. XXII-43), recibe aquí fortaleza de su Madre; y la Madre se lleva clavada la pasión del Hijo tal como lo había profetizado el anciano Simeón (Luc. II-3S).

Madre mía, que mi penitencia enjugue una sola de tus lágrimas para que mi alma se impregne de tu pena.

(Meditación... "Señor, pequé ... etc. ").




V ESTACIÓN.

(Treinta metros después)
SIMÓN CIRENEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR SU CRUZ.



(Besando tierra.- Adorámoste ...)

"Exeuntes autem invenerunt hominem Cyrenaeum, nomine Simonem: hunc angariaverunt ut tolleret crucem ejus" (Mth. XXVII-32).

"Y cuando salían, encontraron un hombre de Cirene, por nombre Simón; a éste le requirieron para que llevase su cruz"



Simón era un pobre hombre, un transeúnte cualquiera (Mc. XV-21) a quien la Providencia Divina depara la dicha incomparable de ayudar a Jesús a llevar la cruz. Parece una casualidad, pero no: es una disposición de la Provídencia.

Pero Simón no comprende esta gracia, porque teme la maldición con sólo tocarla, conforme aquello de la Escritura: "Es maldito de Dios aquel que pende del madero" (Dt, XXI-23); es necesario obligarle. Mas poco a poco, al contacto con esa prenda consagrada por la Sangre del Hombre-Dios, se convence que en la cruz ha encontrado su bendición y salvación por los méritos de Aquel que, tomando sobre Sí la maldición que a nosotros correspondía (Gal. III-13), va a ser clavado en ella.

Y tú, alma mía, que vagando por la vida abominas del dolor, ¿no ves la mano de la Providencia cuando a tu paso te sale la cruz? ¿No ves en ella al Buen Jesús que, llevándola a cuestas, sólo te pide que la toques, como condición para salvarte?

¡Oh, Jesús mío! Aunque mi flaqueza se acobarda, concédeme participar de tu Cruz en la tierra para poder glorificarte en la eternidad.

(Meditación... "Señor, pequé ... etc. ").



VI ESTACIÓN.

(Noventa metros más adelante, hoy junto a una casa antigua).
LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS


(Besando tierra. - Adorámoste ...)

"Circumspexi et non erat auxiliator: quaesivi et non fuit qui adjuvaret" (Is, LXIII-S).
"Miré en torno mas no había auxiliador; busqué y no había quién me ayudara".



Contempla, alma mía, la hermosa pero afligida y doliente figura del Salvador en ese lúgubre cortejo del Viernes Santo. Viólo en espíritu el Profeta Isaías y preguntóse admirado: "¿Quién es este que viene de Edom, rojos los vestidos de Bosrá... ?" Y dirigiéndose al Mesías: "¿Por qué está roja tu vestidura?" (Is. LXIII-1-2).

No sólo se ha enrojecido la blanca túnica inconsútil con la sangre del Señor, sino también su hermoso rostro y sus mismos ojos: de El escribe el mismo Profeta: "no tiene -ya- ni apariencia ni belleza". (Is. LIII-2). ¡Así le atormenta la corona de espinas que abre fuentes a la preciosa sangre, y de tal modo le han abofeteado los esbirros que no le han dejado parte sana! (Is. I-6).

Jesús, en cambio, con mansedumbre sobrehumana, camina llevando trabajosamente su cruz. El pueblo le rodea con sádica curiosidad, pero nadie le compadece; cúmplese en El la profecía de Isaías: "Miré en torno, mas no había auxílíador: busqué y no hubo quién me ayudara".

Pero sí, Jesús. He aquí a una alma valiente que rompe el cerco de soldados y con su toca enjuga tu divino rostro. Y tú, Rey magnánimo, en premio le regalas tu imagen ímprimíéndola en tres pliegues de ese líenzo ...

Jesús, que yo te confiese públicamente rompiendo el cerco del respeto humano: Tú, entre tanto, graba tu imagen dolorida en el tosco sayal de mi alma ...

(Meditación... "Señor, pequé ... etc. ").




VII ESTACIÓN.

(Sesenta metros después, a la salida de la "Puerta del Juicio").
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ.


(Besando tierra.- Adorámoste ...)


"Procidit super terram".
"Cayó sobre la tierra". Mc. XIV-35).


Llora, alma mía, al ver que tu Divino Salvador cae nuevamente, agobiado por el peso de la cruz; pero admira la caridad de esta segunda caída.

Porque al caer, expía ante su Padre Celestial tus frecuentes caídas en el pecado, cuando sucumbes voluntariamente bajo el peso ignominioso de tus pasiones.

Observa también que con fortaleza sobrenatural Jesús se levanta. No le obligan a levantarse los gritos y blasfemias de sus enemigos ni el látigo inhumano de los sayones, sino un doble intento de su caridad: el de enseñarte cómo te has de levantar del pecado y el de llegar cuanto antes a la cima del Calvario para ser crucificado por tu amor.

