miércoles, 30 de septiembre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(cont.)



Cómo se compaginan estos enunciados

De nuestra alma, creada a Imagen y semejanza de Dios, podemos partir para entender, por analogía, estos enunciados.

Nuestra alma es consciente de su ser: toda ella lo entiende, toda ella lo ama. Pero es una sola alma.

Y aunque toda entera está consciente de su propia existencia, toda ella se entiende y comprende, toda ella se ama y se goza: no son tres almas, sino una sola, que en su totalidad ejerce tres funciones plenarias y exhaustivas: conciencia, entendimiento y voluntad.

Dios, que es Divino Ejemplar cuya esencia reflejó en nuestra alma, es, antes que todo y sobre todo, Ser consciente de Sí mismo, inteligente y volitivo: consciente de su propia existencia y operaciones, inteligente para entender su único objeto adecuado que es su propia esencia, y volitivo para amar la Bondad absoluta que es Él mismo.


...Y aquí tenemos a Dios Consigo Mismo, cuyas operaciones inmanentes son desde la eternidad y serán por la eternidad... 

martes, 29 de septiembre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(con.)


De esta Revelación, la Iglesia nos presenta dogmas fundamentales, básicamente el Dogma de, la Santísima Trinidad: Dios es Uno, Dios es Padre, Dios es Hijo, Dios es Espíritu Santo. Mismo Dogma que Nuestro Señor Jesucristo sintetiza al revelarnos esta fórmula: "En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

De aquí se explica la razón de mi existencia: el Padre me creó; el cómo de mi rescate: el Hijo me redimió, y el porqué de mi vocación a la Bienaventuranza: el Espíritu Santo me santificó.

Dios no es un frío concepto fruto de la especulación; ni tampoco un Ser existente en su propia grandeza, que mientras más crece a mi consideración más me empequeñece. No.

Dios es la vida misma y fuente de la vida, un Ser Personal y consciente que creó al hombre a su Imagen y semejanza para relacionarse con él mediante el Amor, la Conversación y la Comunión: Amor de Padre a Hijo, Conversación de Redentor y Amigo, Comunión de fusión eterna... Tres relaciones conmigo que me ligan a un profundo misterio que el mismo Dios me ha revelado poco a poco: el Misterio de la Santísima Trinidad.

a) Se revela como Dios: "Yo soy el primero y el último; fuera de mi no hay ningún dios." (Is. XLIV-6).

b) Se revela como Dios Uno: "Porque hay un solo Dios..." (I Tim. II-S).

c) Se revela como Dios Trino: "Santo, Santo, Santo es Yahvéh Sebaot" (Is. VI3 )

d) Se revela como Padre: "Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra" (Mth. XI-25).

e) Se revela como Hijo: "El Unigénito Hijo, que está en el regazo del Padre mirándole cara a cara..." (Jn. I-18).

f) Se revela como Espíritu Santo: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra... " (Luc. I-35).

g) Se revela como Uno en esencia y Trino en Personas: "... en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mth. XXVlII-19).

Ahora bien: Si la Escritura es una sola y uno solo su Autor, no hay en Ella contradicción. Y si en diferentes pasajes ha sido revelada la Unidad de Dios, ¿por qué la misma Escritura revela con esta unidad divina su Ser de Padre, su Ser de Hijo, su Ser de Espíritu Santo, y sin romper su Unidad, revela atributos aplicados por igual al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo? ¿Por qué revela operaciones personales atribuíbles al Padre, o al Hijo, o al Espíritu Santo?


Entra aquí el Magisterio de la Iglesia para asistir a la Teología y definimos: que el Padre es Dios, que el Hijo es Dios, que el Espíritu Santo es Dios, y que Dios es Uno en esencia y Trino en Personas.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(cont.)



Tenemos así tres puntos de referencia: la razón elevada por la Gracia, la Revelación y la garantía del Magisterio de la Iglesia. En todo lo cual se aplica nuestro entendimiento, se ejercita nuestra voluntad y, quedando en perfecta libertad, adquirimos la certeza de la fe, con el mérito de haber aceptado el testimonio veraz del Magisterio.

Porque en la revelación de los grandes Dogmas, no procede el Señor como con las gracias actuales. En éstas se dirige directamente a cada hombre para alumbrarle la senda del bien y fortalecerle en el camino; pero en la revelación de los Dogmas conduce a los hombres a las fuentes y les da a beber. Estas fuentes son: la Revelación, general para toda la humanidad, y la Iglesia, en la cual ha depositado la Revelación y a quien ha constituido "columna y fundamento de la verdad" (I Tim. III - 15) para garantía y apoyo inmediato en nuestro peregrinar hacia Dios.

