martes, 6 de octubre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(cont.)




¿Cuándo o desde cuándo? "En el principio", responde San Juan (Ib): esto es: desde la eternidad sin principio, sin duración, sin término. Si Moisés comienza la narración de la creación con la palabra "principio", señala el punto de partida de la duración y el tiempo: mas cuando San Juan habla del "principio" señalando una operación inmanente de Dios, se pierde en la inconmensurable eternidad, pues en Dios y en Sí mismo todo es eterno. "Principio" en San Juan significa, para el modo humano de expresarse, el inicio de la generación del Verbo, que es inicio sin inicio y principio sin principio: es eterna. 

Por esta eternidad, por esta infinitud, por esta perfección, por este origen divino, concluye el mismo Apóstol: "Y el Verbo era Dios" (lb).

"Esto era en el principio en Dios" (apud Deum). Como si proclamara: Se manifiesta la existencia de un Misterio en la Esencia Divina: hay una eterna generación: el mismo Dios genera por vía de entendimiento su "Lagos", y este Lagos es igual al que lo engendra; y siendo distintos en cuanto que el Uno es improcedente y el Otro procedente, son el Mismo por la Unidad de Esencia.

El Verbo, que es la Idea Substancial, Persona Divina igual en todo al Padre, contempla al Padre y es contemplado por el Padre. Ambos Entendimientos Divinos quedan mutuamente absortos y plenos en la mutua contemplación eterna.

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Pero hemos dicho que Dios es infinitamente Amable y capaz de Amor infinito, en fuerza de su divina voluntad.


Siendo el Padre Bien Sumo, atrae la voluntad del Hijo y es atraído por el Bien Sumo que es el Hijo. Padre e Hijo, amándose mutuamente, dirigen su infinita voluntad a Sí mismos con amor infinito y eterno. De esta tendencia recíproca surge una espiración que anhela la plenitud del Bien Infinito que Padre e Hijo contienen. Y esta espiración, este acto de voluntades es purísimo Amor; Amor de tal manera perfecto, que resulta substancial e igual al Padre y al Hijo. Y esto substancial por espiración, es el Espíritu Santo. 

viernes, 2 de octubre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(cont.)



La misma contemplación penetrando más a fondo
Sin salir del conocimiento analógico, pues nuestro humano entendimiento no puede ascender a lo sobrenatural sin la ayuda de la analogía, podemos penetrar más a fondo en la contemplación de la Santísima Trinidad inquiriendo el Origen de cada Una de las Divinas Personas, esto es, su Procedencia.

Por ser Dios perfectísimo en su propia esencia, es infinito en todo su Ser y Operar. (Cf. Rom. Xl-33).

Dios es el Ser esencialmente viviente, y su Vida se expresa en sus actos inmanentes: Él es infinitamente inteligente e infinitamente amante.

Inteligencia y Voluntad Divinas tienen su objeto adecuado. El objeto perfecto para el Entendimiento Divino es la Verdad Absoluta: la Esencia Divina. Y el objeto adecuado para la voluntad divina es el Bien Sumo: Dios mismo.

En cuanto al Entendimiento Divino, sólo puede ser pleno y perfecto su entender cuando contempla lo único que puede saciar su tendencia a la Verdad Absoluta, y es el mismo Dios, la Esencia Divina. Así pues, Dios se conoce a Sí mismo con conocimiento infinito y eternamente perfecto.

La Inteligencia Divina, al contemplar la Divina Esencia, abstrae la misma Esencia y genera una Idea de Sí mismo, con tal perfección, que es igual al que la abstrae e idéntico en Esencia; pero Distinto en la relación que de esta operación inmanente surge: la filiación con respecto a la Paternidad que la origina. Y así, declara el Credo: "Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero".

Esta Idea Subsistente es el Logos o Verbo que San Juan contempla al contemplar a Dios en Dios: "En el principio era el Verbo" (Jn. 1- 1).


Y así como la idea que abstrae nuestro entendimiento surge en el entendimiento y en él permanece, siendo el término de su actividad y la razón de ser de su dinamismo: así también el Verbo permanece en Dios, pues tanto la inteligencia como la intelectibilidad de Dios son de Dios, están en Dios, operan en Dios, tienen por objeto a Dios y en Dios se realizan: son inmanentes. Por eso dice San luan: "Y el Verbo era cabe Dios ". "Cabe", que significa en Dios, con Dios, frente a Dios, ante Dios, pero en el mismo Dios, en el seno de Dios, en su Ser. (Cf Jn. I - 18; III - 13)


jueves, 1 de octubre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(cont.)



Partiendo de estas bases, consideramos a Dios que, al contemplarse a Sí mismo con el acto absolutamente inmaterial de su Entendimiento, abstrae su propia Esencia; y esta abstracción es tan perfecta, que es subsistente, esto es, identificada con la Divina Esencia. Al llamarle San Juan "Logos", "Idea", sabemos que procede por vía de Entendimiento, y al llamarle "Dios", conocemos la expresada subsistencia. (Cf. Jn. I-1).