Jesús humillado, víctima inocente por mis pecados, ¡desde el fondo del abismo de mis miserias clamo a tu misericordia! Extiende tu mano poderosa y sálvame, pues quiero levantarme de mi postración espiritual y no puedo por mí mismo. Pero tu gracia lo hará: es gracia que con tantos dolores me granjeaste y que me das magnánimo en ésta tu segunda caída.

Levántate, Jesús mansísimo. Levántate y levántame. Que no vuelva yo a buscar la tenebrosa obscuridad del pecado. Que tenga yo presentes los infinitos trabajos de tu Pasión, para vivir el resto de mi vida en una humilde y silenciosa penitencia.

(Meditación... "Señor, pequé ... etc. ").

Via cricis y via matris.

VIA - CRUCIS
VIA - MATRIS


Adoración de las Cinco Llagas.


Por el P Manuel Robledo, E.D.


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Nihil obstat
Pedro Ma. Galván, M.J.
Censor al casum.
Febrero de 1977.



IMPRIMATUR
+ Fr. Philipus a Jesu Cueto, O. F.M.
Ep. Tlalnep.
Marzo de 1977.


© Derechos reservados por
el Autor.


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VIA CRUCIS


(Por el P. Manuel Robledo, E.D. )



Advertencia.


El Via crucis, que se interpreta "Camino de la Cruz", es, quizás, la devoción más antigua en la Iglesia. Se cree por tradición que fue la misma Santísima Virgen quien, recorriendo diariamente los puntos notables de la vía dolorosa y meditándolos con las santas mujeres, legó a la Iglesia esta devoción preciosa.

Los fieles la han practicado sin interrupción en Jerusalén, y de ahí se extendió a todo el orbe cristiano. Los Sumos Pontífices lo han enriquecido con indulgencias; después del Concilio Vaticano II sigue reconociéndose la Indulgencia Plenaria.

Ganan la misma Indulgencia Plenaria los enfermos impedidos, los encarcelados, los navegantes y los legal o moralmente impedidos de practicar los rezos o traslaciones acostumbrados, con tal que, sosteniendo en la mano un Crucifijo bendecido al efecto, recen completos veinte veces Pater, Ave y Gloria; que son: por las 14 Estaciones, por las Cinco Llagas y por las intenciones del Romano Pontífice. Si sólo rezan parte, ganan Indulgencia Parcial.

Aunque la fórmula puede ser variadísima presentamos la siguiente, y puede rezarse de dos maneras: o de modo sencillo y breve, enunciando la Estación, repitiendo el Texto Escriturístico meditando y rezando Pater, Ave, Gloria; o de modo solemne y largo, siguiendo, al pie de la letra todo lo escrito a continuación.

El Autor.


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OFRECIMIENTO


(Todo el Camino de la Cruz mide 3303 pies, que hacen 1321 pasos).

"Dilexit me, et tradidit semetipsum pro me" .- "Me amó, y por mi amor se entregó a la muerte".(Gál. II-20).

Padre Eterno, que tanto amaste al mundo hasta darle a tu Hijo Unigénito (Jn. III-3), permíteme que, siguiendo a mi Redentor por el camino de la Cruz con santas consideraciones, pueda seguirle con mi cruz a cuestas durante el camino de mi existencia.

Espíritu Divino, que, obumbrando el seno de la Virgen formaste milagrosamente el Cuerpo de la Víctima Sagrada para que el Verbo pudiera padecer por mí, ilumíname con tu gracia para contemplarle en esos momentos luctuosos en que culminaba la obra de mi redención.

Verbo Encarnado, que al entrar en este mundo te ofreciste al Padre como Víctima por el pecado y que me invitas a seguirle cargando mi propia cruz, permíteme poner mis pies sobre las huellas que marcaste en el trance doloroso de tu Pasión, para poder configurarme contigo en la Cruz y repetir como San Pablo: "Yo llevo en mi cuerpo las llagas de mi Señor Jesucristo" (Gál. VI-17; cf Hebr. X-7).

Y Tú, Purísima Virgen María, Madre de mi Dios y Reina del dolor, da a mis ojos abundantes lágrimas y traspasa mi corazón con el manso dardo de la compunción, y condúceme en estas consideraciones para recorrer en espíritu el Camino de la Cruz.

Es mi intención ganar las Indulgencias que la Iglesia concede a quienes devotamente rezan el Viacrucis, y suplico a la misericordia divina se digne aplicadas a las Benditas Almas del Purgatorio. Amén.


Por las intenciones del Romano Pontífice: Pater, Ave, Gloria.

jueves, 10 de abril de 2014

Devocionario para Cuaresma y Semana Santa (final).

COLOFÓN.



14.- FRUTOS DE LA RESURRECCIÓN DE CRISTO.