Por la Revelación, Dios nos ha comunicado:

a) Su propia existencia: "Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob" (Ex. III- 6);

b) Su íntima y profunda razón de ser: "Yo soy el que soy" (Ex. III-14);

c) Su relación paternal para con sus creaturas: "He contemplado la aflicción de mi pueblo... he oído su clamor" (Ex. III-7);

d) Su plan salvífico: "(Dios... quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad" (I Tim. II-4);

e) La elevación del hombre al orden sobrenatural: "... dioles potestad de ser Hijos-de Dios" (Jn. I-12);


f) La glorificación del hombre: "Venid vosotros los benditos de mi Padre, entrad en posesión del Reino que os está preparado desde la creación del mundo"(Mth. XXV-34).

martes, 22 de septiembre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(cont.)



La participación de la Naturaleza Divina comienza aquí en la vida terrenal del hombre bautizado, pero tendrá realidad completa en la Bienaventuranza eterna. Sea aquí o sea allá, la distancia que hay entre Dios y nosotros es infinita. Pero la diferencia de nuestra parte es que en el Cielo le contemplaremos "cara a cara", en tanto que aquí le vemos como en espejo. (Cf. I Coro XIII-12). En el Cielo la comunicación será directa aunque no exhaustiva; en la vida mortal, Dios salva esa: comunicación acomodándose a nuestra capacidad de conocer, entender, amar y gozar.

Bajo estas premisas, se ha dignado revelársenos en Sí mismo y en sus atributos; para que conozcamos con certeza su existencia y sepamos con evidencia que es infinito en toda perfección y Causa Primera de todo cuanto existe.

Esta es la razón de ser de la Divina Revelación.

Pero el modo con que ha revelado ha sido por imágenes proporcionadas a nuestro modo de conocer y a las relaciones de nuestro conocimiento con el orden creado.

Queda así lo Divino en Sí mismo, en su propia luminosidad. Mas al pasar a nosotros, pasa con cierta obscuridad divina; porque; aun elevados al orden sobrenatural, sólo captamos lo divino hasta los límites que alcanza la creatura.  


Y vamos más allá. Dios usa para con nosotros una pedagogía adecuada a nuestro modo de conocer: nos va educando, instruyendo, llamando sin forzar nuestra libertad, ni aturdir nuestra atención, ni deslumbrar nuestro entendimiento. Y como nuestro conocimiento es por testimonios de los sentidos o de testigos, establece a la Iglesia y su Magisterio, en quien deposita su Revelación y a la que hace garante de la verdad. 

lunes, 21 de septiembre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(cont.)



II.- EXISTE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Aunque la materialidad de mis sentidos y la Imperfección y limitación de mis facultades espirituales no trasciendan al orden sobrenatural, no limitaré la eterna infinitud de Dios a mis pobres concepciones haciéndole caer dentro de mi capacidad de percepción y abstracción.

Yo sí estoy limitado. Pero Dios no.

Mas a pesar de que yo no pueda ascender a un orden superior al de mi propia naturaleza, Dios se digna elevarme a lo Sobrenatural y me da capacidad de conocerlo a Él en su íntima formalidad.

Testigo de esto es el Apóstol San Pedro.. que declara que Él nos hace "participantes de la Naturaleza Divina" (II Petr. 1-4). Y con esto nos eleva a la capacidad de conocerle en su intimidad. 

Porque así como en la Naturaleza Divina está el conocerse, amarse y gozarse a Sí el mismo Dios, así también, al participarnos Su Naturaleza, nos comunica la capacidad de conocerle, amarle y gozarle.

Por la frase "partícipes de la Divina Naturaleza" no se entiende una fusión directa o una emanación de la Esencia Divina distribuida entre nosotros; esto sería pensar de modo material: la Esencia Divina no tiene partes ni puede ser fraccionada, ni sale de Sí.

Se entiende de modo analógico; esto es, participación de algo que seda bajó el mismo respecto, pero de diverso modo.

Y así, Dios es El Ser y yo soy ser. Dios es el Ser Absoluto; yo soy ser contingente (igual no necesario). Dios es el Ser por Sí mismo; yo por participación.

De la misma manera puedo afirmar que, si las operaciones de Dios son de Sí y en Sí; esto es: se originan en Dios y en Dios se ejercen y consuman plena e infinitamente, lo cual se llama "operaciones inmanentes"; Él mismo, por su infinita bondad y misericordia, ha querido darnos la misma capacidad de operaciones proporcionalmente adecuadas a nuestro ser, creado y contingente, operaciones que tienen el mismo objeto: conocer, amar y gozar a Dios, en la exigua proporcionalidad de nuestra pequeñez.


