miércoles, 16 de diciembre de 2015

Jesucristo es Dios(cont.)




La poética expresión de San Juan se repite en las fogosas frases de San Pablo, quien abre su Carta a los hebreos con esta revelación: “Dios… nos habló a nosotros en la Persona de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas la cosas, por quien hizo también los mundos; el cual, siendo destello esplendoroso de su gloria e impronta de su Substancia, sustentando todas las cosas con la palabra de su poder, después de obrar por Sí mismo la purificación de  los pecados, se sentó a la diestra de la Grandeza en las alturas… “ (Hebr. I-2-3).

En todo lo anterior descubrimos a Dios mismo como Dios y Redentor, Dios, porque “el Verbo era Dios”, “impronta de su Substancia”; Redentor, porque “el Verbo se hizo carne” y “obró por Sí mismo la purificación de los pecados” (Jn. I-1, -14; Hebr. I-2).

Y para demostrar que rige en todo esto una operación exterior del Verbo en obediencia a la Voluntad del Padre, he aquí un texto en que San Pablo nos revela el modo como fue ejecutado el plan salvífico: “… el cual (Cristo), subsistiendo en la forma de Dios, antes se anonadó a Sí mismo tomando la forma de esclavo, hecho a semejanza de los hombres y en su condición exterior presentándose como hombre; se abatió a Sí mismo hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz…” (Pilip. II,6-8).

Consta en este texto una doble naturaleza: la divina que el Verbo tiene eternamente por Sí mismo (Cf. Jn. XVII-5), y la humana que asume en el tiempo. Pues si el subsistir “en la forma de Dios” – y no por usurpación sino por su propia generación eterna – se entiende tener Naturaleza Divina, el tomar la “forma” de los hombres equivale a asumir la naturaleza humana.

De aquí que subsista inconfundible Dios y Hombre; pues tras haber asegurado la resurrección y dominio universal de Él, dice San Pablo que “toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, llamado a compartir la gloria de Dios Padre” (Filip. II, 9-11).
Síguese de todo esto que el Redentor tiene un doble origen: el divino en la eternidad cabe el Padre, y el humano en el tiempo, en Seno de la Virgen.
Que tiene, por tanto, dos naturalezas distintas y completas: la Divina en cuanto a Dios y la Humana en cuanto hombre.

Y que la confesión sin confusiones de estas dos naturalezas, es la llave que abre la inteligencia de la Revelación divina de la Biblia: profética en el Antiguo Testamento y cabalmente cumplida en el Nuevo.


Cristo es Dios y es Hombre. No por ser Dios es menos Hombre, ni por ser hombre es menos Dios. Dios en la eternidad y en el tiempo; Hombre en el tiempo con trascendencia divina en la eternidad.


martes, 15 de diciembre de 2015

Jesucristo es Dios(cont.)




Sólo Dios colma en Sí toda la grandeza y santidad que imaginarse pueda; pero sería absurdo que Dios se diera satisfacción a Sí mismo, pues siendo el ofendido no puede ser el ofensor. Además, la profecía del Protoevangelio expresa claramente la condición humana del Redentor: la “Mujer” sólo puede engendrar seres humanos. “Ella”, dice el texto (Vg.) señalando a la Descendencia, o mejor aún al “Descendiente” como traducen los LXX (autos) y la Itala (ipse). Y como la profecía anuncia bajo la figura de mordedura mortal en el calcañar o talón la muerte del Redentor, no era posible que Dios nos redimiera, porque Dios no puede morir.

Luego: o no puede haber Redención según el plan profetizado, o debe buscar Dios otro medio para lograr la salvación de los hombres.

Este es el punto crucial del problema y la incógnita de su solución. Y ésta la resuelve Dios en su infinita sabiduría que no puede quedar frustrada ante las circunstancias. Dios sostiene su palabra dada en el Protoevangelio: por la muerte y victimato del Redentor será la Redención del hombre y restaurada la gloria de Dios, siendo su propio Hijo quien saldrá fiador por nosotros, y dando su propia vida, consumará en su Sangre la obra redentora. (Cf. Rom. V-9; III- 21-26; HEBR. XII-12).

La solución dictada por el mismo Dios es la Encarnación del Verbo por la cual sería hombre perfecto para merecer, sin dejar de ser perfecto Dios, para que esos méritos fueran infinitos. Y el Verbo se encarnaría para enseñar la verdadera Sabiduría al hombre engañado por los falsos resplandores de Satanás, y porque había de ser restaurada la creación conforme su causa ejemplar que es el Verbo, y al hombre haría partícipe por adopción de la Filiación que El tiene por naturaleza, y de la herencia eterna que a El le corresponde por derecho propio.