Para meditar el Domingo de Resurrección.


Si tomamos como punto de consideración la Resurrección de Cristo que hoy solemnemente celebramos, hallaremos que este milagro portentoso del Señor reporta a la Obra de la Redención los siguientes frutos, que anotamos y confirmamos con textos escriturísticos sin comentarios:


1.- Prueba máxima de la divinidad de Cristo.- "Por esto me ama mi Padre: porque Yo doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que Yo por Mí mismo la doy. Poder tengo para darla y poder tengo para tormarla otra vez. Esta orden recibí de mi Padre" (Jn. X-17-18).

2.- El triunfo de su Misión.- "¿Por véntura no era necesario que estas cosas padeciese el Mesías y así entrase en su gloria?" (Luc. XXIV-26).

3.- La Redención, cumplida y complementada.- "No está aquí, sino que resucitó. Recordad cómo os
 habló cuando estaba aún en Galilea, diciendo que el Hijo del hombre había de ser entregado en manos de hombres pecadores y ser crucificado y al tercer día resucitar. (Luc. XXIV-6-7). "Fué entregado por nuestros delitos y fué resucitado por nuestra justificación" (Rom. IV-25).

4.- La derrota de sus enemigos.- "... hemos recordado que aquel embaucador, viviendo aún, dijo: después de tres días resucitaré". - " ... del miedo (del Ángel) se pusieron a temblar los guardias y se quedaron como muertos ..." (Mth. XXVII-63; XXVIII-4).

5.- El cumplimiento de las Profecías del Antiguo Testamento y de sus propios vaticinios.- "Como Jonás estuvo en el vientre de la bestia marina tres días y tres noches; así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches" (Mth. XII-40).- "Con visión profética habló (David) de la resurrección del Ungido, que ni Seria abandonado en los infiernos ni SU carne experimentaría corrupción. A éste, que no es otro que Jesús, resucitó Dios" de lo cual todos, nosotros somos testigos" (Act. II-31-32).

6.- La confirmación de su Doctrina.- Esta generación perversa busca una señal, y otra señal no se le dará sino la señal de Jonás. Porque como Jonás fué señal para los Ninivitas, así lo será también el Hijo del hombre para esta generación". (Luc. XI-29-30).

7.- La confirmación de su Autoridad.- "Respondieron, pues, los judíos y le dijeron: -¿Qué señal nos muestras que acredite tu modo de obrar? respondió Jesús y les dijo: - Destruíd este Santuario y en tres días le levantaré. Dijeron pues los judíos -En cuarenta y seis años se ha edificado este santuario, ¿y tú en tres días lo levantarás? El, empero, hablaba del santuario de su cuerpo. Cuando, pues, resucitó de entre los muertos, recordaron sus discípulos que había dicho esto, y le dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús". (Jn. II-18-22).

8.- El modelo y aliento para renovación de vida espiritual en los proficientes.- "Como fué Cristo resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros, en novedad de vida caminemos" (Rom. VI-4).

9.- La elevación de miras en la vida del cristiano.- "Si resucitásteis con Cristo, buscad las  cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios; aspirad a las cosas de arriba, no a las que están sobre la tierra" (Col. III-1-2).

10.- Signo de fe viva.- "... creemos que Jesús murió y resucitó ..." (1 Thes. IV-13). "Os notifico, hermanos, el Evangelio que os evangelicé, el que también recibísteis, en el que asimismo  perseveráis, por el cual también sois salvos... que Cristo murió por nuestros; pecados según las Escrituras, y que fué sepultado y que ha resucitado al tercer día según las Escrituras ... " (I Cor. XV-1 ... 4).

11.- Signo de nuestro Bautismo.- "Pues que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, en su muerte fuimos bautizados? Consepultados, pues, fuimos con El por el bautismo en orden a la muerte, para que como fué Cristo resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros en novedad de vida caminemos" (Rom. VI-3-4).

12.- La clave de la salvación.- "... si confesares con tu boca a Jesús por Señor y creyeres en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo" (Rom. X-9).

13.- La garantía de la fe de quienes habían de creer en El.- "Si Cristo no resucitó vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe; y somos hallados, además, falsos testigos de Dios, pues testificamos contra Dios que resucitó a Cristo ..." (I Cor. XV-14-15).

14.- La esperanza firme de los que luchamos.- "Y si Cristo no ha resucitado, baldía es vuestra fe; aún estáis en vuestros pecados; por donde también los que ya reposaron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente tenemos puesta en Cristo nuestra esperanza, somos los más dignos de lástima de todos los hombres" (I Cor. XV-17-19).- Así que, hermanos míos amados, procurad estar firmes, inconmovibles, aventajándoos en la obra del Señor continuamente, sabiendo que vuestra fatiga no es en vano". (Ib. 58).

15.- La garantía de su asistencia a su Iglesia.- "... y sabed que Yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos" (Mth. XXVIII-20).

