martes, 1 de marzo de 2016

Jesucristo es Dios II (cont.)




7º.- El Apocalipsis se abre con pórtico solemne: la Segunda Venida de Nuestro Señor Jesucristo, y, en Aval, el mismo Dios como Alfa y Omega, Señor de los tiempos y de la creación. (Vers. 8).

En este versículo octavo Dios es el que habla: "Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es y el que era, y que viene, el Omnipotente"
(Apoc. I-7- 8).

El título "Primero y Último'" se lo aplica a Sí mismo Jesucristo en I-17. Pero el título completo lo proclama de Sí mismo en XXll-13 para justificar su derecho de juzgar: es una triple afirmación de su Divinidad, y se atribuye personalmente los títulos divinos que antes se había proclamado el Padre en I-8: "Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último el principio y el fin".

Esta identidad de títulos con Dios Padre, no puede conducirnos a otra conclusión que no sea la divinidad de Jesucristo.


8º.- Aunque la presente es una labor gratísima, resultaría interminable si quisiéramos citar y explicar uno a uno los textos en que Jesús demuestra con obras y con palabras su Mesianidad y su Divinidad, y que los judíos más versados en la Ley entendieron estas muestras como inconfundibles afirmaciones de ser El el Hijo de Dios, igual a Dios: "Lo rodearon, pues, los judíos y le decían: ¿Hasta cuándo tendrás en suspenso nuestro espíritu? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente. Respondióles Jesús: Os lo dije y no me creéis. Las, obras que Yo hago en el Nombre de mi Padre, éstas dan testimonio de Mí. Sin embargo, vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas" (Jn. X-24-25). 



lunes, 29 de febrero de 2016

Jesucristo es Dios II (cont.)




6°.- Ni mencionar, pues sería sobreabundar, la Epístola a los hebreos; .en la cual exalta el Apóstol la Divinidad, el Sacrificio Redentor y el triunfo de Nuestro Señor Jesucristo. Bastaría remitirnos a los primeros versículos del primer capítulo para encontrar un rico arsenal de textos escriturísticos que concluyen este Dogma.

Ahí le contemplamos superior a los Patriarcas, Profetas y justos del Antiguo Testamento; Hijo, Heredero directo, Factor de la creación, Consubstancial, poderoso, providente, Redentor, entronizado en la gloria de Dios, superior a los Angeles, poseedor del Nombre – sobre – todo - nombre...

Discurre sobre su superioridad frente a los Angeles exaltando su eterna generación, su Filiación divina, ponderando la sujeción de los Angeles hasta la adoración. El es poseedor de un trono eterno y de una realeza divina, ha sido ungido Cristo - Mesías, vive para siempre y su triunfo es absoluto.

Respecto a la Consubstancialidad, nos complace detenernos, aunque sea brevemente, en estas palabras: "El cual, siendo destello esplendoroso de su Gloria e impronta de su Substancia..." (Hebr. 1-3).

"El cual", Jesucristo, que es la figura temática de esta Epístola.
"Destello esplendoroso de su Gloria..." El mismo resplandor de la Luz, sin el cual no habría Luz, y sin Luz no hay Resplandor; luz y resplandor se convierten, como la reciprocidad de los conceptos Padre-Hijo.

"Impronta de su Substancia". Esto es, la impresión primera, única y exhaustiva de su Esencia Divina, distinta de quien imprime que es el Entendimiento del Padre, pero igual a lo que imprime, que es la Substancia: es, pues, Persona Divina distinta de la Persona del Padre, pero igual en la misma y plenísima Divinidad.


Con estas palabras nos ha dado a conocer el Espíritu Santo el sentido profundo de lo que antes nos había revelado acerca de la Eterna Sabiduría: "Es una exhalación de la potencia de Dios y un limpio efluvio de la. Gloria del Todopoderoso... Porque es irradiación esplendorosa de la Eterna Lumbre y espejo inmaculado de la energía de Dios, y una imagen de su bondad" (Sap.Vll - 25 -26). 



sábado, 27 de febrero de 2016

Jesucristo es Dios II (cont.)




4º.- Cuando trata con los romanos el problema de la participación de los judíos en el Evangelio, menciona las glorias del pueblo elegido y la mayor de todas: el tener como descendencia israelita, según la carne, al Mesías. Nótese que hace distinción de la generación humana, que no sería tan gloriosa a Israel si no fuera por la divinidad de Cristo. Estas son las palabras textuales: "... cuyos son los Patriarcas, y de quienes desciende, según la carne, el Mesías, quien es sobre todas las cosas Dios bendito por los siglos. Amén." (Rom. IX -; Cf. 1 - 5). 