De todo esto sabemos que el Ser que a Sí mismo se contempla en su propia Esencia, establece una relación con la Idea contemplada; y según los Nombres revelados: Padre e Hijo, esa relación es la de Paternidad con su correlativa e indispensable Filiación.

Siendo esto así, se ha realizado desde la eternidad una generación verdadera, inmaterial, perfectísima, ya que la Perfección que se contempla es la Vida, y el contemplarse es acto vital; y la Perfección abstraída es la Vida en su eterna plenitud, pues es acto purísimo sin el tránsito de la potencia. Es, realmente, una generación pues engendrar es producir un viviente de otro viviente en comunicación de la propia naturaleza, y Cristo ha revelado: "... el padre es viviente Y Yo vivo por el Padre..." (Jn VI-58) Y en otro lugar: "la vida se ha manifestado y la hemos visto y damos testimonio, y os anunciamos la vida eterna, la que estaba cabe el Padre y se manifestó a nosotros... "(I Jn. 1-2).

 Y en cuanto a la voluntad de Padre e Hijo, tiende al objeto adecuado, que es la Bondad infinita del Padre y la infinita Bondad del Hijo: Ambos tienden hacia Sí recíprocamente con acto de voluntad conjunto, tan perfecto, que el Amor espirado que de Padre e Hijo procede, es subsistente, esto es, identificado con la Esencia Divina, y se establece entre este Amor subsistente con el Padre y el Hijo, la relación de espiración, activa en Estos, pasiva en Aquel. Por proceder del Infinito Impulso o deseo, anhelo o movimiento hacia el bien, todo lo cual se cifra en la palabra "espiración". Por esto se llama Espíritu, y se llama "Santo" porque es esencialmente divino.

La Unidad de Dios no se ha destruido, porque El que engendra y El Engendrado, y Estos que espiran y el Espirado, tienen la misma substancia o Esencia que es la Divinidad en Sí. 

Y de aquí surgen las fórmulas teológicas: Padre, Hijo y Espíritu Santo son Consubstanciales entre Sí; es decir, tienen la misma y única Substancia Divina; coesenciales, porque tienen la misma y única Esencia Divina, no compartida, sino total y plena para Cada una de las Tres, ya que en Dios, el Ser; el Entender y el Amar, se identifican con la misma Esencia. (Cf. Sto. Tomás).


En esto estriba el que, siendo Distintas las Personas entre Sí, por sus relaciones reales de Paternidad, Filiación y Espiración, y Dios cada Una de Ellas, no sean tres Dioses, sino un solo Dios: porque tienen el mismo Ser y Naturaleza Divina. Y en esto consiste la gran diferencia con la persona humana o la angélica: en que en la humanidad o en el orden angélico, cada persona tiene su propia y distinta substancia, muchas substancias para muchas personas. En Dios no es así: en Dios, una sola Substancia Divina para, de y en Tres Personas distintas.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(cont.)



Cómo se compaginan estos enunciados

De nuestra alma, creada a Imagen y semejanza de Dios, podemos partir para entender, por analogía, estos enunciados.

Nuestra alma es consciente de su ser: toda ella lo entiende, toda ella lo ama. Pero es una sola alma.

Y aunque toda entera está consciente de su propia existencia, toda ella se entiende y comprende, toda ella se ama y se goza: no son tres almas, sino una sola, que en su totalidad ejerce tres funciones plenarias y exhaustivas: conciencia, entendimiento y voluntad.

Dios, que es Divino Ejemplar cuya esencia reflejó en nuestra alma, es, antes que todo y sobre todo, Ser consciente de Sí mismo, inteligente y volitivo: consciente de su propia existencia y operaciones, inteligente para entender su único objeto adecuado que es su propia esencia, y volitivo para amar la Bondad absoluta que es Él mismo.


...Y aquí tenemos a Dios Consigo Mismo, cuyas operaciones inmanentes son desde la eternidad y serán por la eternidad... 

martes, 29 de septiembre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(con.)


De esta Revelación, la Iglesia nos presenta dogmas fundamentales, básicamente el Dogma de, la Santísima Trinidad: Dios es Uno, Dios es Padre, Dios es Hijo, Dios es Espíritu Santo. Mismo Dogma que Nuestro Señor Jesucristo sintetiza al revelarnos esta fórmula: "En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

De aquí se explica la razón de mi existencia: el Padre me creó; el cómo de mi rescate: el Hijo me redimió, y el porqué de mi vocación a la Bienaventuranza: el Espíritu Santo me santificó.

Dios no es un frío concepto fruto de la especulación; ni tampoco un Ser existente en su propia grandeza, que mientras más crece a mi consideración más me empequeñece. No.