16.- Garantía de su oficio de Mediador.- "Cristo Jesús, el que murió - o más bien el que resucitó -, es quien asimismo está a la diestra de Dios y quien además intercede por nosotros" (Rom. VIII-38) "Siempre viviente para interceder por quienes, mediante El, se llegan a Dios" (Hebr. VII-25).

17.- Centro de expectación universal.- "... Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el príncipe de los reyes de la tierra ... ; ... Hé aquí que viene entre las nubes y le verá todo ojo y los mismos que le traspasaron, y plañirán sobre El todas las tribus de la tierra ... " (Apoc. 1-5; 7).

18.- Garantía y primicia de nuestra propia resurrección.- "Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que ya reposan. Pues ya que por un hombre vino la muerte, por un hombre también la resurrección de los muertos. Porque como en Adán mueren todos, así también en Cristo serán todos vivificados". (I Cor. XV-20-22).

19.-Modelo de nuestra resurrección.- "Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, desde donde también aguardamos un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transfigurará nuestro cuerpo de bajeza hecho al talle de su cuerpo de gloria, según su poderosa acción, capaz aún de subyugar a Sí todas las cosas". (Phil. III-20-21).

20.- Seguridad del juicio final, que sellará toda su obra redentora.- "Hé aquí que vengo presto, y conmigo está mi recompensa, para pagar a cada uno según fueren sus obras" (Apoc. XXII- 12).

21.- Objetivo principal de nuestro testimonio: "... y seréis mis testigos así en Jerusalén, como en toda la Judea y Samaria y hasta el último confín de la tierra" (Act. I-8). " ... y con gran fortaleza daban los Apóstoles el testimonio que se les había confiado acerca de la resurrección del Señor Jesús" (Act. IV-33).

martes, 8 de abril de 2014

Devocionario para Cuaresma y Semana Santa (cont).

13.- EL PÉSAME.



(A los fieles que, desde las tres de la tarde del Viernes Santo hasta el mediodía siguiente, rezan por algún espacio de tiempo, pública o privadamente, algunas preces o hacen alguna meditación en honor de la B.V.M. de los Dolores, se les concede: Indulgencia plenaria en las condiciones de costumbre ... " (Sgda. Congr. de las Indulgencias, 18 jun. 1822;16 jun. 1931).

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Vengo, Madre mía Dolorosísima, a la profunda soledad de tu aposento de Jerusalén, para llorar contigo la muerte de tu Divino Hijo. Para lamentarme de las humillaciones a que le sujetaron sus enemigos. Para dolerme de las heridas crueles que le infligieron. Para morir por su muerte.

¿Permitirás, Señora, que, postrado en tu presencia, te comunique el dolor que invade mi alma?

No es mi dolor tan grande como debiera ni puede compararse a tu dolor, porque tu ser, tu persona, es superior a todo lo creado que no seas Tú. Tu alma ha sido creada con amor divino a proporción de tu vocación de Madre de Dios, y adornada con gracias únicamente a Tí reservadas en miras a tu maternidad divina. Y como tu corazón fue dotado por la gracia para amar como Hijo al mismo Dios, y cual es el amor es el dolor de su pérdida, es poco el comparar tu amargura con los negros abismos de los mares; tal vez el espacio infinito pudiera semejársele.

Tampoco está mi dolor libre de culpa como el tuyo, pues no soy víctima, sino victimario. Cristo murió por mí, pero fueron mis pecados los que le dieron muerte. Quiso librarme de mi carga, y mi carga le ha oprimido por mi libre voluntad hasta hacerla morir.

Tú, Madre, de esto eres víctima. Eres la única en la humanidad que no puede avergonzarse por la muerte de Cristo, pues fuiste concebida sin pecado original, y en el curso de tu vida cada vez te alejabas más no sólo del pecado, no sólo de su sombra, sino hasta de la idea misma de su posibilidad. Y como tu pureza te acerca a la Fuente Primordial, pudiste perder tu límpida mirada en los ojos cristalinos de tu Jesús.

¿Podré sostenerme en tu presencia? ¿Por qué no huyo y me oculto en las entrañas de la tierra?

Es que el instinto del sediento; la soledad del huérfano me han traído a Tí, que eres vaso de elección, llena de gracia; pues puso Dios en Tí el depósito de sus misericordias y te ha hecho Madre de la humanidad desolada.

No hace muchas horas que, al pie de la cruz, fuiste nombrada mi Madre; y aunque por mi causa perdiste a tu verdadero y único Hijo, por causa mía fuiste nombrada Madre de los pecadores.

No te repugne, Señora, mi presencia; antes comienza a ejercer los oficios de Madre Amorosa, admitiéndome en tu compañía: grande será tu consuelo al saber que, así como la muerte de tu Jesús partió las rocas del Calvario, así también ha quebrantado mi corazón. No quiero volver a pecar.

