martes, 16 de febrero de 2016

Jesucristo es Dios II (inicio)





MÁS PRUEBAS DEL MISTERIO DEL VERBO ENCARNAD

1.- EN SUMA, ¿QUIEN ES JESUCRISTO?

a) La Confesión de San Pedro

En las fértiles regiones de Cesárea de Filipo, al Norte del Mar de Tiberíades, acaeció en el seno de la Comunidad Apostólica un hecho importantísimo para la vida de Cristo, de los Apóstoles y de la Iglesia. San mateo nos lo relata en el siguiente pasaje:
“Cuando llegó Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntaba a sus Discípulos, diciendo: - ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo de hombre? Ellos dijeron: - Unos, que Juan el Bautista, otros que Elías, otros diferentes que Jeremías, o uno de los profetas. Díceles: - Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Simón Pedro, dijo: - Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios viviente. Respondiendo Jesús, le dijo: - Bienaventurado eres, Simón Bar Jona, pues no es la carne y sangre quien te los reveló, sino mi Padre, que está en los cielos. . .” (Mth. XVI – 13-17).

La trascendencia de la pregunta de Jesús es decisiva: se trata de inquirir la idea que de su personalidad se ha generado en los discípulos tras haber presenciado sus obras y haber escuchado sus palabras y rumiado sus enseñanzas.

La respuesta de la Comunidad Apostólica es vaga: nadie emite juicio propio: todos se limitan a transmitir los díceres da la gente. Esta reunión podría compararse a un Concilio, en el que se emiten y estudian diferentes opiniones mientras no surge la definición dogmática.

Por fin, una luz venida de lo alto, un impulso sobrenatural pone fin a las divagaciones. Pedro, el impetuoso Pedro, irrumpe con voz clara y poderosa: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios viviente”.

La respuesta de San Pedro es jubilosamente celebrada por Jesús, quien declara:

a) No es la carne ni la sangre, esto es, no es la naturaleza humana con su temperamento, pasiones y equivocaciones, la que le ha iluminado;

b) Sino el mismo Dios, el mismo Padre Celestial quien ha revelado al Príncipe de los Apóstoles esa verdadera definición “ex Cathedra”;

c) La cual, por venir de la Verdad Eterna, no queda expuesta a discusión;

d) Y le declara, a su vez, “bienaventurado”, por ser el primer hombre que recibe que recibe el inmenso privilegio de declarar infaliblemente la divinidad de Jesucristo.  




     

lunes, 8 de febrero de 2016

Jesucristo es Dios(fin)




- CONCLUSION –

11.- PLENUM GRATIAE ET VERITATIS

Los Apóstoles, Testigos de Jesucristo (Cf. Act. I - 8). Vieron su Gloria: aquella Gloria de la que habla El mismo: "Glorifícame Tú, padre, cabe Ti mismo con la gloria que de Ti Yo tenía antes que el mundo fuese" (Jn. XVII - 5). Es la Gloria que corresponde eternamente al Unigénito del Padre. "En el Verbo Encarnado está presente la Gloria de Dios como en otro tiempo en el Tabernáculo y en el Templo" (Raurell, Encicl. Bíblica).

Y le contemplaron "Pleno de Gracia y de Verdad".

"Pleno de Gracia": En el orden de la Unión Hipostática, esto es la plenitud absoluta de la Gracia Santificante como efecto propio de su Filiación natural. Es, pues, Jesucristo, Hijo de Dios, no adoptivo sino en el Verbo y por la generación del Verbo. Por eso dice de Sí mismo: "a quien el Padre santificó" (Jn. X- 36): se entiende: "aquella Naturaleza Humana a la que por gracia de la Unión Hipostática asumió substancialmente e hizo Suya y es la Persona misma del Verbo.... "

"... y de Verdad". Se entiende que Cristo es la Verdad Absoluta que sólo corresponde a Dios; Verdad concebida en su Entendimiento y subsistente en el Verbo, Verdad e Idea proferida en el tiempo como Palabra Eterna manifestada a los hombres. (Cf. I Jn. I - 1 - 2).

Y que esta manifestación o Teofanía es real y concreta; no ficticia.
De esta plenitud desborda a su Iglesia (gracia capital), y por ésta a la humanidad, tanto de su Gracia Divina como de su Verdad absoluta, "pues de su plenitud todos nosotros hemos recibido gracia por gracia" (Jn. I -16); esto es, gracia del cumplimiento a cambio de la gracia de la promesa; la gracia de la realidad que eclipsa a la gracia de la figura; gracia tras gracia, porque fue quien prometió y cumplió; gracia sobre gracia, porque la gracia de la Redención excede a la gracia de la creación; Gracia única y superabundante, ya que por su Encarnación el mismo Dios en Persona ha obrado nuestra salvación. (Cf Hebr. I - 1).