Bien hubiera podido el Señor señalar otros medios: en todos hubiera resplandecido su misericordia y el Verbo quedado como Intercesor. Pero en el Decreto de la Encarnación del Verbo se pone de manifiesto el infinito amor de Dios a los hombres: por amor, el Padre envía su Hijo al mundo (Cf. Jn. III-16); por amor, el Espíritu Santo realiza el milagro de la concepción virginal (cf. Luc. I-35); por amor – redunda el decirlo-, el Verbo asume naturaleza humana en el seno de la Santísima Virgen a fin de morir por nuestro amor (Cf. Hebr. X -5-7; Ps. XXXIX -7-9; Gál. II- 20).

De este plan redentor fraguado en los divinos arcanos, parte la revelación más sorprendente en inefable síntesis: un contraste inconcebible para la mente humana y posible sólo en la mente y omnipotencia de Dios:
Contempla San Juan la gloria eterna y la divinidad del Verbo: Engendrado y consubstancial en operación inmanente intratrinitaria:

“En el principio era el Verbo,
y el Verbo era cabe Dios,
         y el Verbo era Dios…” (Jn. I-1)

Y tras haberlo presentado en sus operaciones ad extra como Creador y vivificador de cuanto existe, da un vuelco a esta sublime descripción para aturdir hasta el vértigo nuestra captación humana, con esta revelación tan inaudita como inspirada.

“…Y el Verbo se hizo carne”,
con una finalidad:
“… y habitó entre nosotros,…”
sin perder su Ser Divino y original:
“…y vimos su gloria,
gloria cual del Unigénito del Padre,

pleno de Gracia y de Verdad”.(Jn. I-14).

martes, 8 de diciembre de 2015

Jesucristo es Dios (cont.)




2.- EL PROBLEMA:

¿Porqué y cómo realizó el Verbo la Redención del hombre?

A.-  Porque el pecado de Adán ofendió gravísimamente a la Santísima Majestad del Altísimo, deturpó la Imagen que El le imprimiera y borró su semejanza: el alma quedó deformada y destituida de la gracia Santificante. La Redención tendría por finalidad desagraviar y satisfacer a la Justicia Divina, restaurar la Imagen de Dios en el hombre y devolverle la Gracia que había poseído al ser creado “en justicia y santidad de verdad” (Cf. Ef. IV-24).

El redimir al hombre implicaría, pues:

a)     Satisfacer la Justicia quebrantada por el pecado, la cual es infinita en Dios y se proyecta en el hombre finito; pero en el caso de la desobediencia de la creatura, lesiona de modo proporcionalmente infinito los derechos de Dios.
b)    Desagraviar a la Majestad de Dios, que ha sido ofendida por las pretensiones inducidas por el Demonio a Eva y  a Adán: “Seréis como Dios…” (Gén. III-5).
c)     Restaurar el Orden Sobrenatural establecido por Dios para bien de su creatura racional, en analogía con su Santidad; mismo que la rebelión del hombre había destruido haciéndole enemigo suyo. (Cf. Rom. V-10).

  B.-  El cómo de la Redención se remonta hasta el momento mismo de
                    la sentencia que Dios dictó contra el hombre: en ese mismo
                    instante tuvo Dios misericordia de su creatura caída y le prometió
                    un Redentor, diciendo a la Serpiente y en ella al Demonio: 

                   “… Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu descendencia
                   y la suya; la cual quebrantará tu cabeza y tú acecharás su calcañar”


                                                                                                        (Gén. III-15).


Conforme a este texto, príncipe y fundamental, eje de toda la Escritura, ha de haber un enfrentamiento entre la Serpiente (o Satanás, Cf. Apoc. XII-9) y su descendencia de pecado que envuelve a todos sus secuaces, que son primeramente los Ángeles caídos, contra la mujer ahí presente, madre de todos los vivientes, de la Humanidad, y contra AQUEL que en Sí recapitula a toda esa descendencia o humanidad: “el Hijo del hombre”, el Redentor. (Cf. Gál. III-16).

Y es digna de notarse la relación o nexo que tiene con “la Mujer” el Protagonista de esta lucha: ha de ser descendiente suyo: luego tiene que ser humano, puesto que en la lucha habrá de sufrir la mordedura de la Serpiente: pagará con su vida la redención de la humanidad.

Ahora bien, ¿un descendiente de aquella Mujer que cayó ante la tentación de la Serpiente, tendrá fuerza y poder suficiente para redimir a la humanidad? ¿Podrá dar satisfacción cumplida a la infinita Majestad de Dios)


No hay en toda la creación nada ni nadie que pueda cumplir tan sublime como delicada misión: ni las creaturas inertes ni las irracionales pueden ser víctimas agradables; ni siquiera los hombres ni aún los Ángeles. Porque ninguno, por consciente, racional y encumbrado que sea, puede tener los méritos infinitos que se requieren para restaurar el Orden Sobrenatural de la Gracia, que es la gratuita participación de la Naturaleza Divina. (Cf. II Petr. I-4)


lunes, 7 de diciembre de 2015

Jesucristo es Dios(inicio)




JESUCRISTO ES DIOS

Por el P. Manuel Robledo, E.D.