No hay necesidad de comentarios. Esta es, dentro de su contexto, la traducción genuina del original griego; "O ON EPI PANTON THEOS EULOGETOS EIS TOUS AROMAS, AMEN".

5°.- En I Cor. II-6, dice San Pablo: "hablamos de una Sabiduría de Dios, misteriosamente escondida, destinada por Dios antes de todos los siglos para gloria nuestra, y escondida a todos los príncipes de este mundo; pues de haberla conocido, no hubieran crucificado al Señor de la Gloria".


Hemos de notar que en el Antiguo Testamento se habla significativamente de la "gloria de Yahvéh", como ejemplo, en Ex. XI-35; I Reg. VIII-l. Y Yahvéh es el Señor de la Gloria. Al llamar, pues, al Crucificado "Señor de la Gloria", se afirma la identidad del Crucificado con Yahvéh. Luego el Crucificado, Cristo, es Dios.  



viernes, 26 de febrero de 2016

Jesucristo es Dios II (cont.)




3º.- Con otro estilo literario pero igualmente inspirado por el Espíritu Santo, el Apóstol San Pablo exhorta a su discípulo Tito que enseñe a los hombres la vida virtuosa, "aguardando la bienaventurada esperanza y manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo". (Tit. II-13).

El cristiano debe estar en expectación de la Parousía vigilando y orando en virtud y anhelo. Quien vendrá es el Salvador en Persona, Jesucristo Hijo de Dios, el mismo que, siendo Dios, nos ha salvado: "Dios y Salvador nuestro", título que el Apóstol arrebata de la usurpación idolátrica y lo tributa a Aquél a quien pertenece.


Confirma así su exclamación de Filip. II- 11: "Jesucristo es Señor llamado a compartir la gloria de Dios Padre"; y comenta el P. Bover que estas palabras "significan que Cristo es el Yahvéh del Antiguo Testamento que entra en posesión de la gloria, divina al igual que Dios Padre".





jueves, 25 de febrero de 2016

Jesucristo es Dios II (cont.)




2°.- En otro pasaje, dentro de su mentalidad semítica pero divinamente inspirada, y tomando giros poéticos, el mismo Apóstol San. Juan profesa su fe y la de la Iglesia: "Si aceptamos el testimonio de los hombres, / mayor es el testimonio de Dios;/ porque este" es el testimonio de Dios/ por cuanto testificó acerca de su Hijo. / Quien cree en el Hijo de Dios/ tiene el testimonio en sí. / Quien no cree a Dios/ por mentiroso le tiene, / por cuanto no ha creído en el testimonio/ que Dios ha testificado acerca de su Hijo. / Y este es el testimonio:/ que Dios nos dió la Vida Eterna,/ y que esta Vida está en su Hijo. / Quien tiene al Hijo, tiene la Vida./ Quien no tiene al Hijo de Dios, no tiene la Vida". (I Jn. V-9-12).

Al hablar del Hijo de Dios, San Juan habla de la Vida Eterna. Es lo mismo que escribió al inicio de su preciosa Epístola: "Lo que era desde el principio, / lo que hemos oído/ lo que hemos visto con nuestros ojos, / lo que contemplamos y nuestras manos tocaron acerca del Verbo de la Vida, / y la Vida se manifestó y la hemos visto ... / y damos testimonio y os anunciamos la Vida Eterna, / la que estaba cabe el Padre y se manifestó a nosotros ..." (I Jn. I- 1-2).

Este último pasaje es de un paralelo increíble con el prólogo de su Evangelio, en cuyo decurso fluye y baña la Vida Eterna: "En El estaba la Vida" (Jn. I - 3).

Y para sellar esta entrañable Epístola, proclama la divinidad de Cristo: "Sabemos que el Hijo de Dios ha venido / y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero. / y estamos en el Verdadero: / en su Hijo Jesucristo. / Este es el Verdadero Dios y la Vida Eterna". (V-20).


¿Silogismo poético o poema en silogismo? Así escribe San Juan su Teología, que traducimos: Ha venido a nosotros el Verdadero Hijo de Dios y nos ha revelado al Verdadero Dios. Es así que nosotros estamos en el Verdadero, que es Jesucristo Hijo de Dios Verdadero. Luego Jesucristo es el Verdadero Dios y la Vida Eterna.



martes, 23 de febrero de 2016

Jesucristo es Dios II (cont.)