Dios es la vida misma y fuente de la vida, un Ser Personal y consciente que creó al hombre a su Imagen y semejanza para relacionarse con él mediante el Amor, la Conversación y la Comunión: Amor de Padre a Hijo, Conversación de Redentor y Amigo, Comunión de fusión eterna... Tres relaciones conmigo que me ligan a un profundo misterio que el mismo Dios me ha revelado poco a poco: el Misterio de la Santísima Trinidad.

a) Se revela como Dios: "Yo soy el primero y el último; fuera de mi no hay ningún dios." (Is. XLIV-6).

b) Se revela como Dios Uno: "Porque hay un solo Dios..." (I Tim. II-S).

c) Se revela como Dios Trino: "Santo, Santo, Santo es Yahvéh Sebaot" (Is. VI3 )

d) Se revela como Padre: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra" (Mth. XI-25).

e) Se revela como Hijo: "El Unigénito Hijo, que está en el regazo del Padre mirándole cara a cara..." (Jn. I-18).

f) Se revela como Espíritu Santo: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra... " (Luc. I-35).

g) Se revela como Uno en esencia y Trino en Personas: "... en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mth. XXVlII-19).

Ahora bien: Si la Escritura es una sola y uno solo su Autor, no hay en Ella contradicción. Y si en diferentes pasajes ha sido revelada la Unidad de Dios, ¿por qué la misma Escritura revela con esta unidad divina su Ser de Padre, su Ser de Hijo, su Ser de Espíritu Santo, y sin romper su Unidad, revela atributos aplicados por igual al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo? ¿Por qué revela operaciones personales atribuíbles al Padre, o al Hijo, o al Espíritu Santo?


Entra aquí el Magisterio de la Iglesia para asistir a la Teología y definimos: que el Padre es Dios, que el Hijo es Dios, que el Espíritu Santo es Dios, y que Dios es Uno en esencia y Trino en Personas.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(cont.)



Tenemos así tres puntos de referencia: la razón elevada por la Gracia, la Revelación y la garantía del Magisterio de la Iglesia. En todo lo cual se aplica nuestro entendimiento, se ejercita nuestra voluntad y, quedando en perfecta libertad, adquirimos la certeza de la fe, con el mérito de haber aceptado el testimonio veraz del Magisterio.

Porque en la revelación de los grandes Dogmas, no procede el Señor como con las gracias actuales. En éstas se dirige directamente a cada hombre para alumbrarle la senda del bien y fortalecerle en el camino; pero en la revelación de los Dogmas conduce a los hombres a las fuentes y les da a beber. Estas fuentes son: la Revelación, general para toda la humanidad, y la Iglesia, en la cual ha depositado la Revelación y a quien ha constituido "columna y fundamento de la verdad" (I Tim. III - 15) para garantía y apoyo inmediato en nuestro peregrinar hacia Dios.

Por la Revelación, Dios nos ha comunicado:

a) Su propia existencia: "Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob" (Ex. III- 6);

b) Su íntima y profunda razón de ser: "Yo soy el que soy" (Ex. III-14);

c) Su relación paternal para con sus creaturas: "He contemplado la aflicción de mi pueblo... he oído su clamor" (Ex. III-7);

d) Su plan salvífico: "(Dios... quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad" (I Tim. II-4);

e) La elevación del hombre al orden sobrenatural: "... dioles potestad de ser Hijos-de Dios" (Jn. I-12);


f) La glorificación del hombre: "Venid vosotros los benditos de mi Padre, entrad en posesión del Reino que os está preparado desde la creación del mundo"(Mth. XXV-34).

martes, 22 de septiembre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(cont.)



La participación de la Naturaleza Divina comienza aquí en la vida terrenal del hombre bautizado, pero tendrá realidad completa en la Bienaventuranza eterna. Sea aquí o sea allá, la distancia que hay entre Dios y nosotros es infinita. Pero la diferencia de nuestra parte es que en el Cielo le contemplaremos "cara a cara", en tanto que aquí le vemos como en espejo. (Cf. I Coro XIII-12). En el Cielo la comunicación será directa aunque no exhaustiva; en la vida mortal, Dios salva esa: comunicación acomodándose a nuestra capacidad de conocer, entender, amar y gozar.

Bajo estas premisas, se ha dignado revelársenos en Sí mismo y en sus atributos; para que conozcamos con certeza su existencia y sepamos con evidencia que es infinito en toda perfección y Causa Primera de todo cuanto existe.

Esta es la razón de ser de la Divina Revelación.

Pero el modo con que ha revelado ha sido por imágenes proporcionadas a nuestro modo de conocer y a las relaciones de nuestro conocimiento con el orden creado.

Queda así lo Divino en Sí mismo, en su propia luminosidad. Mas al pasar a nosotros, pasa con cierta obscuridad divina; porque; aun elevados al orden sobrenatural, sólo captamos lo divino hasta los límites que alcanza la creatura.  


Y vamos más allá. Dios usa para con nosotros una pedagogía adecuada a nuestro modo de conocer: nos va educando, instruyendo, llamando sin forzar nuestra libertad, ni aturdir nuestra atención, ni deslumbrar nuestro entendimiento. Y como nuestro conocimiento es por testimonios de los sentidos o de testigos, establece a la Iglesia y su Magisterio, en quien deposita su Revelación y a la que hace garante de la verdad.