                                               PROLOGO

En el folleto que intitulamos “CREO EN LA SANTISIMA TRINIDAD”, respondimos a las blasfemias con que la secta de los “Testigos de Jehová” pretende negar este Divino Misterio. En el presente nos dedicaremos a responder a las consecuencias que se seguirán de la negación de este Dogma; esto es: la negación absoluta de la Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, que sobre esa base falsa propalan dichos sectarios. A este fin deseamos que en todo este escrito se halle una radical afirmación: “JESUCRISTO ES DIOS”.

Los Testigos de Jehová atacan ambos Misterios con una negación recíproca: puesto que no hay Trinidad, no pudo haberse encarnado un Verbo no existente; y viceversa: si Cristo no es Dios, no hay tal Persona Divina Encarnada: luego no existe la Trinidad. Este es el meollo de su herética argumentación.

En esta refutación no espere el lector un tratado exhaustivo. Saludaremos , apenas y de lejos, lo que la Sagrada Escritura y la Teología Católica enseñan sobre el Verbo Encarnado; sin embargo, nos esforzaremos por consignar y explicar los puntos fundamentales y, consiguientemente, por responder las blasfemas negaciones de los sectarios.
                                                                                                              El Autor


PRIMERA PARTE


EL MISTERIO DE LA ENCARNACION

  EN LOS DATOS DE LA REVELACION Y

                                     EN EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA

1.- NEXO:

Probada ya la existencia de la Santísima Trinidad: Padre, Verbo, Espíritu, tres Personas distintas y consubstanciales, fijemos ahora nuestra mente y atención en el Verbo, pues El ha querido tener con nosotros una relación preferencial y exclusiva:

a a)  Origen del Verbo.- Eternamente engendrado por el Padre mediante su Entendimiento en operación inmanente de entenderse a Sí mismo con intelección divina, y por ende substancial en la naturaleza divina: Persona en sentido teológico. Es, con toda verdad y propiedad, Hijo Eterno del Eterno Padre.

   b)   Operación ad extra.- Las Tres Divinas Personas ejercen operaciones conjuntas al exterior de la Esencia Divina, que se llaman transeúntes o “ad extra”. Estas son propias o apropiadas. Y así, El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo crean el mundo con operación ad extra propia y común a las Tres: pero la teología apropia la Creación al Padre por ser Origen y Poder. Al Espíritu Santo se le apropian las obras de la Gracia por ser El, Término de Amor.

Sin embargo, aunque la Redención del género humano es obra ad extra común a las Tres Divinas Personas, la Encarnación con todos sus consectarios es propia y exclusiva del Verbo.

Nos ha sido revelado que Dios Padre determinó dar al mundo su Unigénito para salvarlo (Jn. III-16-17) y que el Espíritu Santo obró el milagro de la concepción del Verbo Encarnado (Luc. I-35), influyó en la actuación del Redentor (Luc. IV-1) y consolidó a la Iglesia Act. II-2). Pero la Encarnación se revela como obra ad extra del Hijo (Jn. I-14).

En este se4ntido, el Celebrante, mirando piadosamente a la Hostia Consagrada, recita esta oración en el Canon de la Misa: “Señor Jesucristo Hijo de Dios Vivo, que por voluntad del Padre y cooperando el Espíritu Santo vivificaste al mundo con Tu muerte…”


Mirando, pues, al Verbo, es propia y exclusiva suya la obra ad extra de la Encarnación y su actuación personal en la Redención de la Humanidad.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(fin)




No tiene ni la sombra de esta gloria esa organización de origen protestante en lo religioso y de origen mercantil en lo social, cuya fundación se inicia hace poco más de un siglo y cuyo fundador, Charles Taze Russell, comerciante de oficio, se metió a “teólogo”, y por buscar el tema que más impresionara a su clientela (el fin del mundo), incursionó por cuenta propia en la profecía, ganándose el nada envidiable galardón de “falso profeta”.

Su Sucesor, Joseph F. Rutherford, utilizando la organización de Russell, se lazó rabiosamente contra la Iglesia y dio a la Secta un carácter anticatólico. Las negaciones de la Santísima Trinidad comenzaron a partir de Rutherford; y el Sucesor de éste, Natan Hommer Knorr, ordenó la infame “traducción” de su “Biblia”. Ambos son también, “falsos profetas”.

Pregunto al sentido común de los hombres honrados: 

¿A quién daréis vuestro asentimiento?