P. Manuel Robledo G.


viernes, 5 de febrero de 2016

Jesucristo es Dios(cont.)




B.- Especificaciones

Debemos especificar algunos puntos antes de pasar adelante.
Por ser substancias incompletas el cuerpo y el alma, y por ordenarse directa y únicamente a su complemento, la unión de ambos se llama y es substancial.

De esta unión substancial de alma y cuerpo resulta una naturaleza humana y por consiguiente una persona humana. Persona es un incomunicable subsistente en la naturaleza intelectual o racional.

El Cuerpo de Cristo fue milagrosamente formado y su alma creada. El Espíritu Santo no puede ser considerado como Padre de Cristo, porque no engendró, sino que formó y creó, como queda dicho. (Cf Concilio XI de Toledo, año 675, D. B. 282: D.S. 533).

Pero el milagro de esta unión substancial de Alma y Cuerpo de Cristo consistió en que no resultó persona humana. (Cf Ripalda, Catecismo) El hecho de tomar para Sí y unir Consigo esta Alma y Cuerpo de Cristo, se llama Asunción; pues el Verbo es quien se dignó elevar y unir a Sí esta Humanidad milagrosamente concebida. Este elevar hasta unir es "asumir".

La Naturaleza Humana y la Naturaleza Divina son dos esencias realmente distintas, aunque unidas en la Persona Única del Verbo.

A este único ejemplo de unión se llama Unión Hipostática o Personal; porque se hizo en el mismo Supuesto o persona o Hipóstasis del Verbo. Supuesto, Hipóstasis y Persona, según Santo Tomás, significan lo mismo: distinto singular subsistente en la naturaleza racional.

La Unión Hipostática es Personal y Substancial, no accidental; porque en realidad de verdad el Verbo se hizo hombre. Luego Cristo es Dios porque esta gracia de la Unión Hipostática sólo puede realizarla en Si la Persona Divina Asumente.

La gracia de la Unión Hipostática asume toda la Humanidad de Cristo: todo el cuerpo y toda el Alma substancialmente unidos. (Cf Col. II - 9)
Y una vez asumida la Humanidad de Cristo, no puede separarse del Verbo: esa Unión Substancial es de suyo indisoluble: "puesto que permanece eternamente, tiene el Sacerdocio Sempiterno (Hebr. VII - 24). El Sacerdocio de Cristo es oficio del Hombre - Dios, cuyo Reino, además, no tendrá fin (Cf. Luc. I - 32 - 33). Luego la Unión Hipostática es para toda la eternidad.

De este modo, Cristo es Persona Increada por ser increada la Persona Divina del Verbo e increada su Naturaleza Divina. Pero es creada su Naturaleza Humana.

Antes de la Unión Hipostática no existía la Humanidad de Cristo. Esta empezó a existir en el instante mismo de la unión Hipostática. Por eso hemos insistido repitiendo esta frase: "en el mismo instante". Y por "instante" no se entiende ni siquiera un brevísimo punto del tiempo presente, sino el nexo entre el pretérito y el futuro. La Unión Hipostática fue instantánea sin punto ni sucesión, sin "antes" ni  después; fue un acto puro: la Naturaleza Humana de Cristo fue creada en su asunción o asumida en su creación.

Estas últimas palabras nos suministran un argumento decisivo para justificar en teología el reconocimiento que la Iglesia hace de la Maternidad Divina; María es la Theotókos, Deigenitrix, Deípara, Teonantzin o Madre de Dios, pues es el Verbo quien se encarna en sus entrañas y es por Ella dado a luz.

Con estas distinciones nos damos cuenta que se presta a tergiversaciones y hasta a herejías el tratar de Cristo únicamente en cuanto hombre con exclusión absoluta de su Divinidad, y viceversa: tratarlo sólo como Dios, cual si no tuviera naturaleza Humana.


Y también es herejía decir que la Encarnación implica una mutación en Dios Inmutable. No. La esencia divina permanece inmutable, e Inmutable la Santísima Trinidad, cuyos actos eternos e infinitos son esencialmente inmutables. La formación del Cuerpo y la creación del alma de Cristo, esto es, la creación de la naturaleza Humana de Cristo; la Asunción misma y la Unión Substancial con la Persona del Verbo son obras de las Misiones Divinas, son actos ad extra que se realizan en el tiempo ante la infinita serenidad de la eterna inmutabilidad de Quien los realiza. 



miércoles, 3 de febrero de 2016

Jesucristo es Dios(cont.)