2.- MAS PRUEBAS ESCRITURISTICAS

¡Hijo de Dios! ¡Verbo Encarnado! El es Aquel a quien la Iglesia Católica profesa y proclama ante el Orbe entero: "Dios de Dios, Luz de luz, Dios Verdadero de Dios Verdadero, Engendrado, no creado, Consubstancial al Padre; por Quien todo fue hecho. Que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajo de los cielos. Y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen y se hizo Hombre..." (Credo Nicenoconstantinopo-litano.)

Es innegable la estrechísima relación que existe entre el Verbo Eterno y su Encarnación, y del Encarnado con su Ser Divino. En consecuencia, así como San Pedro en Cesarea, los demás Apóstoles profesaron la Divinidad de Cristo, como a continuación demostramos tomando algunos ejemplos del Nuevo Testamento, con los cuales quedan confirmados los que en el curso de la Primera parte de este escrito hemos citado.

1º .- Jn. XII - 41.- "Esto dijo Isaías cuando vio su Gloria y habló de El".- Texto de capital importancia para conocer la divina consubstancialidad del Verbo Encarnado.

San Juan nos remite al Profeta Isaías a propósito de las palabras que acaba de citar: "Cegó sus ojos y enmudeció su corazón para que no vean con los ojos ni entiendan con el corazón y se vuelvan a Mí y Yo los sane."

Estas palabras citadas al sentido, se encuentran en Isaías VI-10. Las pone el Señor en labios del Profeta cuando ya los ha purificado con una ascua que un Serafín toma del altar. ¿Cuándo? Precisamente cuando contemplaba la Gloria del Señor "...sentado sobre trono elevado y excelso". Los Serafines cantaban a coro diciendo: "Santo, Santo, Santo es Yahvéh Sebaoth: llena está toda la tierra de su gloria".

A esta Gloria, exclusiva de Dios Uno y Trino -Uno por la singularidad del  Señor, y Trino por el Trisagio tributado-, se refiere San Juan cuando dice: "Esto dijo Isaías cuando vio su Gloria". Y añade: "y habló de El", como para  reconocer que por divina inspiración y el mesianismo de sus profecías, reveló a la humanidad que "Uno de la Trinidad" (Sn. Atan.), padeciendo en carne mortal, nos había de redimir.


En pocas palabras, el P. Bover S. J. Comenta: "La sublime visión del Rey divino, Yahvéh de los ejércitos" es la visión de la gloria de Cristo: testimonio de su divinidad".



jueves, 18 de febrero de 2016

Jesucristo es Dios II (cont.)




b) La única respuesta

En el correr de los siglos, la humanidad entera se ha formulado la misma pregunta: ¿Quién es el "Hijo del hombre"? ¿quién es Aquel que cambió el curso de la historia y reina en todo el mundo: o de hecho con un reinado espiritual con base y repercusiones en las estructuras sociales o de derecho por su proyección universal e irresistible atractivo que llega a subyugar las almas y los corazones?

La respuesta ha sido variada conforme la captación de los pueblos sea sincera e ilustrada confesando su origen sobrenatural, sea arrebatadamente terrenal declarándolo como un radical innovador, sea tal vez con epítetos más o menos laudatorios pero intrascendentes... tal vez inspirados por el despecho aunque tengan que decir con Juliano el Apóstata "¡Venciste, Galileo!"

Una sola es la respuesta acertada: la misma que el Padre Celestial reveló al mundo de todas las edades por boca de San Pedro: Jesucristo es el Mesías, que no sólo viene al mundo a cumplir una misión divina, sino que, en su esencia, es el mismo Hijo de Dios.

Y decir "Hijo de Dios" es decir Dios mismo, puesto que Dios es un Misterio inefable: el Misterio de la Santísima Trinidad, en que el Padre es Origen sin origen, el Hijo es Engendrado por el Padre y el Espíritu Santo es de Ambos. Espirado: Tres personas distintas en la sola y única Esencia Divina.


Hijo de Dios viviente o Idea Substancial del Entendimiento Divino, igual en todo al que eternamente lo engendra, y cuya vida divina tiene origen y Ser en el Padre: "Como es fuente de Vida el Padre que me envió, y Yo vivo por el padre...." "Tú eres el Mesías o Enviado, el Hijo de Dios viviente" (Jn. VI-58; Mth. XVI -16).