Llora Madre del Verbo Encarnado, desolada más que todas las hijas de Jerusalén, llora tu profundo dolor. Sólo el Padre que te creó, podrá comprenderlo; sólo el Espíritu Santo que te preservó podrá aquilatarlo; sólo el Verbo que te eligió podrá recibirlo.

Si vuelves los ojos a la tierra, no hallarás consuelo sino indiferencia, traición, rencor y pertinacia; y las pocas almas que sabemos de tu pena somos tan incapaces de enjugarla, que más bien necesitamos de tu auxilio para ser elevados al privilegio de participarla.

¿Me negarás esta gracia? ¿Seré, por mis culpas, indigno de recibir una gota del piélago inmenso que te ahoga?

Es dicha, y muy sublime, la de sentir íntimamente el dolor de la Pasión y la de acompañarte, oh María, en tu profunda soledad.

Llorar, y no por este día únicamente, sino llorar para siempre la culpa que ha crucificado a mi Señor, es gracia muy subida, es la comunión, el don de lágrimas que espero me alcances, para llorar mientras viva la muerte del Hijo Divino y la soledad de la Madre.

Así sea.

Devocionario para Cuaresma y Semana Santa (cont).

12.-LAS SIETE PALABRAS.


La meditación de las Siete últimas frases que Nuestro Señor Jesucristo pronunció en la Cruz, ha sido, desde los primeros días del Cristianismo, un venero inagotable de recia espiritualidad.

Desde tiempo inmemorial el pueblo católico se reúne en los templos el Viernes Santo para escuchar la viva transmisión que en la Cátedra Sagrada hacen de ellas los Predicadores, desde las doce del día hasta las tres de la tarde, horas en que Jesús fue crucificado y murió. Sin embargo, cuando no se tiene esta oportunidad, pueden meditarse en este folleto en que presentamos las Siete Palabras en forma de consideraciones breves para ayudar a las almas piadosas a meditar este precioso testamento de Nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA PALABRA.

"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Luc. XXIII-34).

Contempla a Jesús agonizante, víctima del escarnio, la maldad y la crueldad inaudita de sus enemigos y de los aliados y cooperadores del infierno. Cabe en todos ellos grave responsabilidad, sobre todo en los promotores, que proceden contra las luces del Espíritu, Santo.

Le han atormentado con azotes y coronación de espinas, le han cargado con la cruz y le han clavado en ella con esquinados clavos. Pero el Dios de los Ejércitos, que puede deshacerlos con sólo su mirada, se convierte en mansísimo Cordero que se ofrece voluntariamente para borrar los Pecados del mundo ...

Jesús, Juez de vivos y muertos, perdona... perdona y excusa... ofrece sus tormentos por la conversión de sus verdugos y derrama su sangre para redimir al mundo entero y a sus generaciones deidicas ...

Señor, no pueden compararse las molestias que yo sufro de mi prójimo, con las traiciones y tormentos que Tú sufriste de los hombres, pues aunque las que me infieren fuesen gravísimas, jamás podrían compararse al deicidio.

Dame un corazón generoso encendido en caridad para brindar el perdón incondicional a los que me ofenden; pero sobre todo, y a la medida del perdón que yo brindo a mi prójimo, perdóname Tú a mí, que soy también causa de tus horribles tormentos.


SEGUNDA PALABRA.

"En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Luc. XXIII-43).


Considera la generosa correspondencia que el buen ladrón hace a la gracia: confiesa humildemente sus faltas y reconoce públicamente la eterna realeza de Cristo diciéndole conmovido: "Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino".

Saborea las regaladas palabras con que Jesús promete el premio eterno a este afortunado penitente; no sólo le concede un recuerdo sino que le asegura el Reino de los Cielos.

¡Cuán regiamente cumple Jesús la promesa que posteriormente escribiría el Espíritu Santo por ministerio de San Pablo: "Coherederos de Cristo si es que juntamente padecemos para ser juntamente glorificados".

Por lo contrario, qué triste fue la muerte del mal ladrón: no se convierte y muere desesperado rechazando la asistencia de Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote.

Jesús, mis pecados no me permiten acercarme a Tí ni merecer tu perdón, pero la largueza que usaste para con el ladrón me anima a suplicarte que te compadezcas de mi alma. No permitas desprecie yo la gracia de tu Pasión y de tu muerte.



TERCERA PALABRA.

"Mujer, ahí tienes a tu hijo... Ahi tienes a tu madre" (Jn. XIX-26-27.


Contempla a la Madre de Dios traspasada de dolor, pero revestida de gran fortaleza, de pie, junto a la cruz donde agoniza su divino Hijo.

Considera el generoso ofrecimiento que para redención nuestra hace del fruto de sus purísimas entrañas ante la divina justicia.