¿A Jesucristo Hijo de Dios, Camino, Verdad y Vida (Jn. XIV-6); o a la impía pandilla formada por Míster Charles Taze Russell, Míster Joseph F. Rutherford y Míster Natan Hommer Knorr?

¿A la Iglesia Católica, “columna y fundamento de la verdad” (I Tim. III-15); o a la tenebrosa descendencia de esos impíos comerciantes, que conforman la Secta de los “Testigos de Jehová”?


Conclusión


Oh Dios, que en tu designio misericordioso de acercarte al hombre, creatura tuya, te has dignado revelarle la existencia de tu Misterio Trinitario: yo te confieso con toda tu Iglesia Católica, Uno en Esencia y Trino en Personas.

He sido bautizado en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y Tú has sellado mi alma con este carácter trinitario.

Concede a quienes, aunque indignos, hemos sido iluminados con la fe de este Misterio, perseverar en su profesión hasta la muerte y gozar de su contemplación en la Eterna Bienaventuranza.

Te pido por todos aquellos que, lejos de la Casa Paterna, han sido bautizados en tu Nombre: que en virtud de tu Unidad Trinitaria vuelvan al único redil y sean con nosotros un solo rebaño bajo el mismo Pastor.

Perdona a quienes, seducidos por blasfemias acechanzas, han apostatado de su fe trinitaria y renegado de su Bautismo. Devuélveles la Fe que por su apostasía han perdido.

Aparta del camino de las almas a aquellos que sirviendo voluntariamente de instrumento a Satanás, organizan y promueven esa apostasía. Confunde sus designios; reprime sus blasfemias.

Que todos los hombres, elevando sus manos hacia tu Divino Misterio, te aclamen y canten.


OMNIPOTENCIA DEL PADRE, AYUDA MI FRAGILIDAD Y SÁCAME DE LO PROFUNDO DE MI MISERIA.

SABIDURÍA DEL HIJO, DIRIGE TODOS MIS PENSAMIENTOS, PALABRAS Y ACCIONES.

AMOR DEL ESPÍRITU SANTO, SÉ EL PRINCIPIO DE TODAS LAS OPERACIONES DE MI ALMA, PARA QUE CONTINUAMENTE SEAN CONFORMES AL DIVINO BENEPLÁCITO.

SANTO, SANTO, SANTO ES EL SEÑOR DIOS DE LOS EJÉRCITOS. LLENOS ESTAN LOS CIELOS Y LA TIERRA DE LA MAJESTAD DE TU GLORIA.

GLORIA AL PADRE,

GLORIA AL HIJO,


GLORIA AL ESPÍRITU SANTO. 


Creo en la

martes, 1 de diciembre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(cont.)




Si los “Testigos” conservan todavía un ápice de sentido común, no podrán negar la existencia del Misterio de la Santísima Trinidad ante la enorme lista de textos escriturísticos que hemos aducido en este folleto. Se convencerán que sus dirigentes los han engañado. No podrán vomitar su ponzoña contra la divinidad de Jesucristo ni contra la Personalidad del Espíritu Santo. En los Textos aducidos tienen una amplia respuesta. Son textos genuinos, libres de adulteración, no como los de su sacrílega “Traducción del nuevo Mundo”. Que pidan a Dios les devuelva la fe y se abrirán sus ojos. Que oigan a la Iglesia y lucirá la verdad en sus entendimientos.



La fe del Carbonero


Llamase así con gracioso epíteto, a la fe sencilla del pueblo, que no está obligado a especular entre las sutilezas de los teólogos. Pero esta fe es decisiva, porque encierra el “sensus fidei” o “sentido de la fe” que pervade a toda la Cristiandad en fuerza de la fe sobrenatural que le fue infundida en el Bautismo.

¿Y qué dice el sentido de la fe cristiana?

a) Que las pruebas bíblicas en favor del Misterio de la Santísima Trinidad son claras y abrumadoras.

b) Que entre dos autoridades que testifican: una antigua y tradicional, y la otra novísima y revolucionaria, es más seguro asentir al testimonio de la autoridad antigua y tradicional y debe ser rechazada como escandalosa y temeraria la que de último momento se presenta improvisando aseveraciones que contrastan con la doctrina de tantos siglos recibida en todo el universo.

La Iglesia Católica tiene veinte siglos de enseñar Dogma, Moral y Culto, no por sí misma, sino por mandato de Cristo, basada en la Revelación y gozando del carisma de la Infalibilidad.


De labios de su Divino Fundador, Jesucristo, recibió este Santísimo Misterio, y así lo ha trasmitido. Ha sostenido luchas seculares contra los sistemas heréticos que lo han atacado, y siempre lo ha conservado incólume, salvándolo y presentándolo ante el mundo con mayor firmeza y claridad. Los Santos Padres, varones de admirable sabiduría y santidad, lo han defendido impertérritos hasta con su vida.