A.- Cómo se daría una explicación aproximada

Una explicación más detallada os dará una idea más clara de este Dogma:

a) En el preciso instante de la Encarnación, el Espíritu Santo, milagrosamente y en el Seno de la Virgen, formó un Cuerpo humano, principio somático en su capacidad de desarrollo embrionario.

b) En ese mismo instante, creó un Alma humana.

c) En ese mismo instante, unió substancialmente esa Alma humana con ese Cuerpo humano, por lo cual existe la Naturaleza Humana de Cristo.

d) En ese, mismo instante, impidió milagrosamente que resultara persona humana de esa unión de Cuerpo y Alma humanos. (Impidiendo su modo substancial de subsistencia - Cf Solana, BAC -3 62, pág. 42.- Ripalda, Catecismo, Declaración de los principales Misterios).

e) En ese mismo instante, la Persona Divina del Verbo asume Cuerpo u Alma substancialmente unidos; esto es, asume esa concreta Naturaleza Humana.

f) De donde el Cuerpo y el Alma humanos que aparecen ante nosotros, son realmente humanos; pero la Persona que rige y actúa y vive substancialmente unida a Ellos, es la Persona del Verbo.

g) En virtud de la Asunción de ese Cuerpo y Alma humanos, ha sido unida en la Única Persona Divina del Verbo la naturaleza Humana de Cristo creada en el tiempo, con la Naturaleza Divina del Verbo ya eternamente existente; pero sin confusiones ni mezclas ni fusión alguna.

h) Pero de tal manera es unida, que la Naturaleza Humana es del Verbo igual que la Divina.

i) Y esta unión de naturaleza humana (Cuerpo Y Alma en un solo substancial y sus operaciones propias) con la Naturaleza Divina en la Persona del Verbo, es llamada Hipostática o Personal.


j) De donde el Verbo Eterno, sin cambio ni mutación en su inmanencia intratrinitaria, pero en virtud de esa operación ad extra de la Asunción, es, desde ese preciso instante, el Verbo Encamado: esto es, el Eterno Hijo de Dios hecho hombre en el tiempo e hijo de María, a quien llamamos JESUCRISTO.


lunes, 1 de febrero de 2016

Jesucristo es Dios(cont.)




10.- LA INTERROGANTE Y LA INQUISICION DEL COMO

¿Cómo puede concertarse esta dualidad en unidad y Unidad en dualidad? Sólo por el dogma de la Encarnación, en que resplandece esta única verdad: "El Verbo se hizo carne" (Jn. 1 - 14).

"El Verbo": Unigénito del padre que nos mostró su gracia y su verdad.

"Carne": humanidad tangible- que convivió con nosotros y por nosotros fue sacrificada.

"Se hizo": Asumió y personificó lo nuestro para ser de nosotros y nosotros fuéramos de Él.

La Segunda Persona de la Santísima Trinidad opera ad extra por su propia Naturaleza Divina y opera como propia en su Divina personalidad por la Naturaleza Humana que milagrosamente ha sido concebida y dada a luz por María.

Que la Naturaleza Divina opere ad extra y produzca efectos divinos, es propio de Dios. Pero que la Naturaleza Humana opere y por sus actos sean producidos efectos superiores a su condición humana y sea una sola cosa con la Persona del Verbo: esta es la incógnita cuyo solo planteamiento nos acerca a la solución.

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Tomando en cuenta todos estos datos y reflexiones, la Iglesia Católica siempre ha creído como Dogma de Fe:

a) Que la Segunda persona  de la Santísima Trinidad, esto es, el Verbo Consubstancial al Padre y al Espíritu Santo, sin dejar su propia Personalidad y Naturaleza Divina, asumió la naturaleza Humana que el Espíritu Santo hizo concebir milagrosamente en el Seno Purísimo de María.

b) Que Ambas Naturalezas son perfectas en sí mismas y aunque unidas en la Persona del Verbo, no se mezclan ni confunden: de modo tal que el Verbo actúa o por Una sin abandonar la Otra o por Ambas a la vez, siendo uno solo el sujeto de cada operación: el Verbo.


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viernes, 29 de enero de 2016

Jesucristo es Dios(cont.)




Con impresionante realismo descorre el velo de la Encarnación y nos hace oír al Verbo Encarnado que, "al entrar a este mundo", se ofrece por Víctima Divina orando con las mismas palabras del Salmo Mesiánico: "Sacrificios y ofrendas no quisiste, pero me diste un cuerpo a propósito: holocaustos y  sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: Héme aquí presente. En el pomo del libro está escrito de Mí; quiero hacer, ¡Oh Dios! Tu Voluntad" (Hebr. X - 5 - 7; Ps. XXXIX - 7 - 9).