Oye cómo Jesús, olvidado de sí mismo, entrega a la humanidad una Madre la más amorosa de todas, y a Esa Madre le da, a cambio de su propia persona, las almas de todos los hombres para que los cuide como a hijos de sus lágrimas y de sus dolores.

Oh Jesús, el más hermoso entre los hijos de los hombres: después de la dádiva divina de tu Cuerpo y Sangre en el Santísimo Sacramento y del beneficio inestimable de la Redención y de la Gracia, no pudiste hacer a la humanidad un don tan preciado como este de tu Madre Inmaculada con cuya creación te recreabas desde la eternidad y cuya alma preparaste con gracias singulares por obra del Espíritu Santo ...

Oh María, Virgen Purísima que sin dejar de ser Virgen eres Madre de Dios, y ahora sin dejar de ser Madre de Dios eres también mi Madre, acógeme por misericordia como a hijo tuyo pobre y pequeñuelo, pero hijo de tus lágrimas y de tus dolores. En tu regazo encontraré el calor de la gracia, y en tus divinos ojos encontraré la vida.



CUARTA PALABRA.

"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"· (Mth. XXVII-43).


Así penetraras las negras profundidades de los abismos o captaras la inmensa soledad de los espacios, no alcanzarías a comprender la angustia y la desolación del alma de Jesús al sentirse abandonado de su Padre.

Has de entender que el Padre aparta la vista de su Hijo encarnado, por cuanto El se presenta ante la divina justicia revestido con la fealdad de nuestros pecados; que el abandono del Padre y los dolores de la cruz causan a Nuestro Señor los tormentos mismos del infierno, que consisten en el dolor físico y el apartamiento de Dios, y que éste infierno lo padece Jesús para que tú no seas sepultado en la muerte eterna.

Jesús, mi Redentor y mi Dios, que siendo el resplandor de la Eterna Luz, has preferido ser sumergido en las tinieblas para librarme de la condenación. Si yo pudiera consolarte, lo haría aun a costa de mi propia vida... Mas tu único consuelo es la eficacia de tu Pasión en beneficio de mi ingrata alma ...

Quiero corresponder, Jesús amado. Dame la luz y la fortaleza necesarias para seguirte ...



QUINTA PALABRA.

"Tengo sed" (Jn. XIX-28).


Si consideras la sed de Jesús, la encontrarás muy comprensible cuando repases todos los tormentos, ayunos y vigilias que ha sufrido antes de ser crucificado, y más aún al considerarle traspasado por manos y pies, de cuyas heridas brota la sangre a raudales. De El había escrito David en espíritu profético: "Seca está como teja mi garganta: se adhiere mi lengua al paladar".

Pero si profundizas a través de la naturaleza física del Salvador y penetras más a fondo sus palabras, entenderás que existe una sed que no es de agua temporal y un ardor que no es el fuego de la fiebre.

Esta sed y este ardor es el celo de la gloria de Dios y de la salvación de las almas, que abrasa el corazón de Cristo; por el cual clama a los hombres como en otro tiempo a la samaritana: "Dame de beber".

Oh Señor, mi alma pecadora no puede ser un dulce refrigerio para tu corazón sediento de mi salvación: es amarga por ingrata. Pero Tú aceptaste el vinagre que te ofreció la soldadesca a fin de que se cumpliese la profecía. Recíbeme ahora en tu sed a fin, de que se cumpla en mí tu redención.



SEXTA PALABRA.

"Todo está consumado" (Jn. XIX-30).


Considera que, al fin de su existencia, Jesús repasa su vida como para compararla con los vaticinios que de El hicieron los Profetas, y encuentra que su libre voluntad, actuando en perfecto acuerdo con la voluntad de su Padre, ha dado cumplimiento cabal en todos sus pasajes a las Sagradas Escrituras.

El Señor da por concluida su obra creadora con la doble finalidad de servir y amar a Dios en este mundo y después verle y gozarle en el otro, Si se cumple lo primero, se seguirá como consecuencia lo segundo; pero si la actividad de este mundo no ha sido para servicio y gloria de Dios perseverando como Jesús hasta el último instante, no recibirá el alma su glorificación en la eternidad.

Ten presente que todo esto se logra mediante el amoroso cumplimiento de la divina voluntad en todas las circunstancias de la vida.

Jesús Mío, enséñame a cumplir tu voluntad en todos los pasos de mi vida y dame tu gracia para perseverar en mi cruz hasta morir. Que me preste cual dúctil instrumento de tu gloria y que tu Pasión y tu Muerte consumen, en mí, tu obra de santificación.



SEPTIMA PALABRA.

"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". (Luc. XXIII-46).

Contempla el momento supremo de nuestra redención cuando el sacrificio del Redentor culmina con su propia muerte. Con voz poderosa que resuena en todos los ámbitos del monte Calvario, sale de este mundo diciendo a su Padre: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".