Así salva Dios el abismo que existe entre mi nada y su Ser, entre mi contingencia y su absoluta necesariedad de existencia, entre mis carencias naturales y su infinita capacidad de operación y actualización eternamente presente.


jueves, 17 de septiembre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(cont.)


De este modo me reafirma Dios en la realidad de su propia existencia y se digna revelarme la intimidad de su propia Esencia. La existencia de Dios y la intimidad de su Esencia las acepto en virtud de la fe sobrenatural, aunque no lo he visto: "por fe caminamos, no por visión" (II Cor. V-7). Fe que define San Pablo: "Es la fe... argumento de (las cosas) que no se ven" (Hebr. XI. I).

Reconociéndola como "argumento", me enseña que la fe sobrenatural engendra en mí una certeza que llega a la convicción más profunda e inconmovible, así como en el orden de las ideas naturales el argumento genera certidumbre.

Y con esta profunda convicción, creo en Ti, ¡oh Adorable Trinidad!, y te glorifico y bendigo porque te has dignado manifestarte a mí con la fe que Tu misma me infundiste en el Bautismo. Creo que eres un misterio insondable: conozco, tu existencia aunque no pueda yo explicar el porqué ni el cómo, siendo un solo Dios, eres Padre, eres Hijo y eres Espíritu Santo. Conozco que existe este, misterio, aunque por mi pequeñez no conozca como se realiza en, su última y profunda constitución.  

Ni me atrevería a escudriñar tu Majestad porque sería oprimido por tu gloria (Cf. Prov. XXV-27); ni me aventuro a caer en la insensatez dé intentar que en mi mente, limitada por su propia contingencia, cupiera tu inmensidad eterna.

Pero el saber la existencia de este Misterio es ya una dicha inmerecida, y el contemplar su objeto es gozo y paz indescriptible que supera a todo sentido y me transporta al éxtasis.


¡Creo en Ti, oh Dios, Uno en Esencia Trino en Personas!

martes, 15 de septiembre de 2015

Creo en la Santísima Trinidad(cont,)


Para tener la certeza y convicción profunda de la existencia de Dios creador, necesito una fe de orden superior. Y es Dios mismo quien me la infunde y quien me revela lo que debo creer. La fe que Dios me infunde me convence de que Él es infinitamente sabio y veraz, que no puede engañarse ni engañarme, y por esta razón suprema acepto cuanto Él me ha revelado.

Esta fe es sobrenatural, porque me viene de un orden sobre mi propia naturaleza, que es el mismo Dios, y versa sobre objetivos sobrenaturales, que son: el mismo Dos en su existencia, su Ser, sus atributos y su voluntad.

Esta fe sobrenatural me la da Dios. Para recibir esta fe y sin quitarme la libertad, Dios me impulsa con una gracia actual en el momento de serme propuesto por la Iglesia el Mensaje Evangélico y el Bautismo; y por mi correspondencia a esa gracia y haber dado libremente el paso hacia el Bautismo, me hace ser bautizado; y en el Bautismo, junto con la Gracia Santificante, me infunde la fe sobrenatural. Con ésta puedo aceptar las verdades que la Iglesia me propone como reveladas por Dios apoyado en la garantía de la Iglesia y en la autoridad de Dios, que no puede engañarse ni engañarme.

Ahora bien: para ser bautizado, tengo que aceptar una verdad básica, impuesta como imprescindible por el mismo Cristo: el Misterio de la Santísima Trinidad ..

Lo impuso cuando mandó a sus: Apóstoles: "Id, pues, y adoctrinad a todas las gentes, bautizándoles, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todas cuantas cosas os ordené". (Mth. XXVIlI-19-20). Y a tal grado es indispensable prestar fe a este misterio, que el mismo Cristo hace depender de ella la salvación eterna: "EI que creyere y, fuere bautizado, se salvará; pero el que no creyere, será condenado". (Mc.  XVI -16).


Que Cristo existió, es una verdad histórica, suficientemente probada. Que es Dios, lo demostró El mismo con sus hechos y palabras. Por tanto, debo darle fe y aceptar la revelación que hizo sobre el Misterio de la Santísima Trinidad: revelación depositada en la Iglesia, que la garantiza como auténtica. Para esto fui favorecido con la fe sobrenatural: para aceptar, dentro de la Iglesia, las verdades sobrenaturales en reconocimiento al mismo Dios.