Es, sobre todo, patético, este pasaje de la pasión: "... en los días de su carne, habiendo ofrecido plegarias y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvar de la muerte, y habiendo sido escuchado por razón de su reverencia; aún con ser Hijo, aprendió de las cosas que padeció lo que era obediencia; y consumado, vino a ser para todos los que le obedecen causa de salud eterna." (Hebr. V-7-9).

A renglón seguido nos revela que Cristo, en cuanto Hombre, posee un Sacerdocio eterno, distinto y superior al Levítico y sólo exclusivo para El, reservado por Aquel que le proclamó: "Hijo mío eres tú, Yo hoy te he engendrado" (Hebr. V - 5; Ps. II - 7); a fin de entrar en el Santuario no hecho por mano humana, ofreciendo al Padre su Sacrificio Redentor por su propia Sangre. (Cf Hebr. V-10; VII-sgs.).

Este es el misterio del hombre - Dios que, sentado a la derecha del Padre, es, en cuanto Hombre, "el Único Mediador entre Dios y los hombres, que se dio a Sí mismo como precio de rescate por todos". (I Tim. II-5-6; Hebr. IX-15).

Nada de esto nos hará tropezar, en la misma piedra en que han tropezado los herejes, escandalizados de la inferioridad de Cristo Dios en cuanto Hombre; antes al contrario, nos llevará a mayor admiración, sabiendo que esta Humanidad que se ve físicamente y padece realmente, no puede ser considerada en aislada subsistencia como sólo hombre, sino que es el mismo Verbo Divino quien asume, y personifica, y actúa, en y por esa Humanidad; quien en el tiempo y la fisiología, en el alma, entendimiento, voluntad y sentimiento, padece  por mí, siendo en Sí un Ser Único: el mismo Verbo Encarnado.


Y así, en cuanto Hombre, es más admirable y amable porque está conmigo y junto a mí sensiblemente, más digno de gratitud, pues sin dejar de ser Dios, quiere igualarse, abajarse a mí y morir por redimirme. Verdaderamente, ¡me amó y por mi amor se entregó a la muerte! (Cf Gál. II - 20).




miércoles, 27 de enero de 2016

Jesucristo es Dios(cont.)



9.- INFERIORIDAD Y SUBORDINACION DE LA NATURALEZA HUMANA

Este es el punto de escándalo de los herejes, y precisamente de donde tropiezan y ponen trampas a los incautos: la inferioridad de Cristo en cuanto Hombre, con respecto al Padre. A estas alturas de la explicación que estamos dando, a nosotros no nos causará extrañeza saber y reconocer:

a).- que la naturaleza Humana de Cristo es creada;

b).- y por lo mismo, es inferior a la Naturaleza Divina, que es increada.

c).- que, en consecuencia, Cristo, en cuanto hombre, está subordinado al padre.

Pero en este estudio hemos aprendido a distinguir con la tradicional fórmula: “en cuanto Dios” y “en cuanto Hombre”.

Por una parte, Cristo afirma: “El padre y Yo somos una misma cosa” (Jn. X – 30). Luego iguales en todo: en divinidad, en eternidad, en omnipotencia, en sabiduría… Habla aquí en cuanto Dios.

Y por otra parte, el mismo Cristo dice: “el Padre es mayor que Yo” (Jn. XVI – 28). Habla en cuanto Hombre.

Ved qué fácil es entender todo el Nuevo Testamento, y con éste el Antiguo: la Biblia entera. Cuantas veces encontremos a Cristo, viviente o profetizado, en actitud o en palabras de igualdad, es presentado en cuanto Dios; pero si es en inferioridad, lo es en cuanto Hombre ¡Es el Verbo mismo que conjuga su sapientísima acción redentora en ejercicio de sus Dos Naturalezas!

Al decir que Cristo se subordina al Padre, decimos que el Verbo Encarnado se subordina al Padre en cuanto que es hombre. ¿No nos ha enseñado san Pablo que, siendo Dios de Sí y no por usurpación, tomó Naturaleza Humana, se anonadó a Sí mismo tomando la forma de siervo y se hizo obediente hasta la Cruz? (Cf. Filip. II – 6 – 8).

Y el mismo Apóstol, escribiendo a los Hebreos, después de haber exaltado al Verbo Encarnado, demostrando con pasajes bíblicos su divinidad, habla de su humanidad reconociendo su inferioridad con respecto al Padre, y aún con respecto a los Ángeles; padecida y gustada su muerte, no sólo para salud del mundo, sino también para su consumación como Redentor (Cf. Hebr. II-910).