No le han muerto los tormentos ni la crucifixión como si le obligasen a cortar el hilo de su existencia, sino que El ha entregado su espíritu al Padre cuando llegó la hora, fijada desde la eternidad por las Tres Divinas Personas, de reparar el pecado de Adán y de borrar los pecados de todas las generaciones con el sacrificio de mérito infinito que ofrece un Dios hombre.

Contempla cómo, por propia voluntad anunciada como triunfo por la voz poderosa que emite, el Alma de Jesús abandona su Cuerpo Santísimo; y este, Cuerpo, unido hipostáticamente al Verbo Eterno, afloja los músculos e inclina suavemente la cabeza sobre el pecho exánime.

Jesús, no me abandones. Siento que no soy digno de tu presencia, pero Tú no me consideraste indigno de tu dolor... Caminaré por este mundo humillado por mi culpa, avergonzado por tu muerte y quebrantado el corazón como lo fueron las rocas del Calvario, hasta que llegue el momento de presentarme a juicio y pueda repetir confiado tus palabras: "Pádre, en tus manos encomiendo mi espíritu....


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... "Había, en el lugar donde fue crucificado, un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde hasta entonces ninguno había sido sepultado. Como era la víspera del sábado de lós judíos, y este sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús ... " (Jn. XIX-41-42).


viernes, 4 de abril de 2014

Devocionario para Cuaresma y Semana Santa (cont).


TERCERA VISITA. (Ante el tercer Monumento).
Los Apóstoles huyen y abandonan a Jesús.


Consideraciones.

¡Triste condición de la flaqueza humana! Apenas ven los discípulos que ha sido aprehendido su Maestro, huyen acobardados y le abandonan. Lo había profetizado en el Cenáculo: "Todos vosotros padeceréis escándalo en mí esta noche, porque escrito está: Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño" (Mth.XXVI-31; Zac. XIII-7). Y se cumplió a la letra, como lo atestigua uno que también huyó: "entonces los discípulos todos, abandonándole, huyeron" (Mth. XXVI-56/b).

Pero Jesús está cada vez más cerca de quienes le abandonan, pues por amor suyo se entrega a los enemigos, por amor suyo comienza a padecer vejaciones, por amor suyo camina hacia la Cruz.

Así sigue y te cuida cuando tú te alejas. Si tratas de olvidarlo, El te recordará su presencia rodeándote de beneficios.

Acompaña a Jesús frente a la Urna del Monumento en estos momentos de abandono. Si el mundo entero huye y lo abandona por la apostasía, tú permanece fiel y firme en tu fe.


Oración.

Gracias, Jesús Bondadosísimo, por haberos dignado quedar realmente presente en la Santísima Eucaristía, como perpetua memoria de Vuestra Pasión. A pesar Dios mío, de que frecuentemente he huído del dolor y te he abandonado, comprendo que mi deber es estar a tu lado. Aunque sea un pecador, quiero seguirte como un perro fiel sigue las huellas de su Amo.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre.




CUARTA VISITA. (Ante el cuarto Monumento).
Jesús ante Anás. La bofetada. Juicio previo frente a Caifás.



Consideraciones.

Como si fuera un ladrón, un asesino o un vil animal a empellones han conducido a Jesús a la presenció del repugnante Anás, hombre de alta investidura espiritual pero "envejecido en años de maldad" (Dan. XIII-52).

"El Pontífice, pues, interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y su doctrina" (Jn. XVIII-19). Y, como Jesús hablara la verdad y cubriera con digno silencio la deserción de sus discípulos, "uno de los satélites allí presente le dió una, bofetada" (Ib. 22). El atrevimiento del cobarde esclavo que golpea a un hombre atado y custodiado, se convierte en rastrera vileza cuando es el bondadoso Taumaturgo quien sufre el ultraje. Es lo mismo que tú has hecho cuando has pecado.

Y a esas horas de la noche le hacen comparecer ante Caifás, que compartía sacrílegamente el Sumo Pontificado con su suegro Anás. Ante la audacia de sus interrogatorios, "Jesús callaba" (Mth. XXVI-63). Humildad profunda pero también sentencia terrible. A los empedernidos como Caifás y Herodes, Jesús no les habla (Cf. Luc. XXIII-9).


Oración.

Gracias, Jesús Bondadosísimo, por haberos dignado quedar realmente presente en la Santísima Eucaristía como perpetua memoria de Vuestra pasión. Que mi ingratitud no vuelva a golpear Vuestro rostro divino ni mi arrogancia a juzgar Vuestra verdad; antes, humillado y arrepentido, implore Vuestro perdón postrándome con mi rostro en el polvo.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre.




QUINTA VISITA. (Ante el quinto Monumento).
Las tres negaciones de San Pedro.


Consideraciones.

Y mientras Jesús era humillado con el doloso interrogatorio de sus más viles criaturas, recibe por la espalda tres puñaladas del Discípulo preferido.

Pedro, el fogoso Pedro, la Piedra fundamental de la Iglesia, se expone a la tentación y cae cobardemente ante una criada: "El negó diciendo: Ni sé ni entiendo qué es lo que tú dices" (Mc. XIV-68a). Y "otra vez negó con juramento diciendo: No conzco tal hombre" (Mth. XXVI-72a). Y como preseverara entre los enemigos de Cristo y se acobardara más y más, para salvarse "comenzó a echar imprecaciones y a jurar: "no conozco a ese hombre que decís" (Mc. XIV-71).

Y el corazón herido de Cristo envió un rayo de arrepentimiento al de Pedro (Cf. Luc. XXII-61), el cual "saliendo, lloró amargamente" (Ib. 62).

¿Cuántas veces has negado a Cristo frente al pecado? Hoy, Jueves Santo, desde la Urna del Monumento, Jesús te mira: Ojalá que, traspasado de contrición, llores tus traiciones, como San Pedro, el resto de tus días.


Oración.

Gracias, Jesús Bondadosísimo, por haberos dignado quedar realmente presente en la Santísima Eucaristía como perpetua memoria de Vuestra Pasión. Señor, aunque mi ánimo es el de no traicionaros, y Vos conocéis mi flaqueza, pero también conocéis el fondo de mi alma. ¡Señor, bien sabéis que os amo!


Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre.




SEXTA VISITA. (Ante el sexto Monumento).
Jesús en la prisión del Aposentillo. Vejaciones de los judíos.



Consideraciones.

Esta noche del Jueves Santo la pasó Jesús en un estrecho calabozo que la tradición llama "aposentillo". Fué noche de tormentos y de humillaciones, pues "los hombres que le tenían aprisionado le escarnecían hiriéndole, y habiéndole envuelto con un velo, le preguntaban diciendo: ¡Profetiza! ¿Quién es el que te hirió? Y blasfemando decían muchas otras cosas contra El" (Luc. XXII-63-65).

Mira a cuánta humillación se ha rebajado el Rey del Cielo por tu amor, pero también considera la execrable conducta de los siervos del Pontífice, los cuales, si obraran así con un hombre indefenso, merecerían infamia ante la humanidad. ¿Cuál será su precio, pues actúan tan vilmente con el Hijo de Dios?

Te parece que, alojado en las tinieblas, Jesús no mira tus pecados, y cuando esto recuerdas desearías vendar sus ojos para golpearle con la saña de tu vida disipada. "El que fraguó el ojo, ¿no verá?" (Ps. XCIII-9), y desde el encierro de esta Urna, ¿no escudriñará el fondo de tu conciencia?


Oración.

Gracias, Jesús Bondadosísimo, por haberos dignado quedar realmente presente en la Santísima Eucaristía como perpetua memoria de Vuestra Pasión. En esta Urna de Jueves Santo os considero preso en el Aposentillo en espera de la Pasión del Viernes. Permitidme velar esta noche a un lado de la reja que os aprisiona, no para ofenderos, sino para desagraviaros.


Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre.




SEPTIMA VISITA. (Ante el séptimo Monumento).
Segundo juicio ante el Sanhedrín. Desesperación de Judas.


Consideraciones.

Judas, en tanto, va comprobando el efecto funesto de su traición. Jesús ha sido ya condenado a muerte por el Sanhedrín en los momentos en que solemnemente El proclama Su Divina Filiación.

Angustiado, Judas acude a sus cómplices con esperanza de hallar un paliativo que cohonestara su delito: "He pecado entregando la sangre inocente" (Mth. XXVII-9). Pero ellos le desprecian y, siendo reos del mismo delito, no escuchan ese aviso a su conciencia; abandonan al traidor a la suerte que él mismo se ha labrado y siguen, empedernidos, la obra comenzada.

Entonces él, "arrojando en el Templo las monedas de plata, se marchó de ahí y retirándose se ahorcó" (Ib. 5).

San Mateo advierte que el primer movimiento del traidor fué de penitencia. ¡La gracia que dió Jesús a Pedro no la negó a Judas! Pero él no acudió a Jesús ni a María, ni siquiera a sus compañeros de apostolado; acudió a los enemigos de Cristo, que acabaron por precipitarlo en los infiernos. ¡Así paga el diablo!

Jesús mío, si tu amor es infinito, infinita es también tu misericordia. ¡Si todos los pecadores acudiéramos "con confianza al trono de la gracia para alcanzar misericordia en tiempo oportuno"! (Hebr. IV-16).


Oración.

Gracias, Jesús Bondadosísimo, por haberos dignado quedar realmente presente en la Santísima Eucaristía como perpetua memoria de Vuestra Pasión. Concededme el equilibrio espiritual que da la sinceridad y la sencillez en el arrepentimiento: que no me ahoguen ni la presunción creyendo que no castigaréis, ni la desesperación suponiendo que no perdonaréis.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre.